Sociohistórica, nº 33, 1er. Semestre de 2014. ISSN 1852-1606
Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.
Centro de Investigaciones Socio Históricas

ARTÍCULOS/ARTICLES

De los conflictos laborales a las huelgas generales. Algunos apuntes para pensar su dinámica 2002-2012 en Argentina

Mariel Payo Esper

Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales
Universidad Nacional de La Plata
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas
Argentina
marielpayoesper@yahoo.com.ar

Resumen
El trabajo reflexiona sobre la relación conflictos laborales-huelgas generales en el período 2002-2012 en Argentina a partir del debate Iñigo Carrera-Adrian Piva sobre la huelga general como indicador de los momentos de ascenso y descenso de la lucha de clases, y vinculando dicha relación con algunas discusiones entre las tesis económicas y políticas del conflicto laboral. Incluye una reconstrucción estadística de la conflictividad laboral con datos del Centro de Estudios Nueva Mayoría, Taller de Estudios Laborales y el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social. Finalmente, reconstruye las huelgas generales a partir de los periódicos Página 12 y La Nación. La relación entre estos tipos de conflicto está históricamente determinada y es por lo tanto, cambiante. En la década se observa desacople mas que coincidencia en ambas protestas, sin embargo, el análisis de las huelgas generales del período cristaliza ciertas transformaciones vividas por el movimiento obrero organizado en nuestro país.

Palabras clave: Conflictividad laboral; Huelgas generales; Tesis sobre el conflicto; Sindicalismo.

From labour disputes to general strikes. Notes for thinking its dinamics 2002-2012 in Argentina

Abstract
This work reflects on the relationship among labour conflict and general strikes in the period 2002-2012 in Argentina. The interest in the problem comes from the Iñigo Carrera- Adrian Piva debate about the general strike as an indicator of the rise and fall times of the class struggle. This paper link this relationship with some discussions between economic and labor policies conflict thesis, includes a statistical reconstruction of industrial disputes with data of Centro de Estudios Nueva Mayoria, Taller de Estudios Laborales and Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social. Finally, reconstructs general strikes from newspaper Pagina 12 and La Nación. The relationship between these types of conflict is historically determined and therefore changeable, but if a decoupling between the two forms of protest is observed more than coincidence, the analysis of the general strikes of the decade crystallized certain transformations experienced by organized labor in Argentina.

Keywords: Labour conflicts; General strikes; Thesis about conflicto; Trade unions.


Introducción

El presente artículo se propone reflexionar sobre la relación conflictos laborales-huelgas generales en el período 2002-2012 en Argentina y vincular esta relación con algunas interpretaciones teóricas locales e internacionales. En un primer momento se intentará un acercamiento de carácter exploratorio a la dinámica de la protesta laboral en estos años a partir de los datos publicados por Centro de Estudios Nueva Mayoría (CENM), Taller de Estudios Laborales (TEL) y el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social (MTSS). Luego se presentan algunas discusiones en torno a las tesis económicas y políticas sobre conflicto laboral y por último se analizan, a partir de las dimensiones propuestas por Iñigo Carrera para pensar las huelgas generales de las décadas del 80 y 90 (Iñigo Carrera 2001, 2010), los 3 paros realizados a Duhalde durante su presidencia interina y los 3 convocados en las administraciones de Kirchner y Fernández de Kirchner. La reconstrucción de las huelgas se hará a partir de los periódicos Página 12 y La Nación.

El interés por la articulación entre las protestas laborales y las huelgas generales, es decir, aquellas convocadas por una o más confederaciones sindicales, es recuperado al calor de un debate entre Nicolás Iñigo Carrera y Adrian Piva reconstruido oportunamente por Agustín Santella (Nuevo Topo nº 8). En una ponencia presentada en 2001, Iñigo Carrera ensaya una periodización de la protesta social para las décadas del 80 y 90 en Argentina utilizando las huelgas generales como indicador. En este esquema, la huelga general es señalada como el mejor indicador de los momentos de ascenso y descenso en la lucha de clases1, en comparación con el número de conflictos parciales.

Para Adrián Piva, mientras en la década del 80 se da una correspondencia entre la convocatoria a huelgas generales y los niveles de conflictividad obrera en las bases, entre 1992 y 1996 los conflictos son netamente defensivos y, desde mediados de los 90, los altos índices de desocupación y subocupación hacen muy difícil una periodización común a toda la clase obrera dada su fragmentación, con lo cual se evidenciaría un desacople entre la actividad sindical huelguística de la CGT y la evolución de la conflictividad. Una prueba de ello está en que los años 1993 y 1994 son cuando mayor conflictividad hay en los lugares de trabajo y la CGT no convoca a ninguna huelga general mientras que, con los descensos en la conflictividad de 1995-1996 hay una mayor actividad huelguística de la CGT. Este desacople, se relaciona para Piva con la crisis del sistema de relaciones laborales vigente en el modelo sustitutivo importador.

La crítica de Piva cuestiona el uso de las huelgas generales como momento culmine de los ascensos en la lucha de clases. En un trabajo posterior, Iñigo Carrera explica su concepción de las huelgas generales como indicador cualitativo del estado de la clase obrera dentro del proceso histórico en el cual se produce, y sostiene que éstas, más allá del móvil de la dirigencia- las más de las veces de carácter reformista- representa “la movilización (real o potencial) del conjunto de la clase obrera contra el conjunto de la clase capitalista y el gobierno del Estado” (Iñigo Carrera 2010:168).

A su vez, para Iñigo Carrera “la observación de los grados de unidad como de alianza se realiza sobre procesos de lucha y no sobre su resultante: los aparatos organizativos institucionales” error en el que cae Piva cuando alude a que la falta de representatividad descansa en la crisis del modelo de relaciones laborales previo. De todos modos, y como bien sostiene Santella, los datos no acompañan la tesis del desacople, pues, “entre 1994-2002 hay 20 huelgas generales, más de la mitad (13/20) se realizan al mismo tiempo que crece la protesta general, entre los años 1999 y 2002” (Santella 2011:137).

A tono con este debate, una lectura rápida de los últimos datos sobre conflictividad laboral parece sugerir que nos encontramos en una situación de crecimiento de la actividad huelguística general pero de retraimiento de la realización y/o amenazas de huelgas generales, lo cual reactualiza las preguntas de Piva y da pie a un análisis exploratorio de las huelgas generales en el periodo. En este sentido, caben algunos interrogantes que estructuran el presente trabajo: ¿Cómo juegan las variables económicas y las político/institucionales a la hora de explicar el conflicto laboral en nuestro país? ¿Acaso, como sostienen recientemente algunos autores las huelgas generales responden a patrones políticos, totalmente diferentes a los de las huelgas económicas clásicas? ¿Se puede relacionar la menor cantidad de huelgas generales del período con el signo político o con la política “pro-sindical” de los gobiernos kirchneristas?

Un análisis escueto de las huelgas generales en la última década contribuye a la reflexión sobre su dinámica y aunque no es posible en el marco de este artículo proponer una interpretación alternativa a las de Iñigo Carrera y Piva, pensar su relación con los conflictos parciales a partir de nuevas herramientas teóricas puede ser un paso previo a la construcción de un modelo explicativo del conflicto laboral reciente en nuestro país y acercarnos a nuevas caracterizaciones sobre las prácticas relacionadas con las luchas desplegadas por las centrales sindicales argentinas.

Algunas reflexiones en torno a la conflictividad laboral 2002-2012

La reconstrucción de la cantidad de conflictos laborales por año en Argentina es problemático. Los registros oficiales son muy recientes, por lo cual suele recurrirse a las series realizadas por distintos grupos de investigación, generalmente, a partir de diarios de tirada nacional. La información de aquí extraída puede ser confusa (no siempre está clara la definición de conflicto laboral y no todos los registros utilizan la misma) escasa (habitualmente subestiman el número de conflictos y es muy difícil detectar la extensión de las medidas) y sesgada, (es mayoritariamente información sobre Buenos Aires, y recortada según coyunturas políticas y prioridades periodísticas)2. Es importante tener presente esta limitación para utilizar de manera combinada y con criterio crítico los datos- siempre variables- con los que se cuenta.

Se tienen en cuenta para este trabajo las últimas tres décadas. Aunque los números varían, distintos estudios (Iñigo Carrera 2010, Piva 2006 y CENM 2012) acuerdan en señalar que luego del alto número de conflictos laborales de la segunda mitad de la década del 80, en los 90 hubo un descenso cuyo punto más bajo se ubica en torno a 1996-1998, recuperándose la actividad huelguística para 1999 y arrancando el 2000 con niveles relativamente más altos que a mediados de los 90. Este ascenso registra un pico para 2005-2006 que según Piva aún no llega a los niveles de 1988-1990, mientras que para Iñigo Carrera y el CENM esta diferencia es mínima y se puede hablar de una recuperación en los niveles de protesta.

Más allá de la magnitud de esta recuperación de la conflictividad laboral, es evidente su existencia. Para 2001, según la base de datos del CISI citada por Etchemendy y Collier (2007) más del 40% del conflicto social no era de carácter sindical y no involucraba a trabajadores formales, para 2005 las estadísticas indican que casi el 80% de los conflictos son sindicales, en los años posteriores hay una pequeña disminución y luego mantenimiento de este alto porcentaje según distintas consultoras citadas por éstos autores y por Atzeni y Ghigliani (2008).

Figura 1. Conflictos laborales 1980-2012.


Fuente: CENM.

Con la intención de exponer y sortear la dificultad de no contar con datos oficiales para todo el país, se realizó un cuadro con el número de conflictos laborales entre 2002 y 2012 a partir de los datos del TEL, el CENM y MTSS.

Figura 2. Conflictos laborales 2002 – 2012 (Varias fuentes)

Tabla 1. Conflictos laborales 2002-2012- Datos comparativos


2002

2003

2004

2005

2006

2007

2008

2009

2010

2011

2012

Nueva Mayoría

285

122

249

824

504

693

407

466

486

402

386

TEL



859

1254

1362

1167

666

671

532

415

185

MTSS





784

851

850

888

959

962

678

* Los datos publicados por el TEL son de los dos primeros trimestres de 2012 solamente y los del MTSS solo registran de Enero a Junio de 2012

El número de conflictos en este período varía según cada registro3 pero en los casos del TEL y CENM no se observa una tendencia constante sino picos de valores, siendo para CENM el 2003 el nivel más bajo y el 2005 el más alto y para el TEL el 2006 el más alto. El MTSS comenzó a registrar conflictos laborales en 2006, y las series reconstruidas por éste, a diferencia de las otras dos, muestra un ascenso leve pero sostenido en estos años. A partir de 2008 para CENM y TEL la conflictividad laboral entra en declive.

Entre muchos otros problemas, está el de la falta de datos para los años 2002, 2003 y 2012. Para este último tanto el MTSS como el TEL publicaron solo el registro de los primeros 6 meses, de todos modos, es llamativa la diferencia en el número de conflictos registrados en 2012, porque mientras el MTSS registra 678 de Enero a Junio, el TEL contabiliza 185 y el CENM sostiene que fueron sólo 386 en todo el año.

Ahora bien, más allá de las variaciones, hay un consenso académico general en torno a la idea de que después de la crisis de 2001 y con mayor fuerza a partir del año 2003 junto a la consolidación de un nuevo modelo económico que llamaremos neodesarrollista los sindicatos recobraron protagonismo en la Argentina. Este fenómeno adquirió visibilidad no sólo debido a un aumento del conflicto laboral sino también a partir de otros dos indicadores clásicos: aumento de la cantidad de trabajadores afiliados y crecimiento del número de convenios de negociación colectiva4.

Ahora bien, si puede observarse esta recuperación de la presencia y fortaleza de los sindicatos, ¿Por qué en este período hubo sólo cinco huelgas generales entre las cuales dos solamente estuvieron dirigidas contra el gobierno de Fernández de Kirchner?

Consideraciones teóricas sobre la relación huelgas generales – conflictos laborales

Pensar la relación entre los tipos de protesta laboral, es decir entre las huelgas pequeñas (lo que Iñigo Carrera llama conflictos parciales) y las huelgas grandes, remite a las discusiones entre las tesis económicas y políticas del conflicto obrero y a aquella acerca de cuáles son los criterios para delimitar el tamaño de una huelga. De modo muy esquemático puede decirse que hay algunas teorías que analizan el conflicto laboral como variable dependiente dentro de una relación en la cual los ciclos económicos son la variable independiente (Mandel 1986, Kelly 1998 y Munck 1987 entre otros) y otras teorías que enfatizan el rol de los factores políticos como variables cruciales en la explicación de las huelgas (Tilly y Shorter 1985, Iñigo Carrera 2000-2007, Zapata 1993, Murillo 2001 entre otros). Es verdad que también existen serios esfuerzos por lograr una perspectiva relacional que piensa en términos de ciclos de lucha de clases y no de ciclos económicos o de crisis políticas solamente sino que relacionan ambas esferas (Ejemplos de ello son Franzozi 1996, Sylver 2005).

Las tesis económicas del conflicto obrero están generalmente asociadas a la teoría de las ondas largas, es decir, patrones regulares de fluctuación de uno o más indicadores económicos (usualmente precios, empleo y niveles de ganancias) sincronizados para distintos países, por un tiempo aproximado de 50 años, consistentes en 25 años de ascenso y 25 de depresión. En el esquema (ya clásico) de Ernest Mandel, hacia el final de una onda larga expansiva del capitalismo (que se caracteriza por mas expectativa de ganancia y mas acumulación del capital productivo entre otras cosas) la lucha de clases generalmente se intensifica por razones vinculadas a la propia aceleración a largo plazo de la acumulación del capital (reforzamiento numérico de la clase obrera, retroceso relativo del desempleo, creciente sindicalización por las buenas condiciones). Entonces, justamente porque la lucha de clases es una realidad ya objetivada los capitalistas no dudaran más en implementar cambios en la organización del trabajo, profundizando la ofensiva. En este esquema, mas allá de la lógica vinculada a las necesidades del capital, la capacidad de la clase obrera de ofrecer resistencia y contraatacar es clave. Así, un ciclo de ascenso y descenso de combatividad y radicalización de la clase obrera puede ser relativamente independiente de las ondas largas de acumulación, pero nunca estar separado de ellas.

En “Rethinking industrial relations” (1998), John Kelly hace un balance de estas teorías y concluye que sus grandes fortalezas son la perspectiva histórica (que permite visualizar las continuidades históricas y las rupturas) y el alcance internacional. Para este autor, entonces, independientemente de la distinta capacidad organizativa y política que tengan los sindicatos en cada país, hay tendencias que pueden ser generalizables al conjunto de los países capitalistas avanzados. En este sentido, el actual momento de auge en las luchas a nivel mundial es, según Franzosi, predecible a partir de los ciclos de Kondratieff, Boyer y Mandel, quienes sostienen que hay una onda cada 40-50 años. Siguiendo esta lógica el nuevo ascenso sería entre 2005 y 2015. Esta observación, sin embargo ¿Vale para las huelgas generales también? Si tenemos presente que las tesis económicas no desconocen los factores políticos y su incidencia, sino que los colocan en el lugar de variable dependiente, es razonable pensar que la realización de huelgas generales estaría a la par de los conflictos laborales pequeños. Sin embargo, varios autores sugieren que se trata de conflictos con lógicas propias y diferentes.

Por su parte, la perspectiva política del conflicto laboral busca el motor del mismo en otros factores. Un ejemplo es la obra Las huelgas en Francia de Charles Tilly y Edward Shorter, en la cual los autores exponen una forma de interpretar los movimientos huelguísticos franceses en el enorme rango de 1830-1968 desde una óptica que señala una multiplicidad de factores que impulsan las huelgas y destaca los cambios tecnológicos y el crecimiento y centralización de los sindicatos como decisivos a la hora de incrementar la capacidad organizativa de los trabajadores y por ende, la cantidad y calidad de las huelgas. En este análisis las crisis políticas son los catalizadores de las oleadas de huelgas y a partir de la industrialización, cuando se separó a los obreros del control de su trabajo, la existencia de organizaciones sindicales involucra a los trabajadores en la lucha por el poder político y hace posible que la huelga se convierta en un arma política. Para Tilly y Shorter las huelgas se realizan para llamar la atención del estado, para lograr más espacios de representación en tanto clase y no para mejoras económicas solamente.

En los estudios específicos sobre América Latina se destacan aquellos que piensan desde el esquema del corporativismo estatal. Francisco Zapata aparece como un autor ineludible para pensar la dinámica sindical latinoamericana, conflictiva o no. Este autor señala que en esta región, la expansión capitalista se dio dentro de un marco corporativo estatal, y en este proceso, el peso del sindicalismo es muy importante “no sólo en la constitución del Estado en países como Brasil o México, sino también por la funcionalidad que tuvieron los trabajadores en la construcción del orden capitalista en el área de la producción” (Zapata 1993:29). Señala al movimiento obrero no como representante autónomo de los trabajadores sino como dependiente de las instancias estatales para cumplir sus reivindicaciones, es decir, como elemento constitutivo del Estado. En este mismo sentido va la caracterización de la acción sindical de Victoria Murillo que piensa a los patrones de actividad sindical a partir de la combinación entre regulaciones estatales y afiliaciones políticas. En la interpretación corporativista, la acción sindical de los trabajadores y su acción política aparecen como frutos de la integración al sistema económico y político y los momentos de conflicto son la excepción impulsada por la competencia entre líderes o entre éstos y los funcionarios gubernamentales y no una representación de los intereses de clase.

Ahora bien, aunque parece haber un abismo entre las tesis económicas y las políticas, curiosamente, como sostiene Mc Guire “si decimos que a las huelgas pequeñas en el corto plazo las causan factores económicos y a las huelgas grandes las causan factores políticos ambas escuelas estarían de acuerdo y se sentirían parcialmente reivindicadas” (Mc Guire 1992:2). De hecho, el análisis de este autor muestra que las variables económicas pueden tomarse solas para predecir de mejor manera las pequeñas huelgas que las grandes. Es decir, las variables económicas predicen mejor las huelgas chicas independientemente de las variables políticas e independientemente del criterio temporal (mensual, cuatrimestral) y el sector (industrial, servicios). Sin abandonar la idea de que las oleadas huelguísticas están asociadas a factores económicos, Mc Guire recomienda pensar cuales son las mejores variables políticas para analizar las huelgas grandes, como medirlas y sobre todo como incluir en ellas los problemas del liderazgo, que aparecen fuertemente en nuestro país.

Por su parte, Kelly, Hamann y Johnston, quienes realizaron un estudio pormenorizado de las huelgas en Europa occidental entre 1980 y 2006 sostienen que las teorías económicas están débilmente equipadas para explicar las huelgas generales ya que éstas son “eventos políticos que están dirigidos directamente contra el gobierno y sus políticas (o iniciativas políticas) y por lo tanto se deben buscar variables políticas para explicarlas” (Cfr. Kelly, Hamann, Johnston 2011). En este sentido, señalan que la inclusión o exclusión sindical del diseño de las políticas públicas, la composición del partido en el gobierno y la fuerza y cohesión de éste son centrales para explicar la recurrencia en las huelgas generales, independientemente de los niveles que alcancen las huelgas parciales.

Las huelgas generales en Argentina

Retrotrayendo la atención al caso en estudio: las huelgas generales en Argentina, es importante llamar la atención sobre su excepcionalidad. El estudio realizado por Kelly, Hamman y Johnston registra para Europa occidental entre 1980 y 2006 72 huelgas generales; países como Dinamarca, Finlandia o Suiza no tuvieron ninguna mientras sobresale el caso de Grecia con 33, seguida por Italia con 11, Bélgica 8, Francia 7 y España 6. El resto de los países presentan 1 o 2 durante todo el período. Si observamos la cantidad de huelgas generales en nuestro país entre 1983 y 2012 el número asciende a 36, con lo cual se acerca a Grecia, país de excepción estadística en Europa. Esta excepcionalidad en parte justifica su estudio pormenorizado pero también convoca a pensar en algún trabajo posterior acerca de las características de las huelgas generales europeas y las argentinas, en cuanto a sus niveles de acatamiento e impacto económico por ejemplo.

Se construyó el siguiente gráfico comparativo a partir de los datos del CENM para los años 1983-2012.

Figura 3. Conflictos laborales/Huelgas Generales 1983-2012 (CENM)

A simple vista se observa que el año de mayor cantidad de huelgas generales fue en 2001 con 5, mientras que en los intervalos 1989-1991, 1993, 1998-1999 y 2003-2006 las centrales sindicales no convocaron a ninguna de estas medidas, realizando sólo 1 en 2010 y una en 2012. Después de 2003 la brecha entre cantidad de conflictos parciales y cantidad de huelgas generales se expande de manera significativa, sosteniéndose durante los últimos años.

Respecto a estos datos Rosendo Fraga, en un artículo publicado en el diario La Nación señala que si bien hasta 2001 los gobiernos no peronistas (Alfonsín y De La Rua) fueron los que más huelgas generales soportaron, con Duhalde se rompe esta tendencia5, presentando la frecuencia de paros generales característica de los gobiernos radicales, no peronistas. Este nivel de huelgas generales es atribuido a la gran crisis de 2001 con su consiguiente aumento de la pobreza, el desempleo y la inflación, abonando la tesis económica del conflicto.

Los datos acompañan la tesis de Fraga, sin embargo no necesariamente destierran la tesis política sobre las huelgas generales dado que, como Kelly, Hamann y Johnston sostienen hay varios factores que explican la recurrencia de huelgas generales, más allá del signo político del gobierno como la inclusión-exclusión del diseño de políticas públicas, la inexistencia o negativa a conformar pactos sociales en los que el sindicalismo se sienta contenido y la debilidad del gobierno. La crisis de 2001 (como toda crisis bien entendida) fue una crisis tanto económica como política y en el apartado que sigue, cuando se analizan las huelgas generales contra el gobierno de Duhalde se observa, además de un cuestionamiento simbólico importante a la identidad peronista por parte del MTA, que los reclamos son por desacuerdos con las medidas económicas y participación en el diseño de políticas públicas.

Sin embargo, al comparar las huelgas generales con los conflictos parciales es evidente que en este tramo hay una brecha. Si pensamos este “desacople” en función de los autores trabajados aquí debemos darle la razón a Mc Guire, quien diría que en un contexto recesivo los trabajadores hacen menos paros, pero que los paros generales tienen una lógica diferente, ligada a otros móviles. Esto explicaría que de 2003 en adelante, con la recuperación económica, las huelgas por mejores condiciones de trabajo y mejores salarios crezcan a un ritmo que no se ve reflejado en las huelgas generales. En este sentido, la tesis de Iñigo Carrera puede ser puesta en tensión, pero veamos que pasa cuando analizamos las huelgas de 2000 particularmente.

Las Huelgas Generales en el período 2002-2012

Para el análisis que sigue, se entenderá como huelga general aquella decretada por una o más centrales sindicales. La importancia de las centrales sindicales varía en los distintos contextos nacionales según la proporción de trabajadores afiliados a sus sindicatos y la importancia que tengan a nivel social y subjetivo estos organismos. Argentina es uno de los países con mayor densidad sindical de América Latina y el mundo. Para 2005, según las apreciaciones de ETE (Encuesta a Trabajadores en la Empresa) y EIL (Encuesta de Indicadores Laborales) citadas por Atzeni y Ghigliani, el 37 y 37,5% de los trabajadores registrados de establecimientos de más de 10 obreros estaban sindicalizados en nuestro país, esto sin incluir a los de establecimientos más pequeños (8%) y a los estatales (38%)6.

A partir de las subdimensiones grado de unidad (cuantas centrales convocan, cuántos trabajadores adhieren, cuantos sindicatos acatan) y grado de alianza (organizaciones de otras fracciones sociales que verbalizan adhesión) propuestas por Iñigo Carrera, se esboza de manera exploratoria un análisis de los tres paros generales que enfrentó la administración Duhalde durante el año 2002 (dos fueron convocados por la CTA: el 29 de mayo y el 20 de diciembre, y uno por la CGT-Disidente, el 22 de mayo) el efectuado durante el gobierno de Néstor Kirchner, (7 de abril de 2007) y el de Octubre de 2010 en ocasión del asesinato de Mariano Ferreyra y Noviembre de 2012 en contra del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner

*

Para Mayo de 2002, cuando todavía ardían las barricadas del Diciembre anterior, el gobierno provisional enfrentaba diariamente movilizaciones, cortes de rutas y calles y las críticas de distintos sectores de la economía. La alianza inicial entre los líderes sindicales de la CGT Rebelde (en adelante CGTR) y Duhalde- basada en la opción de éste por los “sectores del capital productivo” en contra de la especulación financiera- parecía romperse al ritmo de las presiones del FMI y el deterioro salarial. La CGTO de Daer tomó una actitud expectante, (sobre todo después del nombramiento de Camaño y Rial en el Ministerio de trabajo) y de reclamo verbal por la convocatoria al Consejo del Salario al tiempo que la CGTR abandonaba espacios como la Mesa de Diálogo Social y convocaba a un paro general para el 14 de Mayo exigiendo, en boca de su principal figura, Hugo Moyano “que Duhalde cambie el modelo o lo echará el pueblo” (La Nación 04/05/2002).

La CTA, por su parte, negaba plegarse a la movilización del 14 y levantaba su propia medida de fuerza para fines de ese mes. Así, en un contexto en el cual el 65% de los cambios en las condiciones laborales se negociaban directamente entre trabajadores y empresarios sin intervención sindical y otro 14% era impuesto unilateralmente por la empresa (Página 12 8/05/2002) la CGTR y la CTA convocaban a paros generales de manera separada y la CGTO pasaba de pedir la convocatoria al Consejo del Salario a una “Comisión negociadora intersectorial con los empresarios para analizar no solo sueldos sino también la falta de productividad” (La Nación 10/05/2002).

Finalmente, la primera huelga general de 12 horas con movilización del 2002 se concretó el 22 de Mayo, luego de que el paro del 14 fuera suspendido por las tormentas que azotaron la Capital Federal y alrededores7. La convocatoria estuvo a cargo de la CGTR en soledad, con una fuerte apuesta a la movilización “contra el FMI y por la Argentina”, facilitada por el funcionamiento casi normal de los colectivos.

Aunque no se encontraron datos sobre los niveles de acatamiento, según fuentes periodísticas en algunos sectores el paro “ni se sintió”. Los sindicatos que se plegaron fueron camioneros, UTA (movilizó pero no paró), taxistas, aeronavegantes, marítimos, dragado y balizamiento, judiciales, legislativos, empleados de la AFIP, docentes privados, telefónicos, bancarios y SMATA, entre otros más pequeños como los ceramistas. Las organizaciones no sindicales que participaron, en representación de otras fracciones sociales fueron la FUA (Federación Universitaria Argentina), CGE de la provincia de Buenos Aires (Confederación General Económica), el Polo Social y el MIJD (Movimiento de jubilados y desocupados) de Raúl Castels.

En cuanto a la movilización, La Nación sostiene que había 7000 personas y las fuentes policiales hablan de 5000. Las razones del paro no son muy claras; figura como una protesta en contra del modelo económico y los acuerdos con el FMI, a favor de una política económica independiente, nacional y popular y por un aumento de salarios acorde a la inflación. Se trató de un paro general de poco acatamiento, convocado por una sola de las 3 centrales y con escaso apoyo de organizaciones que representen a otras clases. En las siguientes semanas se aprecia un incremento de la protesta social8 en la cual convergen asociaciones de empresarios y trabajadores, banderazos para denunciar los tratados con el FMI convocados por partidos de izquierda, cacerolazos, asambleas, paros y cortes de calles y rutas.

El 25 de ese mismo mes Víctor De Gennaro ratificaba el paro de 24 hs de la CTA y la CCC para el 29. Las razones, en este caso, son más explícitas: contra el FMI, por aumentos salariales de emergencia, seguro de empleo para desocupados, asignación universal por hijo, asignación universal para mayores de 60 años sin cobertura previsional, democracia sindical y el desprocesamiento de 2800 luchadores sociales. Este paro se presentaba como una gran jornada de impugnación social, “un día de rebelión contra el hambre” en el que de hecho se registraron más de 1000 acciones entre actos, marchas, tractorazos, tomas y cortes de calles en todo el país. En el marco de los 33 años del Cordobazo las CGT Chacabuco y Rodríguez (ambas sedes cordobesas de la oficial y la rebelde) se plegaron desde la mañana al paro y marcharon contra el gobierno provincial (Página 12 30/05/2002).

Aunque en este caso las convocantes son dos organizaciones, sólo la CTA asume la identidad de Central de Trabajadores. Al igual que en el paro del 22 de Mayo, el eje más importante está puesto en la movilización. La falta de adhesión a la CTA de gremios ligados a la industria o con gran impacto social como la UTA trae interrogantes acerca del lugar que tuvo para la sociedad en general y para la clase trabajadora de los establecimientos privados o de los grandes gremios adheridos históricamente a la CGT esta medida. Sin embargo, la participación de distintas fracciones de clase indica un grado de alianza más elevado que en el paro del 22, entre las organizaciones adherentes y/o participantes están: Apyme (Asociación de pequeños y medianos empresarios), FAA (Federación Agraria Argentina), FUA, Madres de Plaza de Mayo línea Fundadora, Abuelas de Plaza de Mayo, Izquierda Unida y Movimiento Socialista de los Trabajadores. La respuesta del gobierno fue más virulenta, en Entre Ríos, Neuquén y Misiones hubo represión y tanto desde el Ministerio de Trabajo como desde la jefatura de gabinete, se denunció al paro y se solicitó a los trabajadores argentinos que no se sumen a una medida de definida inclinación política y que sólo buscaba desestabilizar.

La tercera y última huelga general contra la gestión de Duhalde se produjo el 20 de Diciembre de 2002, en el marco de una gran jornada de protesta por el aniversario de la caída del gobierno de Fernando De la Rua. En los meses anteriores los niveles de represión a la protesta habían crecido cobrándose las vidas de Kosteki y Santillan en Junio.

No hay datos en los medios periodísticos consultados acerca de los niveles de acatamiento al paro (lo que si aparece es que fue masivo en docentes y estatales), y de hecho es muy difícil hacer un análisis de la huelga separada del bocinazo por la paz convocado por la mesa del diálogo el día 18, la marcha federal que salió de varias provincias organizada por el bloque piquetero nacional, el piquete urbano de las asambleas barriales de Capital Federal, el aguante cultural organizado por el Foro Social, Hijos, Madres línea fundadora y Barrios de pie y las demás acciones realizadas en todo el país durante esa semana. La convocatoria al paro activo estuvo a cargo de la CTA y la CCC y la movilización se produjo a las 12,30 hs dejando la plaza de mayo alrededor de las 14 para que hagan su ingreso otras organizaciones. La cantidad de actividades de protesta evidencian altos niveles de participación pero que no exista convocatoria unificada también alerta sobre la dispersión de la misma. Este cuadro mostraría un menor grado de alianza en torno a la huelga ya que las distintas organizaciones deciden hacer protestas separadas en vez de converger en la huelga del 209.

Pasaron 5 años antes de que vuelva a convocarse a un paro con movilización de estas características, esta vez fue en ocasión del asesinato a Carlos Fuentealba en Neuquén, en el marco de un conflicto docente que llevaba más de un mes. A mediados de Julio de 2004 las dos CGT habían quedado reunificadas bajo la conducción de un triunvirato integrado por Hugo Moyano, Susana Rueda y José Lingieri, que permanecerá en el cargo durante un año, dejando luego la conducción a cargo exclusivamente del camionero. A partir de la reunificación se producirá un acercamiento importante entre la cúpula cegetista y el presidente Néstor Kirchner, la CTA por su parte, bajo la conducción de Hugo Yasky, también se acercaba cada vez más al gobierno.

El paro de 24 horas con movilización del 9 de Abril de 2007 fue convocado inicialmente por la CTA y Ctera. La CGT se sumó declarando 24 horas de duelo y 1 hora de paro entre las 12 y las 13. Pero aunque la central conducida por Moyano no participó de la movilización, una conferencia de prensa de ambos secretarios generales con la lectura de un documento compartido marcó el ritmo de lo que sería un paro con altísimo nivel de acatamiento. En el documento conjunto se colaba un reclamo al gobierno nacional: “En tiempos que el superávit fiscal alcanza y supera niveles históricos, los trabajadores nos preguntamos hasta cuando seguir ajustando” (La Nación 6/04/2007 y Página 12 7/04/2007).

El acto en repudio a la represión y muerte de Fuentealba se realizó frente a la casa de Neuquen en capital federal y en varias provincias de manera simultánea. Del central participaron gremios adheridos a la CTA, Ctera y ATE con grandes columnas, La FTV, Barrios de pie, CCC-PCR(que tenían su columna aparte), Libres del Sur, MTL, Movimiento Evita, organizaciones de DDHH de diversa índole y algunas agrupaciones kirchneristas. El único orador fue Hugo Yasky, y luego Tati Almeyda dio lectura a un documento consensuado. Un grupo de organizaciones entre las que se encontraban los partidos trotskistas MAS, PTS, PO, MST y otros como Quebracho y el MTD Teresa Rodríguez hicieron un acto propio en Plaza de Mayo porque no acordaban con el documento y tenían diferencias con las conducciones de CTA y Ctera.

El paro fue total en establecimientos educativos públicos y privados, hubo Universidades que declararon asueto. Entre las 12 y las 13 se plegaron micros, trenes y subtes, los hospitales tuvieron solo guardias de emergencias durante esa hora y en las oficinas estatales y bancos se suspendió la atención al público.

La envergadura de lo sucedido no podía menos que suscitar una respuesta unitaria por parte de las centrales sindicales, pero aunque sucedió en el mejor momento de las relaciones entre los líderes sindicales y el presidente, el altísimo nivel de acatamiento, las declaraciones públicas de los sindicalistas apuntando contra el gobierno de Neuquén pero reclamando a su vez por paritarias libres, en discusiones abiertas y sin techo hablan de un cambio en el posicionamiento de los sindicatos en la escena política nacional. Con niveles de crecimiento económico cercanos al 9% anual y el descenso de la desocupación los años 2005, 2006 y 2007 aparecen como los más conflictivos de la década. Sin embargo, no puede tratarse a la huelga del 9 de Abril del 2007 como a las otras huelgas generales ya que aunque se trató, ciertamente, de una huelga política, estuvo motorizada por un hecho particular y dirigida contra el gobierno de una provincia.


El miércoles 20 de Octubre de 2010, una patota ligada a la Unión Ferroviaria mató al militante del partido obrero Mariano Ferreyra en el marco de una protesta de los tercerizados del Roca. La CGT reclamó de manera verbal un “rápido esclarecimiento y sanciones a los responsables” (Página 12 20/10/2010) sin decir una palabra del rol del líder sindical José Pedraza en el crimen, ni en la CGT. Los dos sectores internos de la CTA convocaron a una huelga general.

Aunque fue convocada sólo por una central, tuvo un alto acatamiento en la administración pública, escuelas y universidades de todo el país y “generó además la adhesión de agrupaciones piqueteras y del gremio Luz y Fuerza de Mar del Plata, que cortó el servicio durante cuatro horas. El paro lanzado por Ctera tuvo una adhesión superior al 90 por ciento en la Capital Federal y en Buenos Aires. En Córdoba, la medida de fuerza entre los docentes fue total, al igual que en Rosario. En el resto del país el acatamiento fue dispar. Sumado a esto, los trabajadores realizaron marchas en Entre Ríos, Mendoza, Mar del Plata, Rosario y Córdoba y protagonizaron cortes de calle en Jujuy y Tucumán” (Página 12 22/10/2010).

Organizaciones sociales, estudiantiles, políticas y de derechos humanos pertenecientes al más amplio arco político hicieron de la movilización del 21 una multitud. Se ve un alto nivel de alianza en torno a la huelga y sus reivindicaciones, más allá de que el grado de unidad puede considerarse a nivel medio porque se trató de una huelga general sólo convocada por la CTA, aunque con alto nivel de acatamiento en estatales y docentes.

A fines de 2012 se realiza la última huelga general hasta la actualidad. Para esas fechas, la CGT se encontraba dividida nuevamente en 3; un sector encabezado por Antonio Caló y reconocido oficialmente por el Ministerio de Trabajo, que aglutina a los gremios industriales más importantes, otro sector liderado por Hugo Moyano y un puñado de 27 gremios en torno a Luis Barrionuevo en la autodenominada CGT Azul y Blanca. La CTA por su parte, de dividió en torno a los liderazgos de Pablo Michelli y Hugo Yasky. En términos generales, puede decirse que el mapa de las centrales sindicales se hallaba dividido entre quienes apoyaban el gobierno de Cristina Fernández y quienes eran opositores.

Haciendo gala de un fenomenal pragmatismo, la CGT moyanista, la CTA de Pablo Micheli y la CGT Azul y Blanca hicieron a un lado diferencias históricas y convocaron a una huelga general para el 20 de Noviembre de 2012. El paro es reclamando la suba del mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias sobre los salarios, universalización de las Asignaciones Familiares, aumento de emergencia a jubilados y pensionados y que el gobierno reconozca que la inflación es superior a la declarada mensualmente por el INDEC.

La huelga, que para página 12 “no fue muy importante” y para La Nación “paralizó el país” dejó a la Capital Federal y el conurbano sin recolección de residuos, sin línea 60 de micros ni B de subtes, sin Ferrocarril Sarmiento y con importantes demoras en el resto de los ramales. El país entero estuvo sin abastecimiento de combustibles y sin bancos, 700 municipalidades y algunos hospitales se plegaron, al igual que los petroleros privados, dragado y balizamiento, peajes, bancarios, pilotos y técnicos aeronáuticos.

Si pensamos en el grado de alianza, las entidades agrarias se manifestaron de manera favorable a la protesta, aunque solo Federación Agraria participó activamente, en los cortes de rutas, junto a la FUBA y organizaciones piqueteras como la CCC, Barrios de pie, Movimiento Teresa Vive, Polo Obrero y los partidos de izquierda: PTS, Nuevo MAS y PO. Diversas personalidades y partidos políticos se manifestaron a favor de la medida, lo cual fue utilizado por página 12 para pegarla a representantes de la derecha política, por La Nación para darle legitimidad y por parte del gobierno para destacar su carácter político y no gremial, lo mismo que dijeron Hugo Yasky y Antonio Caló, aunque reconocieron que las reivindicaciones son razonables.

Los móviles políticos que perseguía Moyano a nivel personal a través de la presión sobre la presidenta existen, no es casual que las relaciones se rompieran definitivamente luego de que el kirchnerismo cerrara sus listas para las elecciones de 2011 sin darle a la CGT el lugar que pedía. Sin embargo, pensarlo en estos términos impide ver lo que señala Paula Varela (2012); que el lugar político que tuvo la CGT en estos años entra en contradicción con el sostenimiento de las condiciones de explotación de los 90 y la continuidad relativa de las derrotas en el neoliberalismo. Esto en parte explica que, en su intención de confrontar con el gobierno, Moyano impulse a la central a plegarse a una medida ya lanzada por la CTA opositora y levante consignas sentidas por una parte importante de los trabajadores argentinos. Aunque las intenciones personales del o de los líderes sindicales puedan ser distintas a los que la medida reivindica, aparecen como justas, movilizan.

Por último, la novedad que presenta este paro es el papel destacado que jugaron algunas comisiones internas y agrupaciones sindicales de base, ligadas o no a partidos de izquierda. Los cuerpos de delegados de algunos gremios cuyas cúpulas están alineadas con las centrales afines al gobierno decidieron participar de las medidas, por ejemplo en los sindicatos de Alimentación, Unión Ferroviaria, docentes bonaerenses, Colectiveros de la UTA, algunas seccionales de Luz y Fuerza y del SMATA (La Nación 19/11/2012). En esta huelga, entonces, pudo apreciarse claramente una tensión entre las cúpulas sindicales y el sindicalismo de base con asiento en algunos lugares de trabajo, muchos de ellos de innegable importancia económica.

A modo de cierre

Es posible relacionar el mapa de los conflictos laborales parciales entre 2002 y 2012 con los niveles de crecimiento de la economía y el empleo. En efecto, como sostiene el análisis de CIFRA, entre 2002 y 2007 la economía creció 8,8% y fueron los años 2005, 2006 y 2007 los de más cantidad de conflictos. Entre 2008 y 2012 el crecimiento fue de 5,1% y los conflictos también tendieron a descender. Además, al crecimiento económico debe sumársele el retorno de los Convenios Colectivos de Trabajo10, cuyas discusiones, fundamentalmente salariales, estimulan las huelgas (Cfr. Ghigliani 2009, Kelly y Hamman 2009, y otros). A partir de 2008, pero con más fuerza de 2009 en adelante, el gobierno implementó medidas anticíclicas con el fin de blindar la economía argentina frente a la crisis mundial del capitalismo: control para evitar la fuga de dólares, salvataje a distintas empresas y techos más bajos a las paritarias.

Pero aunque la recuperación económica se relaciona de manera directa con la recuperación en la conflictividad, los conflictos por móviles económicos tendrán dinámicas diferentes por cuestiones institucionales y/o políticas. Un ejemplo de ello son los Convenios Colectivos de Trabajo (CCT): en el marco de negociaciones centralizadas como las de nuestro país por ejemplo, y con un gobierno que se posiciona como pro-sindical11 muchos conflictos acompañan los CCT y suelen abarcar ramas enteras de la producción. Probablemente no habría este número de conflictos si los aumentos salariales fuesen determinados unilateralmente de manera centralizada. Aún en la más favorable coyuntura económica. Como sostienen autores como Franzosi (1995) o Tilly y Shorter (1985) una mayor disponibilidad de recursos organizativos predispone a los trabajadores a hacer huelgas. Ahora bien, el retorno de los convenios colectivos, como de otras instituciones en el mercado laboral, no es sólo atribuible a la existencia de inflación y retraso de los salarios, ni a la buena voluntad del gobierno, puede ser entendido también como un resultado de las luchas que los trabajadores se dieron anteriormente.

En este sentido, la última década evidencia la recuperación de niveles de protesta anteriores a 1991. Si observamos las huelgas generales con estos números en mano, no es fácil hablar de una coincidencia en ambas formas de protesta. Las huelgas generales de estos años fueron, a su vez, muy particulares. En general convocadas por 1 sola o 2 centrales en un contexto de gran fragmentación de las mismas, cuyas reivindicaciones, al igual que en las décadas del 80 y 90 son esencialmente políticas. Pero en el contexto actual de crecimiento de la protesta laboral por abajo, las huelgas generales disminuyen relativamente.

Con este panorama cabe volver al debate Iñigo Carrera-Piva y a la pregunta por la validez o no de la huelga general para periodizar las luchas de la clase obrera. Iñigo Carrera argumenta que las huelgas generales son un indicador cualitativo, en tanto momento en el cual el conjunto de la clase obrera se enfrenta al conjunto del capital y del estado. Se podría poner en duda esta tesis a partir de un análisis de las formas históricas que tomaron las huelgas generales en nuestro país realizado por Agustín Santella, en el cual se afirma que “en la primera etapa [de la historia] en Argentina las huelgas generales eran modos de consciencia de clase, claramente establecidos, entre trabajadores y capitalistas-estado; esta oposición se irá diluyendo en las etapas mas avanzadas hasta nuestros días, en la década del 90 en que, por su ideología, objetivos, forma de acción, forma de participación de las bases, relación con el estado, alianzas sociales, la huelga general (los paros de la CGT) se diluye como acción de oposición de clase y (...) es relativizada como indicador de lucha de clases” (Santella 2009:16).

En principio se puede sugerir que la relación huelgas generales-conflictos laborales es una relación históricamente determinada y por lo tanto cambiante. Esto implica reconocer que durante la década del 80 pudo existir una relación positiva pero actualmente, un crecimiento de la economía ligado a la recuperación institucional de los sindicatos y sus espacios de discusión salarial estimulan los conflictos parciales pero parecen atenuar la convocatoria a huelgas generales, relacionadas tanto con las políticas públicas dirigidas al mundo sindical como con el signo político del gobierno.

De este modo, las huelgas generales, como sugieren Kelly y Hamman para el caso de Europa, pueden ser pensadas como eventos políticos que están dirigidos directamente contra el gobierno y sus políticas. La escasez de huelgas generales en el período estaría relacionada con la buena predisposición del gobierno para con los sindicatos nucleados en la CGT y los sectores de la CTA afines. No obstante, las rupturas de la central y de las relaciones con el kirchnerismo pusieron en evidencia los límites de esta predisposición, pues no se les dio el lugar político que Moyano reclamaba para los trabajadores, quedando sólo al nivel retórico la apelación al movimiento obrero fuerte y constructor de un “país en serio”. Esta ruptura puede estar marcando el fin de la alianza de clases construida durante el primer gobierno de Néstor Kirchner.

Asimismo, aunque se observe una situación de “desacople” entre ambas formas de protesta mas que de coincidencia, las huelgas generales de la última década parecen cristalizar una serie de procesos que distintos estudiosos del trabajo en nuestro país afirman; un escenario de debilidad y presencia masiva de organizaciones de desocupados (2002) pasando por un momento de mayor fortaleza sindical pero con cierta comunión entre las cúpulas y el gobierno (2007) hasta un momento de alejamiento entre una parte de las cúpulas y el gobierno y mayor unidad en la acción que se junta con la entrada en escena de distintas organizaciones sindicales de base que discuten con sus dirigentes y democratizan la realización o no de medidas como ésta que, generalmente, eran decididas de manera unilateral (2012).

Queda pendiente un diálogo más profundo entre las tesis economicas y políticas sobre las huelgas generales a la luz de los datos aquí trabajados y porque no, otros aspectos como análisis discursivos y de las luchas fraccionales. Un estudio pormenorizado de estos y otros aspectos podrían orientar una reflexión sobre hasta donde y de que manera en estos conflictos aparecen los posicionamientos y aspiraciones políticas de por lo menos una parte del movimiento obrero organizado.

Notas

1 El ascenso y descenso en la lucha de clases pensado a partir del conflicto laboral se relaciona con el concepto de clase obrera que retoma Iñigo Carrera en sus trabajos. A partir de la clásica idea de clase en si y clase para si sostiene que es “en la consideración de los procesos de lucha, de enfrentamientos sociales en que podemos encontrar a la clase obrera como totalidad” (cfr. El concepto de Clase Obrera) las clases se constituyen entonces en la lucha, y ésta lucha puede ser en tanto asalariados o en tanto expropiados, dependiendo del tipo de lucha varían las alianzas y estrategias.

Este artículo parte de la idea de que el conflicto laboral es una de las formas de expresión de la lucha de clases, pero un crecimiento del conflicto puede no siempre indicar un crecimiento en la conciencia de clase de sus protagonistas. La conciencia de clase es algo más complejo que - siguiendo la tradición de EP Thompson (cfr. La formación de la clase obrera en Inglaterra)- configura la expresión de las distintas experiencias de clase y se manifiesta de distintas maneras. Así, una recuperación de la conflictividad laboral y de la acción sindical no implica necesariamente un reforzamiento de la clase como sujeto histórico.

2 Más información sobre este problema en Ghigliani. P (2009).

3 El concepto de conflicto laboral de las series empleadas se refiere a los paros, aunque los contenidos desagregados de este concepto son variables. Aunque sus registros comienzan en 2006 el MTSS parece tener más claridad y alcance, pues se contabilizan los conflictos con paro, las jornadas no trabajadas, la cantidad de huelguistas y es de alcance nacional aunque no tiene en cuenta cosas como el acompañamiento o no de medidas de acción colectiva, que si observan los registros del observatorio de derecho social de CTA con los cuales el TEL construye sus series.

4 Para más información sobre el desenvolvimiento de estos indicadores ver: Trajtemberg, Senén González y Medwid 2008.

5 “Enfocando el primer paro general por gobierno, surge que en el caso de Alfonsín, el primero tuvo lugar en septiembre de 1984, a los nueve meses de que iniciara el mandato; en el primer gobierno de Menem, el primer paro general fue en noviembre de 1992, a los 40 meses de iniciado su primer mandato; en el segundo de Menem el primero fue el 8 de agosto de 1996; De la Rúa enfrentó el primero el 24 de febrero de 2000 -al tercer mes de mandato-, mientras que Duhalde lo tuvo el 22 de mayo, al quinto mes de gobierno; Kirchner lo tuvo durante el mes número 47 (aunque no fue contra su gobierno, sino en reclamo por la muerte de un docente durante una protesta sindical en Neuquén) y Cristina lo tuvo recién al mes 60 de sus dos períodos consecutivos, sin tener ninguno durante el primer mandato”. (Fraga, Cristina enfrenta el primer paro general en casi 5 años de gobierno. Diario La Nación 20/11/2012).

6 Este número es relativizado por Paula Varela al compararlo con el 65,6% de la clase trabajadora argentina que estaba sindicalizada en 1990 y el 38,7% en 1995. En este sentido, aunque la cantidad de afiliados sea mayor, la tendencia a la desindicalización de los 90 no ha sido revertida, sino profundizada. (Varela 2012:15-16)

7 La suspensión de esta medida de fuerza tuvo lugar en medio de fuertes críticas, confusiones y versiones encontradas. Una de las versiones es que la cúpula de la CGTR acordó con Duhalde luego de que éste había solicitado, el día 13, que se levante el paro debido a los más de 300 evacuados por el temporal (Página 12 14/05). Por otro lado, según el diario la Nación, un sector de la CGTR se habría enojado por los elogios de Moyano a Zamora y Carrió, y no quisieron “hacerle un paro a un peronista para pegarse a otros” (La Nación 14/05). Por último, pero acompañando ambas versiones, se encuentra la sospecha de que la CGTR no tenía la capacidad de movilización necesaria para llenar la plaza.

8 El 28 de Mayo se realiza un paro de camioneros que se inicia por tiempo indeterminado liderado por la Confederación Argentina del Transporte Automotor de Carga en repudio a los precios del gasoil. Esta medida va a entroncar con el paro de la Federación Agraria Argentina en contra de la política agropecuaria de Duhalde. Este paro durará hasta el 29 y la FAA se sumara al acto central de la CTA en Capital Federal. En página 12 se habla de desabastecimiento (Página 12 28/05/2002)

9 A su vez, aunque no hubo enfrentamientos con la policía si se registran peleas entre los manifestantes, por ejemplo la regional capital de la CTA, que había decidido marchar también junto al bloque piquetero nacional se retiró de la plaza después de que uno de los oradores de ese acto equipare a De Gennaro con la burocracia sindical cegetista.

10 Según los datos publicados por el Ministerio de Trabajo, la evolución numérica de los Convenios Colectivos de Trabajo es la siguiente: año 2004; 348 homologados, en 2005, 568, en 2006, 930, en 2007 fueron 1027, en 2008, 1231, en 2009 se homologaron 1331, en 2010, 2038, en 2011, 1864 y durante los 3 primeros trimestres de 2012 se homologaron 1159.

11 Los gobiernos kirchneristas alentaron una mayor institucionalización de las relaciones laborales pero siempre bajo el ala de líderes tradicionales ligados al PJ. Otra es la relación que el gobierno y estos líderes sindicales establecieron con comisiones internas combativas, nuevos gremios, etc.

Fuentes estadísticas y de datos en general

Taller de estudios laborales http://www.tel.org.ar/

Centro de Estudios Nueva Mayoria http://www.nuevamayoria.com/

Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social http://www.trabajo.gov.ar/

CIFRA: Centro de Investigaciones y Formación de la República Argentina- CTA http://www.centrocifra.org.ar/docs/IC%20Nro%2012.pdf

Diarios

Página 12: Mayo y Diciembre de 2002, Abril de 2007, Noviembre de 2012.

La Nación: Mayo y Diciembre de 2002, Abril de 2007, Noviembre de 2012.

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