Sociohistórica, nº 34, 2do. Semestre de 2014. ISSN 1852-1606
Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.
Centro de Investigaciones Socio Históricas

ARTÍCULOS / ARTICLES

 

Representaciones y discursos políticos en “Montoneros Sabino Navarro”. Una aproximación desde los márgenes

 

Luciana Seminara

Universidad Nacional de Rosario
Argentina
eleseminara@gmail.com

 

Cita sugerida: Seminara, L. (2014). Representaciones y discursos políticos en “Montoneros Sabino Navarro”. Una aproximación desde los márgenes. Sociohistorica, 2014 (34). Recuperado de: http://www.sociohistorica.fahce.unlp.edu.ar/article/view/SH2014n34a04

 

Resumen
En el presente artículo abordaremos el contexto político y social de la Argentina de los primeros años setenta centrando la mirada en ciertas publicaciones vinculadas a las organizaciones armadas peronistas intentando visualizar los discursos y las representaciones por ellas elaboradas. Para ello hemos realizado una selección que prioritariamente se recorta sobre la revista Puro Pueblo, vinculada a la organización Montoneros Sabino Navarro. El objetivo principal ha sido el de visualizar y analizar posibles conexiones, diálogos y comparaciones de diversos discursos políticos a través del objeto revista como dispositivo de intervención política.

Palabras claves: Historia reciente; Representaciones; Peronismo; Publicaciones

 

Representations and political discourses in “Montoneros Sabino Navarro”. An approach from the borders.

 

Abstract
This article will address the political and social context of Argentina in the early seventies focusing his gaze on certain publications linked to the Peronist armed organizations by trying to view the discourses and representations made by them. We therefore performed a selection that foremost is cropped from the magazine “Puro Pueblo”, linked to the organization Montoneros Sabino Navarro. The main objective was to visualize and analyze possible connections, dialogues and comparisons from various political speeches through the object-magazine as a device of political intervention

Keywords: Recent History; Representations; Peronism; Magazines

 

Promediando1 el año 1973, un heterogéneo conjunto de publicaciones2 más o menos relacionadas a las organizaciones políticas y político- militares de la izquierda peronista, se lanzaban con pasión a exponer, debatir y contraponer sus ideas políticas.

Y no era para menos, el universo cultural y político abierto a instancias del retorno de Perón, luego de 18 años de proscripción, configuraba un paisaje que proporcionaba buenos insumos para que lo hicieran. La juventud ganaba las calles.

No obstante algunos agudos observadores percibieron -pese a los justificados climas de festejo imperantes- los exiguos límites de desarrollo que tendrían los sectores más radicalizados del movimiento en el esquema de gobierno. El caso es que el clima comenzaba a enrarecerse y no sólo en Argentina. La “catarata de golpes de estado” que se sucedió en América Latina comenzaba a filtrarse y el bloque temporal de los sesenta-setenta, aquel que en palabras de Claudia Gilman tenía la percepción de que el mundo, el llamado Tercer Mundo, estaba a punto de cambiar radicalmente, iniciaba su clausura (Gilman, 2003).

En el presente artículo abordaremos dicho contexto desde el análisis de ciertas publicaciones vinculadas a las organizaciones armadas peronistas, para ello se ha realizado una selección que prioritariamente se recorta sobre la revista de los Montonero Sabino Navarro (SN): Puro Pueblo (PP), para desde allí establecer posibles conexiones y comparaciones con otras experiencias.

Sumariamente, señalemos que la SN surgió de un temprano desprendimiento de Montoneros, constituyéndose así en la primera disidencia política de la que fuera la organización político- militar más emblemática de la izquierda peronista, logrando consolidarse principalmente en las regiones de Córdoba y Rosario, y en menor medida en Buenos Aires y Tucumán. Su existencia tuvo lugar en un lapso relativamente corto (1972-1975). Entre sus características más sobresalientes debe computarse su adhesión a la denominada “alternativa independiente”, corriente a favor de organizar a la clase obrera por fuera de las estructuras burocráticas del sindicalismo peronista, y una sostenida crítica a la praxis desplegada por quien fuera su organización madre: los Montoneros3. Por su parte, consignemos que la aparición en escena de la Revista Puro Pueblo se produjo a mediados del año 1974. Si bien la idea original fue la de sustentar una publicación quincenal, finalmente el devenir de la propia organización, sumado al incremento de las políticas represivas del gobierno hicieron que sólo fuera posible la edición de un total de seis números en el transcurso de aquel agitado 1974.

El contexto: 1973-1974

En 1971 el proceso de organización y re-estructuración del movimiento daba sus primeros pasos. Desde su exilio el General anunciaba el desplazamiento de Daniel Paladino de su cargo de “delegado de Perón”, para nombrar en su remplazo a Héctor Cámpora, personaje político que contaba con mayor consenso entre los jóvenes.

Asimismo, el reacomodamiento de las piezas también contemplaba a los sectores más jóvenes del movimiento, aquellos a los que Perón supo recompensar luego de producirse la designación de Cámpora, anunciando la incorporación de Licastro, pero también de Galimberti como delegados juveniles ante el Consejo Superior. Este acontecimiento implicaba entre otras cosas, el reconocimiento y la anexión de una cuarta rama a la estructura formal del Movimiento, sumándose así a las ya conocidas Política (o masculina), Sindical, y Femenina del Consejo Superior del Movimiento Peronista. Finalmente, todos estos componentes decantaron, como era lógico de prever en esta primera instancia, en la asignación de un 25 % (una equitativa cuarta parte) de los cargos políticos para la Juventud Peronista (Grammático, 2011).

Por su parte los Montoneros que buscaban hegemonizar la representación del sector juvenil, no pudieron ocupar la totalidad de los cargos aunque su peso relativo se hizo sentir en algunos sectores específicos,4 como el Ministerio del Interior a cargo de Esteban Righi –hombre íntimamente vinculado a la Tendencia-, también ocuparon ocho de las bancas del FREJULI en la cámara de Diputados del Congreso de la Nación, y cincuenta puestos en los gobiernos provinciales así como varias gobernaciones: Oscar Bidegain en Buenos Aires, Alberto Martínez Baca en Mendoza, Jorge Cepernic en Santa Cruz, Miguel Ragone en Salta y Ricardo Obregón Cano en Córdoba (Gillespie, 1987; 165:168).

La presidencia de Campora no llegó a los 50 días, su mandato fue breve y estuvo asociado a los climas de festejo, al fin de los 18 años de proscripción y la liberación de los presos políticos. No obstante, si “la primavera camporista” puede ser vista como un fugaz intento por equilibrar la incidencia de los distintos sectores del movimiento, el cambio de mando y el adelanto del llamado a elecciones significó, entre otras cosas, un claro vuelco de la balanza: había llegado el momento de poner límites a la “juventud maravillosa”, aquella que había sido la protagonista indiscutible de la campaña electoral que había llevado al “Tío” al sillón de Rivadavia.

Mediado por los trágicos acontecimientos de Ezeiza el 20 de junio de 1973, el peso de los sectores más jóvenes del movimiento fue decreciendo tanto en su interior como en las esferas de gobierno, en un proceso inversamente proporcional a la injerencia que fueron adquiriendo los sectores ligados a la burocracia sindical. Luego de la dimisión de Cámpora y Solano Lima el 13 de julio de 1973, Lastiri, yerno de López Rega y hasta ese momento Presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, fue investido como residente de la Nación.

A diez días de conocerse la noticia, la SN publicaba un comunicado -el primero de una serie que podría leerse en las páginas de la Revista Militancia- donde se sostenía, en consonancia con los editorialistas Ortega Peña y Duhalde- que pese a haber vencido a la dictadura el día 11 de marzo “la dictadura de los monopolios que durante años nos había explotado, perseguido, torturado, encarcelado, sabíamos que dentro del Movimiento estaban los burócratas y traidores que habían boicoteado nuestras luchas, negociando nuestras victorias, burlando nuestras esperanzas…Y sabíamos que no se resignarían a este triunfo del pueblo si no que tratarían por todos los medios de enancarse al triunfo popular que no era el de ellos, para cambiarle el sentido, torcerle el rumbo, y el contenido por las bases. Y no nos podíamos equivocar. Porque el papel de esa burocracia traidora y oportunista –en estos 18 años de resistencia- fue siempre la de actuar como infiltrados del régimen en el movimiento…Lo sabíamos porque ELLOS representan otros intereses que no son lo de la clase obrera y el pueblo peronista5. En el mismo comunicado se caracteriza de “Golpe Palaciego” el nombramiento de Lastiri, y denuncian a aquellos sectores como traidores. El comunicado se titulaba “LA TRAICIÓN ANIDA EN LA SOMBRA” y puede entenderse como el primer movimiento que los llevaría, al igual que los Montoneros, a sumarse a la proclama “Perón Presidente- Campora Vice”.

Por su parte, a través del semanario El desacamisado, los Montoneros caracterizaron la dimisión de Héctor Cámpora como un acto de “renunciamiento”, comparandolo con aquel otro acontecimiento recordado y dolido, protagonizado por “Evita” más de dos décadas atrás un 22 de agosto de 1951.

Así, las preocupaciones de esta particular edición de la revista dirigida por Dardo Cabo, pueden ser resumidas en dos ideas centrales: por un lado, dejar en claro que la renuncia de Cámpora se correspondía con un acto de lealtad hacia Perón; y en segundo lugar, que ese giro que habían adquirido los acontecimientos no tenía una vinculación directa con la injerencia de los sectores tradicionalistas o burócratas del movimiento en los designios del gobierno: “RENUNCIA UN PERONISTA: el “Tío” como lo bautizó su pueblo. Como sólo el pueblo sabe expresarse para con los hombres que entrañablemente quiere. El “Tío”, el compañero Cámpora habla de su renunciamiento con la Hora del Pueblo” dice al pie de una foto que muestra a Héctor Cámpora sonriente, rodeado de cámaras y figuras de la escena polítca nacional. (Ver figura 1)

 

En vano la Tendencia había intentado intervenir en la segunda campaña electoral proponiendo a Cámpora como compañero de fórmula en la dupla presidencial. El 4 de agosto se lanzó la formula Perón- Perón, en el marco de una campaña que indiscutiblemente señalaba a la CGT como su aliada estratégica y que contó con todos los recursos financieros de su poderosa maquinaria burocrática (De Riz, 2010: 142.).

Las elecciones desarrolladas en el mes de septiembre arrojaron un arrollador triunfo para la fórmula del matrimonio Perón que había obtenido el 62% de los votos. Finalmente, el retorno del viejo líder al gobierno se produjo el 12 de octubre. Por su parte y pese al optimismo volcado pocos meses atrás en su semanario, la Tendencia fue perdiendo posiciones visiblemente.

Se evidenciaba entonces la paradoja de una acción exitosa que una vez concluida dejaba al margen al sector central que la había llevado a cabo. La campaña del “luche y vuelve” fue fomentada y sustentada por la Juventud Peronista, y había dado sus frutos: el viejo líder estaba de regreso en la Argentina y tras 18 años de proscripción, se hallaba nuevamente al mando del movimiento desde la Casa Rosada. Asimismo, y las viejas dicotomías que signaron los años precedentes comenzaron rápidamente a transformarse y complejizarse. El movimiento peronista nunca había sido una estructura rígida ni homogénea, no obstante, ahora las disputas políticas e ideológicas internas se intensificaron y mostraron con mayor visibilidad. Así el peronismo se mostraba claramente como una imprecisa estructura que alojaba diversos sectores y concepciones políticas, un universo de representaciones y discursos que reclamaban para sí la conducción del movimiento. En esta clave, resultan sugerentes ciertas lecturas políticas de la coyuntura plasmadas en editorial de la ya mencionada Pasado y Presente: “Más allá de episodios circunstanciales, es un hecho que todo el proceso que se viene desarrollando desde el 20 de junio en adelante forma parte de la ofensiva desatada por un grupo al que genéricamente podríamos calificar como derecha, vertebrada alrededor de un programa de desarrollo económico- social que busca la negociación con los monopolios y en la que la burocracia sindical y la política del peronismo opera como la principal fuerza de control y desmovilización de la clase obrera del pueblo, y que ubica a su enemigo principal en el interior del propio movimiento”6.

En este sentido, Richard Gillespie ha señalado que los Montoneros como “movimientistas” que eran dependían de que Perón y su movimiento fueran “verdaderamente” revolucionarios y “sinceramente” socialistas para que su posición dentro del movimiento se consolidara. En esta clave, sus medios de avance político– esto es una purga de las burocracias dentro del mismo movimiento- era algo que podían reclamar pero no generar por cuenta propia. Asimismo señala que su estrategia movimientista los llevaría –durante el primer año de gobierno- a avenirse a la dominación que los sectores burgueses y burocráticos ejercían sobre el movimiento.

Sin embargo, los Montoneros demostrarían de manera contundente –en más de una oportunidad- que no estaban dispuestos a abandonar el sendero de lucha que el mismo General había estimulado.

El 25 de septiembre, la consigna “Rucci traidor, a vos te va a pasar lo que le pasó a Vandor” se había hecho realidad. Aunque estas acciones no fueron reconocidas públicamente, sí tuvieron repercusiones a corto y mediano plazo en el reordenamiento de las posiciones de fuerzas internas del movimiento.

Por su parte, los menos convocantes –en comparación con la masividad que había adquirido la Tendencia- sectores del alternativismo, comprendían cabalmente los estrechos márgenes de maniobra y autonomía que se podían gestionar desde el interior del movimiento, aspecto que ya habían manifestado frente a la renuncia de Cámpora, y la asunción de Lastiri. En esta línea habían apuntado sus lanzas hacia el núcleo duro de la alianza que operaba –desde la Casa Rosada- contra los intereses de la clase trabajadora (Raimundo, s/f; Aguila, y Viano, 2001; Luvecce, 1993)

Asimismo la nueva alianza de clases, aquella que suponía una nueva reconfiguración de las relaciones de poder derivadas del modelo económico, la misma que liquidaba, por el término de dos años, la posibilidad de desarrollar la libre negociación colectiva y congelaba las demandas salariales y aumentos de precios, era una realidad que ya había comenzado a implementarse en los últimos meses del gobierno de Cámpora. De hecho, como sostiene, Julio Godio, el pacto social fue el resultado de un proceso iniciado en 1971, en la búsqueda de dotar a la Hora del Pueblo (el pacto político) y al FREJULI (el pacto electoral), de una base de sustentación entre los sectores empresariales y sindicales.7

El plan diseñado por Perón y el Ministro de economía José Ber Gelbard descansaba principalmente en un acuerdo entre distintos sectores en pugna, por ello el principal obstáculo a sortear para su sostenimiento era el disciplinamiento del movimiento obrero. Fundamentalmente si se tiene en cuenta que el índice de huelgas, tanto del sector privado como del público, ascendió en el trimestre de marzo – junio de 1974, a un promedio mensual de 39%, llegando a ser la cifra más alta en el período que abarca desde junio de 1973 a marzo de 1976 (Godio, 2000; 1074). ¿Entonces, cómo controlar a los trabajadores?

Desde los inicios del tercer gobierno peronista se pusieron en marcha una serie de reformas y regulaciones tendientes a recortar el poder de presión de los trabajadores, y que garantizaban que “las 62” tuvieran los elementos legales para frenar a aquellos sectores más radicalizados que osaran disputarles la conducción del movimiento: Ley de Asociaciones Profesionales, la Ley de Prescindibilidad y por último la reforma del código Penal (Lorenz, 2007). De hecho el núcleo duro de esta política lo constituía la Ley 20615 de Asociaciones Profesionales, y que fue aprobada (el 29 de noviembre de 1973) cinco días después que el Gobierno Nacional, la CGT y la CGE firmaran el ACTA COMPROMISO NACIONAL, que no era otra cosa que el “Pacto Social”.

Los Diputados de la Tendencia se mantuvieron en un acrítico apoyo a las nuevas medidas, pese ha haber intentado, previamente, modificar algunos artículos de la problemática Ley de Asociaciones Profesionales. Finalmente la situación política los llevó prontamente a enfrentar más de un dilema: si pretendían atraer a los sectores más organizados y combativos del movimiento obrero, debían comenzar por desafiar la estrategia económica y política de Perón, no obstante, asumir posturas más radicales y críticas ponía en riesgo su estabilidad dentro del Movimiento.

Como resultado, en el bienio 1973-1974, los Montoneros buscaron resolver la situación intentando una acomodación con el régimen al tiempo que tibias críticas comenzaron a expresarse a través de sus órganos de difusión, expresiones que eran constantemente fustigadas por la jefatura peronista.

Es precisamente en este marco donde se inserta el asesinato de Rucci y, aunque Montoneros no se adjudicó la autoría del hecho, no cabían dudas en cuanto a la responsabilidad material. Por otra parte, la distancia entre la ideal imagen que los Montoneros pretendían sostener, y las reales apreciaciones del viejo líder sobre las actuaciones de la Tendencia eran un dato incontrastable. Sólo los Montoneros insistían en creer que Perón estaba atrapado tras un cerco en su propia gestión de gobierno.

Finalmente, la tensión8 entre la Tendencia y la ortodoxia peronista –encarnada en el propio líder del movimiento- fue en aumento hasta estallar públicamente en la Plaza de Mayo el 1º de mayo de 1974.

El discurso que Perón pronunciara en aquella oportunidad y las interrupciones que sufrió por parte de las nutridas columnas de la Tendencia ya forman parte de la mitología y el folklore de la juventud peronista. Un ida y vuelta entre el Líder y la militancia más joven del movimiento que no dejó de interpelarlo. El discurso ha quedado registrado en archivos radiales, audiovisuales y escritos, públicos y privados, pero fundamentalmente habría de quedar fijado en la memoria de los y las jóvenes: “[…] quiero que esta primera reunión del Día del Trabajador sea para rendir homenaje a esas organizaciones y a esos dirigentes sabios y prudentes que han mantenido su fuerza orgánica, y han visto caer a sus dirigentes asesinados, sin que todavía haya sonado el escarmiento”9.La amenaza se escuchó nítidamente por los altoparlantes. Pocos minutos más tarde, miles de jóvenes comenzaron a darle la espalda, para retirarse de la Plaza de Mayo.

La fractura del vínculo con el padre del movimiento fue pública y estruendosa, no obstante, algo esperable desde hacía algún tiempo. A partir de ese momento los Montoneros se encontraron frente a un problema de difícil solución. Recordemos que su estrategia de “construcción de poder popular” establecía la necesidad de una alianza de clases que garantizara la “liberación nacional” frente a la “dependencia imperialista”, y aunque en las declaraciones los Montoneros establecían la necesidad de que tal alianza estuviera liderada por la clase obrera, en la práctica no habían hecho más que constatar que el Movimiento estaba comandado por los sectores ligados a la burocracia y la burguesía.

En este sentido, Richard Gillespie sostiene que el talón de Aquiles, la debilidad de la estrategia de Montoneros, se debía a su incuestionable fe en Perón, convicción que los llevó a depositar en el viejo líder la esperanza de que la Argentina se encaminara de la etapa transitoria de “Liberación Nacional” hacia la de “la construcción del socialismo”. (Gillespie, 1987; 157 y ss.)

Más allá de las cuestiones de fe, puede afirmarse que la vertiginosidad de los acontecimientos dejaron poco margen de acción para que los Montoneros pudieran, tal vez, comenzar a cuestionar su línea política “movimientista” (en el caso de que lo hubieran hecho), porque incluso antes de que evaluaran más claramente los resultados y las consecuencias de la ruptura con el Jefe del movimiento, la noticia de la muerte de Juan Domingo Perón, que se sucedió apenas dos meses más tarde del emblemático acontecimiento de la Plaza, lo dejaba todo en un segundo plano.

Ahora el mando de la Casa Rosada estaba en manos de Isabel Martínez de Perón y su ministro López Rega, y las disputas en el interior del movimiento se reavivaban por establecer el reparto de la herencia del “padre” muerto.

Mi único heredero es el pueblo"

Ya se ha consignado que el escenario político y social que se abría en la Argentina post- retorno del líder era un terreno resbaloso. Incluso para una organización que se proclamaba peronista y que –pese a haber definido no disputar hegemonía dentro del movimiento – comenzaba a dar sus primeros pasos de manera autónoma

Para mediados de 197410 la publicación de la SN ya podía dar cuenta de importantes aspectos de la vida y las proyecciones de quienes la sustentaban.11 A través de ella, de los textos, los artículos y las fotografías, es posible observar un conjunto de representaciones políticas y simbólicas donde “los Sabino” desarrollaron sus trabajos de inserción en los frentes de masas.

De este modo, en las páginas que siguen vincularemos la letra de la Revista y ciertos aspectos programáticos de “los Sabino”. En suma, y teniendo en cuenta que la publicación se constituyó como proyecto fomentado y solventado por la Organización, lo que interesa destacar precisamente es la función asignada a la revista, en tanto dispositivo o artefacto capaz de arrojar luz sobre las ideas y los proyectos colectivos de “los Sabino”.

En esta dirección, Gilles Deleuze (Deleuze, 1977) ha señalado que en una publicación –un libro, diría él, como en cualquier otra cosa- no hay nada que comprender. Tan sólo hay que preguntarse ¿con qué funciona? ¿en conexión con qué?

La invocación al filósofo francés se corresponde con cierto interrogante preliminar que debería ser re- formulado del siguiente modo: ¿qué conexiones discursivas se agencian desde Puro Pueblo?

El primer número de Puro Pueblo tiene como fecha de publicación la 2º quincena de julio 1974 y consta de 27 páginas en formato tabloide. Como ya se ha mencionado, la muerte de Perón, ese personaje clave del devenir de la historia política argentina (Sigal y Verón, 1986), constituye el telón de fondo sobre el que se imprimen las inaugurales páginas de la revista. La primera edición fue en gran medida copada por tan emblemático acontecimiento, y se preocupó por establecer vínculos de pertenencia con el peronismo.

Por ello, en la portada puede leerse en grandes letras de molde el nombre elegido para la publicación: Puro Pueblo y más abajo las palabras que el fallecido General pronunciara poco tiempo atrás “Mi único heredero es el pueblo” (ver figura 2). Con este gesto y en la elección del nombre12, PP desliza su intención de situarse como portavoz de aquel heredero que fuera anunciado en la Plaza de Mayo.

 

En la primera editorial puede leerse que: “Puro Pueblo tiene un compromiso y responde a intereses claros. Y es el compromiso con la verdad que aprendimos en todos estos años de lucha y resistencia, y que hoy ante la muerte del líder la sentimos como angustia, la verdad de que para un trabajador no hay nada mejor que otro trabajador. Y esos son sus intereses”.13

Y más adelante se reafirma ese compromiso sosteniendo que “Puro pueblo habrá cumplido su cometido si sirve de cualquier manera a desarrollar el poder popular. Poder que se gesta en la fábrica y en el taller, en el barrio y la villa, en la escuela y la Universidad. Poder que se consolidará cuando juntemos todas esas ganas y las concretemos en organización. En organización de la clase obrera y el pueblo peronista. Compañeros: AQUÍ ESTA PURO PUEBLO. Sólo falta que te metas en ella y le des vida; si no será tan sólo letra muerta.”14

De los extractos aquí seleccionados pueden observarse dos cuestiones. Por un lado la denominación “puro pueblo” alude a la marcada intensión de separar, aislar, lo que es pueblo, de lo que no lo es. Su intención es clara: depurar el sujeto pueblo.

En la misma clave puede pensarse que hay apelación a una supuesta comunidad de intereses, establecida entre el pueblo peronista (que no es todo el movimiento) y la clase obrera. Una sintonía que Puro Pueblo encuentra en la necesidad de enfrentar a los sectores patronales y la burocracia, a través de la lucha por el “control obrero de la producción” y en una coyuntura de crisis económica que avecina una crisis institucional y política.

Por otro lado es posible constatar una entusiasta apuesta a contribuir al desarrollo del “poder popular” y a la construcción del “socialismo nacional”.

Ahora bien, detengámonos por un momento para analizar en detalle y desgranar un poco más la idea de clase sobre la que se construyen ciertas lecturas políticas. O, dicho en otros términos ¿Cómo, en definitiva, se articula la noción de clase con esta otra, la de pueblo peronista?

Consignemos que tanto la categoría de “pueblo” como la de “clase” deben ser pensadas como los resortes sobre los que el discurso de Puro Pueblo se asienta. Constituyendo una suerte de punto de fusión de intereses comunes.

En el mismo sentido, podría pensarse que las líneas discursivas de Puro Pueblo inician un proceso de construcción identitaria que se traslada de una a otra de las categorías. Trazando una trayectoria que tiene como punto de partida al -heterogéneo y fraccionado- movimiento peronista, representado aquí a través dos décadas de lucha y resistencia; y como puerto de llegada la clase obrera auto-organizada expresada en las sublevaciones obreras de fines de los sesentas y el sindicalismo combativo y clasista.

En ese recorrido, que es narrativo, retórico y discursivo, se construye un andamiaje teórico-político, y también un sujeto lector al que apelarán cada vez más manifiestamente, un sujeto que pivota entre ambas categorías, es decir la clase y el pueblo.

Por otra parte, la apelación a ese sujeto responde a la necesidad de delinear un mapa de alianzas en oposición a otros actores sociales, también relevantes del escenario político de la primera mitad de los años setenta: la burocracia sindical y el gobierno de Isabel Martínez de Perón.

Un contexto en el cual el declive de la política económica del Pacto Social acrecentaba su faceta represiva y alentaba las amenazas de un nuevo golpe de Estado. Frente a esta ríspida coyuntura Puro Pueblo, irá delineando su discurso con un tono cada vez más clasista, y confrontativo.

“Construcción de poder obrero”, “poder popular”, y “organización desde las bases”, son algunas de las consignas que asiduamente Puro Pueblo reproduce, al tiempo que apuesta por redoblar esfuerzos por acercarlas a la mitología peronista, contraponiendo “al peronismo de los patrones” el “peronismo de los trabajadores”: “Puro Pueblo nace en un momento en el que en el seno del movimiento peronista no caben ya dos proyectos contradictorios: EL PERONISMO DE LOS PATRONES Y EL PERONISMO DE LOS TRABAJADORES. Y Puro Pueblo no está por encima de ellos, ni hace llamados a una unidad imposible, ni mendiga un carnet. Puro Pueblo es sectario”15.

Un sectarismo, que tras la muerte de Perón busca emplazarse en el lugar de salvaguarda de los “verdaderos intereses del pueblo”, y pretende situarse más allá de las luchas desatadas al interior del peronismo. En este sentido, proclamarán la necesidad de romper la alianza policlasista sobre la que se sostiene el pacto social, denunciando que el “frente triunfante el 11 de marzo y el 23 de septiembre, se resquebrajó porque implicaba la existencia de dos proyectos y por lo tanto, dos formas de encarar la política en Argentina. Volver al 25 de mayo es entonces, una utopía, es borrar una experiencia concreta de la clase trabajadora y el pueblo. Porque ese frente, no será reformulado reconociendo la hegemonía de la clase obrera porque todos sabemos que esa fuerza aún no está organizada. Es la tarea”16.

En este sentido la sexta edición, en continuidad con la línea editorial, se publica un cuadro comparativo que plantea una suerte de contrapunto entre el pacto social “que pudo ser” y “lo que es” (figura 9).

 

Es decir el contrapunto se sostiene en una operación ficcional que plantea un horizonte de lo que “pudo ser” condensado en la figura de Cámpora, si éste no hubiera dimitido de su cargo de Presidente de la Nación y en el otro extremo “lo que es”, representado a través de los artesanos del pacto social -Isabel, “las 62”, Rucci, López Rega, el empresariado y la oligarquía-. El propósito de la ficción es claro: sintetizar y contrapesar la política de represión y ajuste, frente a la derrota “del proceso popular”.

De este modo Puro Pueblo diagrama una representación contra- fáctica del proceso iniciado el 11 de marzo (triunfo de la fórmula electoral Cámpora- Lima) hasta el momento en que están escribiendo (septiembre de 1974). El resultado es claro: situar a Cámpora –ya desplazado de la escena política- junto al pueblo traicionado por el peronismo patronal17.

Por ello, cuando “los Sabino” enuncian que ya “no hay posibilidad de reformular el pacto social”, lo que debe entenderse es que aquella exitosa alianza policlasista de mediados de siglo XX ha caducado, y que en las políticas del Pacto Social ya no hay lugar para albergar los intereses del “peronismo de los trabajadores”.

En una de las imágenes (figura 3) puede leerse la bajada de la fotografía: “Las bases peronistas. La empresa Bagley ¿peronista?”. Dicha composición (imagen + consigna) es también la que ilustra la nota sobre la ocupación de la empresa. Un texto que tras desarrollar los puntos álgidos del conflicto, dar a conocer los reclamos de los trabajadores y la postura de la Comisión Interna, finaliza con un encendido llamado a romper el Pacto Social.

 

Bagley, como tantas otras empresas que formaban parte de la CGE, había publicitado su adhesión al Pacto Social a través de un medio masivo, en este caso a través de una solicitada en el Diario La Razón, que es reproducida en las páginas de Puro Pueblo, acompañada de una breve intervención: “Este es el Pacto Social que nosotros no pedimos, ni firmamos. A no confundirnos compañeros…Ni hagamos confundir…A este Pacto social NO HAY QUE “REFORMULARLO”…¡¡HAY QUE ROMPERLO!!”18

La consigna es un llamado a la clase obrera a romper el Pacto Social. Abandonando el compromiso que “el peronismo de los patrones” ha firmado contra los intereses del “peronismo de las bases”. En una de las editoriales puede leerse: “Cuando salgamos a la huelga –como los compañeras del SMATA cordobés, como los de Bagley, como los hermanos chaqueños de Molinos- nos dirán subversivos, nos gritarán que le estamos haciendo el caldo gordo a los monopolios, al imperialismo, a los milicos, a los oligarcas. […]Nosotros defenderemos la legalidad constitucional, no el orden del Pacto Social. Nosotros lucharemos contra la oligarquía y el imperialismo a muerte –como hemos hecho en estos 18 años de lucha- y nadie nos va a usar como carne de cañón para una supuesta lucha que negociarán cuando las papas quemen. […] si tenemos que guardarnos la exigencia de paritarias para que patrones y burócratas decidan los mendrugos que nos corresponden; si no podemos pelear por el control obrero de la producción para joder a los monopolios; si tenemos que quedarnos en el molde de todo esto, ¿de qué nos sirve el orden constitucional?19

Resumiendo, desde la óptica de quienes pensaban y diagramaban la revista, la tarea que la hora reclamaba era la de la acción organizada a través de las clases trabajadoras.

En diversa dirección, y frente a la disyuntiva de qué postura asumir frente a la coyuntura, los Montoneros pivoteaban, oscilaban, como ya lo habían hecho frente a otros contextos, entre un discurso más contestatario -pero que no terminaba de romper- y una postura más contemporizadora. Ambivalencia visible por ejemplo a través de las páginas de La Causa Peronista.

En uno de sus primeros números, luego de un análisis de la situación política, donde denuncian el desabastecimiento, la represión a los obreros movilizados por mejoras salariales, etc., reconocen “un cambio en la actitud del Gobierno, en el sentido de pasar a reprimir con más energía los actos de sabotaje, orquestados por la oligarquía y el Imperialismo. Hasta el momento, en cambio la dureza se había empleado preferentemente con los trabajadores que agobiados por el Pacto Social, salían a reclamar aumentos en Matarazzo, Propulsora, Acindar, el gremio docente, periodistas, y gráficos, etc. Por el contrario, maniobras de acaparamiento como la practicada meses atrás por molinos Río de la Plata –una empresa de Bunge y Born- apenas habían sido sancionadas con una módica multa”20. Finalmente en la misma nota, en recuadro aparte (figura 4), la agrupación de la Tendencia para el frente sindical, la Juventud de Trabajadores Peronista propone “Impulsar comisiones de control en cada lugar de trabajo. El objetivo de esas comisiones integradas por trabajadores consiste fundamentalmente en garantizar la participación directa y organizada de la clase trabajadora en ese proceso que, en nuestra opinión, necesita ser reencauzado. Mediante esas comisiones, los trabajadores podremos ejercer un considerable control sobre el comportamiento de las empresas monopólicas, defendiendo al mismo tiempo nuestros intereses y cumpliendo al mismo tiempo tareas de asesoramiento permanente al Gobierno”21 “hemos señalado más de una vez la necesidad de que este Pacto Social sea reformulado, de modo tal que su conducción esté en manos de la clase trabajadora. Y es en este marco donde ubicamos la importancia de estas propuestas, ya que creemos que ellas son una manera de profundizar la organización en cada lugar de trabajo y de asegurar la participación de los trabajadores en la lucha contra nuestros enemigos y la defensa de nuestros intereses”22.

 

Si se observan en detalla las diferencias no son exclusivamente de índole discursiva sino que decantan en una matriz estratégica de la concepción de poder. En la revista Puro Pueblo se pugna por romper el Pacto Social de “la burocracia, los patrones y el gobierno”. Seguidamente hay un llamado a la auto- organización de la clase y el control obrero de la producción.

Contrariamente en La Causa Peronista, la JTP enfatiza su llamado a reformular el pacto y a ejercer un control sobre las empresas (en el circuito comercial para garantizar el abastecimiento). Al mismo tiempo que supone al movimiento obrero como un actor accesorio en las instituciones del Estado, algo así como un asesor de los asuntos de gobierno.

Vistas desde una perspectiva de clase, ambas estrategias se extienden más allá de los posicionamientos frente al gobierno, el Movimiento y la coyuntura. Y en cierto sentido evidencian las profundas divergencias entre los postulados “movimientistas” y “alternativistas”.

Puro Pueblo ¿Venceremos?

Cuando “los Sabino” iniciaron esta experiencia gráfica que bautizaron con el nombre de Puro Pueblo, encomendaron la tarea a Luis Rodeiro23, quien tendría a su cargo la dirección de la publicación. Contaba para ello con un grupo de apoyo que funcionaba en Capital Federal porque allí se llevaba a cabo, según señalan los testimonios, el diseño, la impresión y distribución. Por lo demás colaboraron en los distintos números un reducido grupo de compañeros que, sin formar parte de la estructura orgánica de la SN, patrocinaban “solidariamente” el proyecto editorial. Entre ellos sobresalen dos nombres bastante afamados por aquellos días, el ex diputado Diego Muñiz Barreto, (luego asesinado en Escobar a manos de Luis Patti) y el escritor y periodista Tomás Eloy Martínez, “en cuyo departamento hicimos muchas veces las tareas de redacción”24.

Puro Pueblo fue ideada con el objetivo de difundir el desarrollo de los frentes de masa de la SN y tenía una tirada de 20.000 ejemplares que se distribuían en Córdoba, Santa Fe, Buenos Aires y Tucumán.

En este sentido Luis señalaba que “Puro Pueblo surge como una necesidad de comunicar, de difundir, de entrelazar, el intenso crecimiento y trabajo de organizaciones de base, en distintos barrios y sindicatos, que eran parte del trabajo político de la Columna José Sabino Navarro, con la intención de dar dimensión colectiva y nacional”25.

Entrelazar las luchas, los desarrollos de cada barrio y cada fábrica” es un propósito constantemente exaltado en el semblante de la revista. Como si efectivamente y en tanto dispositivo, la publicación pudiera “entrelazar las luchas”, articular lo que estaba desarticulado, vincular aquello que materialmente no había podido vincularse.

Así, los collages del estilo de la imagen que “todas las luchas” (figura 5) constituyen un dispositivo recurrente. Una manera simple y directa de transmitir el objetivo buscado: unificar las luchas por abajo.

Por otra parte, es necesario señalar que la práctica de inserción sindical de la SN se caracterizaba por no reclutar militantes de base en la organización política. Por el contrario, existía una fuerte tendencia a fortalecer desde afuera los núcleos organizativos propios de la fábrica, consolidando lo que ellos dieron en llamar “grupos de apoyo a los líderes naturales que iban surgiendo en el lugar”26. Otro elemento a destacar de la concepción sindical de “los Sabino” es la marcada renuencia a la trasladar militantes desde otros frentes, al sindical. Lo que en términos setentistas se definía como “proletarización”.

Asimismo, y solidarias con la línea de trabajo desplegada en el territorio, una experiencia que en las entrevistas fue evocada como un “acompañamiento” o una suerte de tutelaje de las expresiones más organizadas del movimiento obrero27, las páginas de Puro Pueblo no contienen mención alguna de la existencia de la organización política.

Si se observan ciertos dispositivos sostenidos por otras organizaciones políticas, cuando nos adentramos en la densa narrativa de la revista de “los Sabino”, nos encontramos con una esforzada intención de ocultar toda pertenencia orgánica. De hecho la revista no pretende establecer –en ningún momento- vínculo formal alguno con quienes le dieran impulso.

Toda esta puesta en escena, habilita interrogarnos sobre los modos de vinculación entre la SN y ese movimiento obrero al que estaba dirigida la publicación. Vínculos que la SN desplegó en el ámbito específico de la fábrica a través del fortalecimiento de las estructuras organizativas propias del ámbito sindical (impulsando la consolidación de comisiones internas, en algunos casos apoyando el desarrollo de agrupaciones de base y en general a través de contactos particulares con delegados de gremios y sindicatos).

En términos generales, la decisión de invisibilizar la existencia de la SN en las páginas de la revista Puro Pueblo es un aspecto que responde a una lógica de construcción partidaria. Claramente diferenciada de otras publicaciones del período como pueden ser los casos de Estrella Roja (ERP), El Combatiente (PRT), La Causa Peronista o la revista Descamisados de Montoneros, Puro Pueblo no buscaba propagandizar o publicitar a la organización que le daba impulso. Por ello, exitosa o no, Puro Pueblo fue coherente con una línea estratégica que la SN promovía. Es decir, sería un error esperar otra cosa de su letra.

Sin embargo, y tal vez porque la revista estaba pensada para ser “trabajada” en los frentes de masas, o simplemente porque la idea de fortalecer los espacios propios de la fábrica se presentaba como un objetivo –revolucionario- en sí mismo, la revista exaltaba hasta límites exagerados la necesidad de organizarse “por la base”. Incluso, si para ello era necesario dejar de lado las propias banderas partidarias.

Un ejemplo de ello puede leerse en la editorial del tercer número, allí le darán un giro elocuente a la exaltación de la “unidad nacional” –tantas veces pregonada por el movimiento peronista-, diciendo que “Esa unidad nacional es la que tiene sentido, la que se va forjando desde la lucha misma, la que va creciendo y desarrollando embriones de poder popular como contra respuesta al poder opresor, profundizando la lucha antiburocrática y la participación directa de los trabajadores y el pueblo en la construcción de su propio destino. Apoyando esos centros de poder que van surgiendo en la lucha y por donde se expresan masivamente los trabajadores y el pueblo, sin sectarismos, es como iremos construyendo la herramienta eficaz para hacer LA PATRIA JUSTA, LIBRE Y SOBERANA: LA PATRIA SOCIALISTA. Si cada activista, si cada agrupación de base, si cada dirigente entiende que es más importante una comisión interna como expresión masiva que una sigla –también necesaria como garantía de permanencia y empuje- estaremos marchando hacia adelante, estaremos construyendo el poder popular, estaremos rescatando 18 años de lucha peronista y popular. 28

Es decir, la estrategia discursiva de la revista se complementa con cierta línea política que es propia de la SN, y que en su despliegue ratifica la existencia de una concepción táctica y una estrategia específicas. Un despliegue que dispone –una vez más- a la organización política asumiendo determinados roles de vanguardia, pero situada en las sombras. Dicha disposición estaba delimitada por la existencia de un “nosotros” (SN) y un “ellos” (diferente y distante). Un “otro” al cual debían asistir, acompañar y tutelar políticamente en la tarea (estratégica) de crear “poder popular”.

Pero, volvamos a las páginas de Puro Pueblo. Y consignemos que gran parte de sus carillas estaban destinadas a divulgar, y dar a conocer (en el sentido literal de la expresión) las luchas y reivindicaciones de la “clase obrera y el pueblo peronista”.

Impresa a continuación de la editorial, la sección “Lo que pasa”, realiza una suerte de análisis de coyuntura, pasando una rápida revista a los acontecimientos políticos trascendentes de la quincena. No obstante el segmento más importante, “La hora de los descamisados”, es el de mayor caudal de páginas, y fue pensado como un espacio destinado al seguimiento de las luchas del movimiento obrero. Destacando en cada caso, el accionar de los delegados y las comisiones internas en su enfrentamiento con los sectores o corporaciones patronales, y las burocracias sindicales. En esta línea la primera editorial proclamaba que “Puro Pueblo habrá cumplido su cometido si sirve de cualquier manera a desarrollar el poder popular. Poder que se gesta en la fábrica y en el taller (…)”.

Insistentemente, el discurso de Puro Pueblo vuelve sobre este y otros dos enlaces de la misma cadena significante. Lo que impacienta comunicar a quienes diagraman la revista podría resumirse en tres consignas: unificar las luchas desde las bases, ejercer poder popular, luchar contra el poder de las burocracias y las patronales. Unas y otras se complementan en una red conceptual que se articula no sólo con una práctica cotidiana, sino con una específica concepción de la política sindical.

Conceptualización que también fuera ejemplificada, en algunas de las entrevistas realizadas, a través de los consejos obreros de Turín. Aquella extraordinaria experiencia de organización de los obreros del norte italiano, sobre la que Gramsci teorizara en los años veinte. Con este ejemplo puede inferirse que “los Sabino” buscaban exponer –lo más claramente posible- el horizonte de expectativas que ellos mismos depositaban en su práctica y en su discurso. Por otra parte, también puede interpretarse, la necesidad de encontrar un antecedente histórico, que fuera en cierta medida “exitoso”. En otras palabras, podría decirse que buscaban hacerse de cierto capital simbólico desde el cual legitimar un discurso teórico.

Tal vez por ello valga la pena remarcar la singularidad de un artículo que se distingue del resto. Publicado en la quinta edición de la revista, bajo el título “Aportes para la liberación. Algunos conceptos sobre teoría y práctica29, el texto propone cierto ejercicio de reflexión que se orienta desde un interrogante un tanto impreciso: ¿de dónde sale la teoría?, interrogante que inmediatamente abre a otra serie de preguntas expuestas pedagógicamente del siguiente modo: “El desarrollo de las luchas populares exige permanentes o periódicos reubicamientos de la realidad en la cual se actúa, a fin de precisar lo mejor que se pueda, si se está en el rumbo correcto y cuáles son las tareas que la realidad demanda que se cumplan. Esa tarea de ver en dónde estamos y a dónde vamos, nos obliga a un esfuerzo de interpretación de los distintos hechos que tienen o pueden tener vital importancia para el avance de las fuerzas populares. Y es aquí donde debemos detenernos para hacer algunas reflexiones: ¿cómo hacemos para saber qué es lo importante y qué lo secundario? ¿Cuál es la forma de establecer cuáles hechos pesan más y cuáles menos? ¿qué método seguimos para darnos cuenta si un acontecimiento es en realidad tal como lo vemos?, ¿cómo tener la seguridad que la realidad la hemos comprendido en toda su extensión?”30

Seguidamente el artículo se desplaza hacia el enunciado de una “Teoría Revolucionaria”, una teoría emanada y contrastada por una “necesidad que es tan vieja como las luchas populares”31.

Basada en las experiencias de lucha que –en otros períodos de la historia y en diferentes partes del globo- tuvo como protagonista a la clase trabajadora afirma que: “La teoría no es entonces otra cosa que las acciones, que la práctica de un pueblo o una clase social o una organización, transformada en normas o leyes que sirven para mejor orientar la práctica futura. Y todas las normas producidas hasta el presente por la lucha revolucionaria en todo el planeta, es lo que llamamos Teoría Revolucionaria y que nos sirve para que podamos contar con un método práctico y probado de análisis de la realidad, que nos permita orientar mejor nuestras acciones”.32

Así, como si se tratara de un dispositivo acoplable, al cual es posible hacer girar para dar cuerda a una maquinaria más compleja, la práctica política –toda práctica revolucionaria- es transformada en el principal insumo de la teoría. Mutuamente dependientes teoría y práctica, práctica y teoría, son amalgamadas, fundidas en un formato de “normas o leyes que sirven para mejor orientar la práctica futura.”

Convencidos como lo estaban de que bastaba conocer, y estudiar la historia, es decir “los procesos de lucha”, “las movilizaciones” y “reivindicaciones” de la clase obrera, para que comenzara a rodar el ingenio teórico. Se entiende mejor el vasto espacio concedido a exponer las experiencias reivindicativas del movimiento obrero local.

Se entiende mejor, quiere decir que cobra sentido más allá de la constatación de que “los Sabino” mostraran, a través de su órgano de prensa, los ámbitos fabriles y (aunque en menor medida) los espacios barriales, donde tenían cierta incidencia sin mencionar la existencia de la SN.

El objetivo no era solamente que los obreros de Bagley o el SMATA33 pudiesen, al adquirir la revista, ver reflejada su propia experiencia de lucha reproducida en distintos espacios geográficos y provincias vecinas. Sino que adquirían la posibilidad de concebir un arco de experiencia común desde el cual aportar los insumos necesarios para una teoría revolucionaria.

Otra sección, la que en un orden lógico de lectura se sucede a “La hora de los descamisados”, se denomina “Argentina Patronal”. Si bien hay aquí una línea de continuidad con el sentido antes señalado, es decir, con esa necesidad de exponer luchas, manifestaciones y reivindicaciones de los trabajadores. No obstante, el empeño esta puesto en mostrar aquellos movimientos del capital que, en íntima vinculación con las políticas gestadas desde las el Estado, afectan los intereses de las clases trabajadoras. Podría decirse que los artículos que componen esta sección intentan completar el discurso eminentemente político, y darle una base de sustentación económica.

En términos generales no hay una única vertiente de análisis, por el contario los artículos son variados y tratan sobre diversos temas (ley Agraria, precios de la carne, redistribución del ingreso, etc.), pero comparten un mismo objetivo: el de poner de manifiesto, el de contrastar, los intereses de una y otra clase desde el ámbito de la producción.

Retomando aquella idea expresada en la primera editorial, cristalizada en la imagen de la argentina de los patrones y los burócratas, frente al pueblo peronista y los trabajadores, dirán que detrás de los primeros está “la negociación con el imperialismo y la oligarquía”34; ligada a los segundos, la idea de “una sociedad sin explotados ni explotadores”35.

La idea o la consigna si se quiere, es la misma, pero la afirmación se realiza con una tónica diferente “existen 10 millones de trabajadores en relación de dependencia, hay menos de 1 millón de empresarios muchos de los cuales son pequeños y medianos, repetimos ¿puede considerarse hoy justicia social una redistribución del ingreso de 50 % para nosotros y 50% para los patrones? Evidentemente que no, y es por ello que debemos ir centrando nuestros esfuerzos en romper este pacto social que no nos favorece en nada.”36

Un tanto más despreocupada, como si dijéramos desacartonada, es la letra de las columnas que componen “Perlas patronales”, una sola carilla que por lo general cierra la sección anterior. Se trata de recortes de noticias de periódicos como La Opinión o el Diario Noticias, periódicos de circulación local como la Gaceta de Tucumán y publicaciones como Siete días. Recortes llamativos o incluso irónicos de “noticias reales”, declaraciones a la prensa de personajes trascendentes del stablishment y el mundo de la política. Pequeñas referencias a la coyuntura política-económica. Lo que podría decirse en otros términos, como lo que dicen “otros” de la realidad.

Noticias inverosímiles y curiosidades expuestas allí como muestrario de un discurso de clase –que si no fuese porque resultan un tanto burlescas- podrían ser tan elocuentes como el discurso de la propia publicación.

En suma, obviando el primer número (dedicado a cubrir la muerte de Perón) las demás ediciones consiguieron cierta homogeneidad, visible en el diseño y diagramación de la publicación, pero sobre todo en los modos discursivos puestos en juego.

En tan solo cinco números, Puro Pueblo logró realizar una serie de operaciones discursivas que, a la vez que inauguraban un nuevo dispositivo de llegada a los frentes de masas (en esta oportunidad se trataba del lanzamiento de su órgano de difusión oficial) ponían de relieve las complejidades inherentes a la construcción de cierto tipo de sujeto político. Un sujeto al que “los Sabino” apelaron discursivamente y que oscila entre la enunciación retórica de pueblo peronista y la categoría marxista de clase obrera, operación que por momentos se diluye en una tensión de difícil resolución teórica.

De cualquier modo, si se piensa en conjunto el breve camino transitado por la publicación, puede verse la marcada tendencia a desplazar la centralidad del discurso de uno a otro de los extremos de esa trayectoria pendular, un desplazamiento que, apostando a la construcción de un sujeto protagonista de la historia, se inicia en la identificación con Perón y su movimiento, para terminar en la identificación con la clase obrera industrial.

Sirva como ejemplo que salvo los dos primeros números de la revista, donde las portadas ilustran a los íconos del movimiento (Perón en la primera y Eva Duarte en la segunda), los restantes tienen como protagonista al movimiento obrero (si bien la portada del tercer número está dedicada a los mártires de Trelew, la contratapa y el contenido refieren a las luchas obreras). Por su parte los últimos dos números (la quinta y sexta edición de Puro Pueblo Venceremos) tienen impresas en las tapas las fotografías de los dirigentes sindicales René Salamanca y Atilio López37 respectivamente (figura 6).

 

Asesinado pocos días antes de publicarse en septiembre de 1974, la última editorial despide sentidamente a Atilio López. La portada de la sexta edición tiene un mensaje claro, impreso sobre una foto en blanco y negro, y algo borrosa del sindicalista: “Atilio López. Orden de Matar”38.

Sin embargo, en este número, aunque las secciones no sufrieron grandes modificaciones hay un claro énfasis en la denuncia del incremento de la política represiva que tomaba cuerpo en la figura de López Rega.

Desde el Ministerio de Bienestar Social y en sus funciones de secretario personal de Isabel, había escalado –en mayo de ese mismo año- quince grados en el escalafón de la Policía, de cabo a Jefe de la Institución, y ya habituaba a desviar fondos desde el Estado para financiar las actividades parapoliciales y delictivas de la Alianza Anticomunista Argentina (De Riz, 2010).

En igual sentido, el último número de PP trasluce, pese a las consabidas notas de arenga y exaltación de unidad popular, un malestar que no logra equilibrar el conjunto. Lo cierto es que para la mayoría de las organizaciones políticas del campo de la izquierda y la izquierda peronista, el cierre del año 1974 significó también el cierre de sus órganos de difusión. El gobierno ajustaba las tuercas, y la triple A comenzaba a acechar a través de intimidaciones, secuestros, y asesinatos (figuras 7/8).

 

 

La Causa Peronista fue clausurada en septiembre, Militancia lo había sido en marzo y por ello pasó a llamarse De Frente (con las bases peronistas), pero sólo podrían editarse unos pocos números ya que en el mes de julio volvería a ser clausurada. Lo mismo sucedería con el Diario Noticias en agosto del mismo año.

Puro Pueblo apenas comenzaba a dar sus primeros pasos en ese convulsionado escenario. Y si bien la revista no fue clausurada oficialmente, sus responsables decidieron dar por finalizada la aventura editorial.

Cuatro décadas después de la última impresión, Luis, su responsable, encuentra en esa ola de clausuras el motivo que explica la decisión de cerrar las puertas: “Si bien el decreto no nos contempló, su suerte –como la de la Revista Con todo de la FAP / Peronismo de Base- (se consideró) que su suerte estaba echada. Mantenerla en la clandestinidad significaba contar con una infraestructura de seguridad que no disponíamos.”39

No obstante, los fundamentos más sólidos de la decisión de clausurar Puro Pueblo no deben buscarse en las páginas de la revista, por el contrario es factible pensar que tal decisión obedecía también a ciertos movimientos internos vinculados que enfrentaba la SN y que finalizaría con la disolución de la organización. Lo cierto es que la crisis larvada comenzaba a visibilizarse a través de la publicación y estallaría poco tiempo después en un contexto que ya anunciaba el golpe de Estado de 1976.

 

Notas

1 El presente artículo forma parte de un trabajo de investigación más vasto condensado en la Tesis doctoral: Seminara, Luciana (2012) “Bajo la sombra del ombú. Montoneros Sabino Navarro, historia de una disidencia.” Facultad de Humanidades y Artes, UNR, Rosario.

2 Entre ellas destacamos Diario Noticias (1973-1974), Pasado y Presente (Revista trimestral- Nueva serie, 1973. Córdoba, de perfil intelectual en entre sus colaboradores se encontraban: José Aricó, Oscar del Barco, José Nun, Juan Carlos Portantiero y Juan Carlos Torre, entre otros), Militancia-Peronista para la liberación, dirigida por Ortega Peña y Duhalde (1974), De Frente con las Bases Peronistas (1974), estas dos últimas –ya se dijo-de clara orientación alternativista. El decamisado (1973-1974), Evita Montonera (1974-1979) y La Causa Peronista (1974) las tres identificadas con los Montoneros.

3 Para una descripción más exhaustiva de los orígenes de Montoneros Sabino Navarro puede consultarse Seminara, Luciana (2013) “Pliegues en el relato de la Historia Reciente Argentina: la experiencia de la Organización Montoneros Sabino Navarro (1972-1975). http://www.izquierdas.cl/revista/wp-content/uploads/2013/07/Pliegues-en-el-relato-de-la-Historia-Reciente-Argentina-1.pdf.

4 Algunos estudios han señalado que la participación de los Montoneros en las instituciones republicanas podría haber alentado la aparición de contradicciones internas, al tiempo que habrían mostrado poco aprecio por el juego de las instituciones democrático-burguesas. No obstante, todo ello busca explicar los límites en la incorporación de cuadros al gobierno de Cámpora. Ver: Grammático, Karin (2011), Mujeres Montoneras. Una historia de la Agrupación Evita 1973-1974, Ediciones Luxenburg, Buenos Aires; Lenci, María Laura, “Cámpora al gobierno, Perón al poder. La Tendencia Revolucionaria del peronismo ante las elecciones del 11 de marzo de 1973” en: Pucciarelli, Alfredo, (Ed) La primacía de la política. Lanusse, Perón y la Nueva Izquierda en tiempos del GAN, Buenos Aires, eudeba, 1999. Ollier, María Matilde, La creencia y la pasión. Privado, público y político en la izquierda revolucionaria argentina, Ariel, Buenos Aires, 1998.

5 Revista Militancia- Peronista para la liberación, Año 1 N° 8, 2 de agosto de 1973. Pág. 22

6 Pasado y Presente, Revista trimestral, año IV (nueva serie) 2/3- julio-diciembre de 1973. Pág. 182.

7 Pasado y Presente, Revista trimestral, año IV (nueva serie) 2/3- julio-diciembre de 1973. Pág. 182.

8 Resulta significativo que durante esos dieciséis meses de legalidad 1973-1974, los Montoneros habían llevado adelante otras acciones militares contra burócratas sindicales y representantes de los monopolios, como Rogelio Coria (UOCRA) y Arturo Mor Roig (Ministro del Interior de Lanusse), entre otros.

9 Juan Domingo Perón, fragmento del discurso pronunciado el 1° de mayo de 1974. Disponible en http://www.radionacional.com.ar/historicos/28397-juan-domingo-peron-11.html http://www.youtube.com/watch?v=DDHQqJrJT6M

10 Para 1974 los Montoneros habían ampliado exitosa y significativamente su estructura organizativa, no sólo a través de sus frentes de masas. También se habían nutrido con el aporte de distintas fusiones: Descamisados (fines de 1972) / FAR (octubre de 1973) / FAP (grupo dirigido por Caride – junio de 1974). No quedaban dudas, los Montoneros se habían constituido -en poco más de 3 años- en la organización de la izquierda peronista más influyente y preponderante del campo popular de la Argentina. Ver Gillespie, Richard, Ibídem, pág. 141.

11 Desde el campo de la Historia de las Ideas y los estudios culturales, las vertientes volcadas al análisis de las revistas culturales han demostrado que las revistas, como objeto de análisis, adquieren un carácter capaz de “arrojar luz sobre las particularidades de la construcción de un proyecto colectivo, porque contienen en su seno los principales referentes que participan del proceso de definición programática”. Beigel, Fernanda, Las revistas culturales como documentos de la historia latinoamericana, Utopía y Praxis Latinoamericana, Revista de Filosofía Iberoamericana y Teoría Social. Año 8 N° 20, Marzo 2003.

12 También cabría pensar que la elección del nombre de la revista no está exenta de cierto tono irónico, “puro pueblo” -y nada más que pueblo-, hay una clara intensión por reflejar las distancias que los separan de aquellas otras organizaciones peronistas que denuncian no forman parte de ese cuerpo social.

13 Puro Pueblo, Año 1, Número 1, 2º quincena de julio de 1974. pág. 2

14 Puro Pueblo, Ibídem, pág. 3

15 Puro Pueblo, Ibídem, pág. 3

16 Puro Pueblo, Ibídem, pág. 2

17 Tal vez debiera señalar, aunque sea como una nota al margen, que la operación de situar a Cámpora en el lugar de líder, o conductor de un proceso político emparentado con los intereses de “una patria socialista” se asemeja, extemporáneamente, a los procedimientos de re-significación del pasado elaborados al cierre de la dictadura. Trabajos de memoria donde el breve interregno camporista fue revalorizado, reconstruido simbólicamente, olvidando que Cámpora antes que nada era un hombre fiel a Perón. Y fue precisamente esa innegable cualidad la que lo llevó al sillón presidencial.

18 Puro Pueblo, Año 1, Número 2, 1º quincena de agosto de 1974. pág. 9 (destacado en el original)

19 Puro Pueblo, Año 1, Número 2, 1º quincena de agosto de 1974. pág. 3 (destacado nuestro). Vaya como una nota marginal que el interrogante “¿de qué nos sirve el orden constitucional?” no debe ser agenciado como un acto de desprecio por las instituciones democráticas. Por el contrario la valorización de la “democracia” (positiva o negativa) debe entenderse en una red de intereses mucho más amplia, donde la sociedad y la política estaban indefectiblemente atravesadas por un análisis de clase. En opuesta dirección se han inscripto ciertos abordajes, vinculados al estudio de las organizaciones armadas, que encuentran en las experiencias político- militares de los años setenta, un alto grado de desinterés por la democracia. Véase: Ollier, María Matilde, Golpe o Revolución. La violencia legitimada. Eduntref, Buenos Aires, 2005.

20 La Causa Peronista, Año 1 N° 2, 16 de julio de 1974. Pág. 12- 13

21 La Causa Peronista, Ibídem, Pág. 13 (destacado mío)

22 Ibídem, pág. 13

23 Luis Rodeiro, nació en Córdoba en 1943, y tempranamente en los años sesenta se vinculó –como otros jóvenes de su generación- al movimiento de los curas rebeldes de la capital provincial. Esa experiencia desembocará en la conformación del Movimiento Universitario Cristo Obrero (MUCO). Seguidamente Luis participó en la conformación de la Agrupación Peronista Lealtad y Lucha, agrupamiento que daría lugar al desarrollo del AES –Agrupación de Estudios Sociales en la Universidad de Córdoba y más tarde -en el ámbito sindical- sería conocido como el PB. Hacia 1970 Luis ya había entrado en contacto con los “grupos originarios” de Montoneros y participó del operativo que llevó adelante el copamiento de la localidad de La Calera. Estuvo preso junto a otros redactores del “documento verde” en una cárcel de Resistencia, hasta que el 25 de mayo de 1973, al ser liberado se incorporó a los Montoneros Columna Sabino Navarro. En el año 1974 fue el encargado de dirigir el órgano de prensa de la organización: Puro Pueblo. (Entrevistas realizadas por autora a Luis Rodeiro e Ignacio Vélez, 2011)

24 Entrevista a Luis Rodeiro, noviembre 2011

25 Entrevista a Luis Rodeiro, noviembre 2011

26 Estos aspectos han sido trabajados en profundidad en: Seminara, Luciana, Bajo la sombra del ombú. Historia de una disidencia. Tesis Doctoral, Facultad de Humanidaedes y Artes, UNR, defendida en agosto 2012.

27 Cabe aquí una comparación con las estrategias desplegadas por Montoneros, valga como ejemplo el rol asignado a las agrupaciones sindicales como la JTP que, en términos generales, eran pensadas como instrumentos a partir de los cuales disputar las estructuras sindicales de la CGT. Este aspecto se encuentra desarrollado en Lorenz, Federico, Los zapatos de Carlito. Una historia de los trabajadores navales de El Tigre en la década del setenta. Grupo editorial NORMA, 2007, Buenos Aires.

28 Puro Pueblo, Año 1 N° 3, Pág. 3 (destacado mío)

29 Puro Pueblo Año 1, N°5, 1° quincena de septiembre de 1974; Pág. 19

30 Ibídem.

31 Ibídem.

32 Ibídem.

33 Particularmente estas experiencias pueden seguirse a lo largo de cinco de los seis números de la Puro Pueblo.

34 Puro Pueblo Año 1 N° 3, Pág. 22

35 Puro Pueblo Año 1 N° 4, Pág. 26

36 Ibídem

37 Atilio López dirigente de UTA- Córdoba fue asesinado por la Triple A, el 16 de septiembre de 1974. René Salamanca dirigente del SMATA Córdoba y miembro del PCR, fue desaparecido en la madrugada del Golpe de Estado de 1976.

38 Puro Pueblo, Año 1 N° 6, 2° quincena septiembre 1974

39 Entrevista realizada a Luis Rodeiro, noviembre de 2011.

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