Sociohistórica, nº 38, e013, 2do. Semestre de 2016. ISSN 1852-1606
Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.
Centro de Investigaciones Socio Históricas

ARTÍCULOS / ARTICLES

 

 

 

Las coaliciones electorales en la izquierda Chilena. Un análisis de larga duración1

 

 

Inés Nercesián
CONICET- Universidad de Buenos Aires - Instituto de América Latina y el Caribe, Argentina
inercesian@gmail.com


Cita sugerida: Nercesián, I. (2016). Las coaliciones electorales en la izquierda Chilena. Un análisis de larga duración. Sociohistorica, 38, e013. Recuperado de: http://www.sociohistorica.fahce.unlp.edu.ar/article/view/SHe013

Resumen
En este artículo se analiza la relación entre los partidos Comunista y Socialista de Chile, durante el período que transcurrió entre el gobierno del Frente Popular y la llegada al poder de la Unidad Popular. Se estudian los programas y los debates sobre los caminos posibles en la transición al socialismo. Se estudia la década de 1950, un momento en el cual ocurrieron transformaciones económicas, sociales y políticas y se produjeron cambios en la izquierda tradicional, cruciales para comprender los debates de la lucha armada en los años 1960 y setenta. El artículo busca entender el presente de la izquierda chilena a partir del pasado.

Palabras clave: Izquierda; Coaliciones; Elecciones; Historia política; Chile


Electoral coalitions in the Chilean left. A long-term analysis

 

Abstract
The article analyzes the relationship between the Communist and the Socialist parties of Chile, since the Frente Popular government to the Unidad Popular government. It examines the programs and the discussion on the transition to socialism. It examines the 1950s, a period that gave rise to economic, social, and political transformations and changes within the traditional left wing. These changes were key to understanding the discussion about the armed struggle in the 1960s and the 1970s. The article intends to analyze the present of the Chilean left based on the past.

Keywords: Left; Electoral Coalitions; Elections; Political History; Chile

 



Introducción

En mayo del año 2013 se produjo un hecho importante en la historia política chilena. El Partido Comunista (PC) optó por apoyar orgánicamente la candidatura de Michelle Bachelet de la Concertación de Partidos por la Democracia, y conformar una coalición denominada Nueva Mayoría, que triunfó en las elecciones nacionales (2014-). Desde la transición democrática en 1990 hasta esa fecha, los comunistas habían optado por mantenerse al margen de la Concertación y realizar acuerdos con fuerzas políticas de menor envergadura. Sin embargo, ya desde el año 2008 esa tendencia cambió y el PC articuló acuerdos con la Concertación a nivel municipal o parlamentario. Este vínculo se oficializó en forma orgánica en el año 2013. Si bien es cierto que este hecho es una novedad importante, mirado en la larga duración, la alternativa de las coaliciones en el campo de la izquierda o centro izquierda no es nueva en Chile.

La llegada al poder del Frente Popular (FP) en Chile (1938-1947) –una coalición de izquierdas que incluyó comunistas, socialistas y al Partido Radical– constituyó un hecho inédito en la historia política local y regional. En el campo de la izquierda chilena, esta experiencia dejó un legado significativo que perduró hasta la década de 1970: la confianza en las coaliciones políticas, capaces de reunir posiciones diversas dentro de un mismo frente, y en la viabilidad del camino institucional. Desde entonces, comunistas y socialistas compartieron elecciones en reiteradas oportunidades: en 1952 con el Frente del Pueblo, en 1958 y 1964 con el Frente de Acción Popular (FRAP) y en 1970 con la Unidad Popular (UP) que le dio la victoria a Salvador Allende.

Esta relación entre los dos grandes partidos de izquierda tuvo una perdurabilidad significativa que logró sortear, a diferencia de otros países, los debates de los años sesenta derivados de la Revolución Cubana, y llegar al poder, años después, por la vía electoral. En este trabajo estudiaremos estos contactos entre las dos fuerzas de izquierda, procurando trazar líneas explicativas de larga duración que nos permitan comprender este rasgo singular de la política chilena que no encuentra parangón a escala regional.2

La historia de los comunistas y socialistas en Chile. Desde sus orígenes hasta la experiencia del Frente Popular

Los orígenes del Partido Comunista de Chile (PC) se remontan al año 1922, cuando el Partido Obrero Socialista (POS), fundado en 1912,3 oficializó su orientación hacia el comunismo, tras adherirse a la III Internacional. A diferencia de otros países en donde los PCs se constituyeron por francas rupturas, en Chile la conformación del PC fue resultado de la transformación del conjunto de su predecesor POS. Por ello es posible observar grandes continuidades entre la organización socialista pionera, cuya figura más emblemática fue el obrero tipógrafo Emilio Recabarren, y el nuevo partido adherido a la III Internacional, en cuanto a la estructura orgánica y a los Estatutos. Inclusive, se mantuvo la misma organización basada en la idea de que el partido debía consolidarse al calor de las luchas sociales y políticas estrechando los lazos con las organizaciones de de los trabajadores. La fuerte y temprana relación que había entre el movimiento obrero y la corriente socialista, no sólo se logró mantener con el PC, sino que fue profundizada todavía más. Esa relación se había desplegado a través de la Federación Obrera de Chile (FOCH) hacia 1918, gracias a la labor realizada, desde las bases, por impulso de Recabarren.4

Durante los primeros años de vida del PC, entre 1922-1927, los comunistas chilenos, a diferencia de los otros partidos de la región, tuvieron una gran independencia respecto de la KOMINTERN. Los chilenos tenían escaso interés en informar acerca de sus actividades e inclusive, no solicitaban instrucciones a Moscú acerca de cómo proceder, pues estaban más pendientes de las cuestiones nacionales (Ulianova & Riquelme Segovia, 2009).

Hacia fines de la década de 1920 comenzó a advertirse un creciente interés de la URSS hacia América Latina. En ese marco se crearon instituciones dedicadas a la política regional, como el Secretariado (Buró) Sudamericano con sede en Buenos Aires y luego en Montevideo. Estas medidas coincidieron con el proceso de proletarización o bolchevización, impulsado desde Moscú a partir de la VI Internacional Comunista de 1928, en donde se definió la consigna de “clase contra clase”. Esta política tenía como propósito para América Latina, estructurar y disciplinar a los dispersos PCs, evitando las discusiones y las disidencias internas. En Chile, este proceso pudo realizarse en forma más o menos efectiva dada la coyuntura de debilidad que atravesaba el PC, durante la dictadura de Carlos Ibáñez del Campo (1927-1931). Por la gran represión que cayó sobre el Partido Comunista durante el período de Ibáñez, al momento de la caída de éste, en 1931, los comunistas contaban con no más de cien militantes en todo el país (Ulianova & Riquelme Segovia, 2009).

Como es sabido, la década de 1930 abrió una coyuntura crítica para toda la región aunque, para la izquierda chilena, fueron años de crucial relevancia. En 1932 se produjo una experiencia política sin parangón: la instauración de la breve República Socialista liderada por un militar de la aviación, Marmaduque Grove. Interesa este hecho, no tanto por su radicalidad – y menos por su duración (fueron sólo trece días) – sino porque, en términos de Moulian: “planteó la necesidad de cambios radicales e introdujo el tema del socialismo como una alternativa materializable, como una posibilidad” (Moulian, 1985). Era la primera vez en la historia política chilena que pasaba por el gobierno un proyecto socialista y este hecho – podría decirse – marcó el inicio de un ciclo de disputas por la construcción de una hegemonía socialista, cuyo corolario fue la llegada al poder de la Unidad Popular en 1970.

Pese a lectura crítica que realizaba la Internacional sobre la experiencia de Grove, el PC mantuvo diálogos con el gobierno. Es posible que estos contactos de los comunistas tuvieran como propósito capitalizar la experiencia política de los socialistas, o bien asegurarse mantener su liderazgo ante una eventual competencia política con éstos (Ulianova & Riquelme Segovia, 2009). Como sea, este hecho subrayó dos rasgos de la izquierda política chilena: la lectura nacional de los procesos que venían realizando los socialistas, pero también los comunistas, y el temprano diálogo entre las dos fuerzas políticas.

Tras esta breve experiencia, Grove se convirtió en el fundador del Partido Socialista (1933), cuyo origen surgió de la fusión de las principales agrupaciones que compartían ideas cercanas al socialismo.5 El Partido tenía un fuerte carácter nacionalista, cuestionaba a la II Internacional, por considerarla reformista, y a la III Internacional, por su “sectarismo” y por su dependencia de la central rusa.

Con la creación del PS, que se sumaba al ya existente PC, se consolidaba e institucionalizaba un bipartidismo de izquierda potente. Esta gravitación que adquirió la izquierda política chilena fue tal que contribuyó a modelar un sistema de partidos – extendido hasta el golpe de 1973 – que se caracterizó por la polaridad entre izquierdas y derechas, con un partido de centro colocado entre las dos fuerzas políticas.6

Los treinta fueron años de luchas antifascistas en todo el mundo. En ese marco, en línea con el VII Congreso de la KOMINTERN de 1935, el PC tomó como propia la propuesta de formación de un Frente Popular como estrategia de resistencia ante el avance del autoritarismo de la región.7 Esta tesis de “unidad de todas las fuerzas democráticas progresistas”, se solapaba con el viraje que los comunistas habían realizado a partir de 1933, cuando abandonaron la consigna de proletarización y de “clase contra clase”, que los había llevado – según sus propios términos – a un gran “aislacionismo”. Desde entonces, hubo un gran crecimiento y una modificación en la composición social del PC: muchos intelectuales y artistas se integraron a sus filas, atraídos por el discurso anti-fascista e inclusive, algunas posiciones vinculadas a la democracia y el progreso social sedujeron a las capas altas de la sociedad chilena (Rojas Flores, 2000).

En un comienzo, la propuesta del Frente Popular no lograba contentar a las fuerzas políticas. El Partido Radical, insistía en reafirmar su papel de centro a la vez que debían enfrentar disputas internas. Los socialistas sostenían que la idea del Frente “era una combinación híbrida en el gobierno”, y que era necesario crear una “política revolucionaria propia para [el] país”, con “el impulso combativo de la organización política y sindical de los trabajadores y sectores de la clase media”.8

En 1936 radicales y socialistas revisaron su posición. Parte de este cambio puede ser atribuible a la huelga ferroviaria de ese año, que tuvo repercusión de alcance nacional y fue reprimida por el gobierno de Arturo Alessandri (1932-1938). Esto reflotó la idea de formar un Frente Popular, de carácter antiimperialista y anti-reaccionario.9 El impacto de este hecho se potenció con la victoria de la izquierda unida de España y, finalmente, el llamado definitivo a la consolidación del Frente chileno partió de los Radicales. En junio de 1936, se constituyó el FP con: el Partido Socialista, el Partido Comunista y el Partido Radical.

En las primeras elecciones parlamentarias que disputó el FP, en 1937, la derecha logró mantener la mayoría en ambas cámaras. Si bien esto fue leído como un fracaso electoral, sirvió de catalizador de expectativas: la coalición juntaría todavía más fuerzas para las elecciones presidenciales de 1938. Aun siendo el partido mayoritario y con gran injerencia en el movimiento social, el Partido Socialista debió resignar la candidatura de Marmaduke Grove para la fórmula presidencial y fue propuesto el Radical Pedro Aguirre Cerda.

El 28 de octubre de 1938 el FP obtuvo la histórica victoria. Pedro Aguirre Cerda alcanzó el 50,1% de los votos y el candidato de los liberales y los conservadores, Gustavo Ross, el 49,2 % (Moulian, 2006). En 1941 se produjo el fallecimiento de Pedro Aguirre Cerda. A partir de entonces, se precipitó la carrera por la candidatura presidencial en las internas del Frente Popular.

El Partido Radical presentó a Juan Antonio Ríos como candidato, figura que finalmente se impuso. Los socialistas se resistían a postergar nuevamente un cuadro propio, en esta oportunidad, a Óscar Schnake. Sin embargo, debieron claudicar porque, pese a ser ésta una fuerza de peso dentro del Frente, no tenía más apoyo que el de su propio partido, mientras que los radicales tenían apoyo de otros sectores de centro derecha. Los comunistas se inclinaron por alentar un amplio “frente democrático” ante una posible amenaza del fascismo, representada por la candidatura de Carlos Ibáñez. Esto estaba en línea con la política definida en su VI Congreso del Comité Central de julio de 1941, en el cual se definió la “Unidad Nacional como el objetivo táctico y la Revolución Democrático burguesa como el objetivo estratégico”.

Finalmente, Ríos se impuso por sobre la candidatura de Ibáñez, en unas elecciones signadas por un fuerte anticomunismo internacional. El Partido Socialista terminó pasando factura por tantas postergaciones electorales. Los tibios avances del FP dilataban sus demandas, en particular, la reforma agraria. En enero de 1943 se realizó el IX Congreso General Ordinario del partido y se impuso una línea interna que proponía apartarse del gobierno. Este grupo estaba encabezado por Salvador Allende, quien en esa ocasión fue elegido Secretario General.

A partir de su alejamiento, el PS comenzó a evaluar un nuevo contacto con el PC. Al mismo tiempo, el PC planteó la necesidad de constituir un partido único, lo cual entusiasmó a la dirección socialista. Pese a los esfuerzos de ambos lados, las tensiones entre el PS y el PC no se resolvieron y la idea de un Partido Único debió esperar. Principalmente, no hubo acuerdo respecto del proceso que daría lugar a su creación. 10

El PC continuó dentro del FP, aunque, desde 1945 y a instancias del IX Congreso, se cuestionó la tibieza de los cambios del gobierno. A tono con el movimiento comunista internacional, se avanzó en una política menos conciliadora, de fuerte tinte antiimperialista. Mientras tanto, los socialistas continuaron al margen del gobierno frentista.11

En la disputa por la renovación presidencial, los socialistas continuaron con la idea de permanecer al margen del gobierno y se negaron a apoyar la candidatura del radical González Videla, pese a que éste les dirigiera una carta solicitando formalmente su apoyo (Moulian, 2006). Con esta negativa de los socialistas el PC se convertía en una pieza clave y necesaria para la victoria electoral. En las elecciones de 1946, González Videla triunfó con un 40,23% de los votos y el resto del electorado se repartió mayoritariamente entre dos candidatos de la derecha y el presentado por los socialistas.

Durante el primer año del gobierno de González Videla, los comunistas ocuparon tres ministerios, pero la convivencia duró muy poco. En el marco de un fuerte anticomunismo internacional, el presidente expulsó al PC del gobierno, en 1947, y, en 1948, dictó la Ley Permanente de Defensa de la Democracia (LDD). Con esto, la coalición de centro–izquierda que había gobernado por diez años llegaba a su fin.

La promulgación de la LDD también significó una nueva división para los socialistas. Un grupo liderado por Bernardo Ibáñez avaló la proscripción del comunismo y dio apoyo al gobierno de González Videla. Este grupo consiguió conservar el nombre de Partido Socialista de Chile, con el respaldo de la Dirección del Registro Electoral. Otro grupo, mayoritario, se opuso a la postura anticomunista sostenida desde el gobierno. Este otro sector pasó a denominarse Partido Socialista Popular (PSP) y tuvo a Allende como uno de sus miembros. A partir de entonces los socialistas sufrían una de las fracturas más significativas que perduró hasta el año 1957, cuando el PS se volvió a unificar.

Más allá de los avances limitados del FP (no se realizó una reforma agraria, ni se avanzó en la nacionalización de las riquezas básicas y el perfeccionamiento del régimen electoral), la experiencia dejó una huella indeleble en la memoria de la izquierda chilena. En primer lugar, se consolidó la idea de que era posible formar una coalición de izquierdas entre comunistas y socialistas y que con ella se podía acceder al gobierno por la vía institucional. En segundo lugar, evidenció la necesidad de crear un partido de coalición guiado exclusivamente por fuerzas de izquierda, en buena medida por la difícil convivencia que se había dado con el centro radical, que sólo accedía tibiamente a los programas propuestos por la izquierda y, luego, por la expulsión de la que fue objeto el comunismo. Esta desconfianza de la izquierda, en particular de los socialistas, en cuanto a ampliar la alianza política hacia sectores más moderados, marcó los límites de la coalición, desde 1947 hasta la formación de la Unidad Popular en 1969.

Entre el fin de la experiencia del Frente Popular y la Revolución Cubana (1947-1959)

Durante los años que corrieron entre el fin de la experiencia del Frente Popular y la Revolución Cubana, el PC estuvo en la marginalidad política por causa de la LDD. Con todo, pese a los debates internos, los comunistas mantuvieron la tesis de la viabilidad del camino pacífico en la transición hacia el socialismo que defendía su Secretario General, Galo González.12

En tanto, los socialistas atravesaron un proceso de debates, a propósito del apoyo a la candidatura de Carlos Ibáñez en 1952. El PSP apoyó al ibañismo, por considerarlo la única salida democrática a la crisis nacional y porque le permitía el contacto con las masas y lo colocaba en el centro de la política popular.13 Este grupo estuvo liderado por Raúl Ampuero, quien veía en el ibañismo un movimiento antiimperialista capaz de llevar adelante transformaciones nacionales. Esto despertó el rechazo de un sector liderado por Salvador Allende, que se apartó del PSP y se fusionó con el Partido Socialista de Chile. De la fusión surgió el Partido Socialista “a secas”.

En 1952 comunistas y socialistas volvían a ser protagonistas de una alianza política. En este caso se trató de una coalición conformada netamente por agrupaciones de izquierda, que se denominó Frente del Pueblo, y llevó como candidato a Salvador Allende. La conformación de este frente fue posible porque el PC, desde los tempranos años cincuenta, planteaba la necesidad de conformar un Frente de Liberación Nacional y de respetar los cánones institucionales. Es interesante advertir que este marco programático que permitió la alianza con los socialistas fue, inclusive, anterior al XX Congreso del PCUS, de 1956 (Daire, 1988). En la IX Conferencia Nacional de 1952, se confirmó la estrategia institucional de participación en el sistema democrático:

El Partido Comunista considera indispensable la vuelta del r égimen democrático. Repudia cualquier maniobra y tentativa de cualquier lado que provenga, que tenga como fin crear una situación de golpes y contragolpes. Nuestro Partido es enemigo de los golpes de Estado.14

El PC, que se encontraba bajo la direcci ón de Galo González, sostenía que el gobierno democrático de liberación nacional debía ser de una amplia coalición capaz de avanzar hacia la revolución democrático-burguesa, dando por tierra a la dominación imperialista y a sus resabios feudales, para luego acercarse al socialismo (Daire, 1988).

Si bien en las elecciones de 1952, el candidato del Frente del Pueblo, Salvador Allende, no hizo una buena elección, pues alcanzó apenas el cuarto lugar, esta experiencia marcó el inicio de una etapa de alianzas dentro del campo de la izquierda. La unificación de la izquierda política tuvo una gran repercusión en el movimiento sindical y, gracias a este impulso, se constituyó, en abril de 1953, la Central Única de Trabajadores (CUT), con Clotario Blest como su Secretario General.15 Del proceso de unificación participaron trabajadores de todas las tendencias, desde comunistas y socialistas hasta anarquistas, radicales, falangistas y trotskistas (Moulian, 2006).16 Con todo, las fuerzas mayoritarias que impulsaron la unidad fueron las dos primeras. Por ello, si bien dentro de la Central convivían marxistas y no marxistas, fueron los socialistas y, especialmente, los comunistas quienes rápidamente se hicieron de la dirección, apoyándose en los antiguos sindicatos de la minería, la construcción y las manufacturas (Drake, 2001).

En 1956, en ocasión del X Congreso, el PC definió su programa político en torno a dos cuestiones centrales: la revolución democrático-burguesa y la vía pacífica en el tránsito hacia el socialismo. Si bien ambas tesis se encontraban en varios documentos anteriores, su confirmación como línea oficial fue en 1956, tras conocerse las declaraciones del XX Congreso del PCUS.

El PC defendía la tesis de la vía pacífica institucional, que privilegiaba la acción parlamentaria por sobre el enfrentamiento armado en el camino del acceso al poder. Esta política no descartaba la posibilidad de la lucha armada, siempre y cuando ésta fuese inevitable. La acción parlamentaria debía ir de la mano de un amplio movimiento social de masas dirigido por el movimiento obrero.17

La cuestión de la vía pacífica tenía eco en los distintos PCs de la región, sin embargo, en Chile, cobró mayor relevancia por la experiencia previa del Frente Popular. Sobre la posibilidad de realizar transformaciones democráticas por la vía pacífica, un documento de 1956 sostenía:

Esta cuesti ón ha sido planteada desde la alta tribuna del XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética. Pero, en verdad ya había sido planteada por la vida. (…) En Chile se había demostrado la posibilidad de utilizar la vía parlamentaria para el ascenso al poder de las fuerzas populares.18

Ese mismo a ño, el Secretario General del PC, recordó la experiencia del Frente Popular:

Hace 18 a ños logramos el triunfo del Frente Popular. En este lapso ha habido cambios fundamentales en el terreno nacional e internacional. Cerca de la mitad de la humanidad marcha por el camino del socialismo… (…) Si no hemos podido aún conquistar transformaciones de fondo, revolucionarias, como serían la realización de un Programa de Liberación Nacional y un Gobierno de Liberación Nacional, ha sido porque sólo recientemente hemos comenzado a consolidar la unidad de la clase obrera y el entendimiento de socialistas y comunistas...19

Los comunistas y los socialistas ten ían diferentes posturas. Mientras el PC asignaba un papel importante a las burguesías nacionales y a los partidos intermedios, los socialistas defendían la tesis del Frente de Trabajadores y veía con mayores reticencias la alianza de clases con la burguesía. El PS planteaba la necesidad de realizar una plataforma más avanzada, que prescindiera de la burguesía. Tras largos e intensos debates, los comunistas privilegiaron la unidad y la coalición continuó a paso firme, bajo la idea de la “coalición estrecha” (Moulian, 2006; Jobet, 1971).

El rechazo a las medidas económicas de corte ortodoxo que pretendía aplicar el del gobierno de Ibáñez (1952-1958) y a la fuerte represión que se aplicó sobre el movimiento obrero – que incluyó la detención del presidente de la CUT – potenció la unidad de la izquierda. Así, en 1956, luego de intensos debates entre socialistas y comunistas, el Frente del Pueblo devino en el Frente de Acción Popular (FRAP). Éste se autodefinía como “un núcleo aglutinador de las fuerzas que estén dispuestas a luchar por un programa antiimperialista, antioligárquico y antifeudal”.

En 1957 se produjo un estallido social en Santiago que fue reprimido por las fuerzas de seguridad. Este hecho alentó la unidad en el seno de los socialistas quienes, desde 1947, se hallaban divididos.20 Ya en agosto de 1956, el Comité Central del Partido Socialista Popular había incluido en el orden del día las tareas de unidad y el Secretario General del PSP sostuvo: “Las nuevas condiciones exigen revisar, a la vez, la antigua cuestión de la reagrupación socialista. (…) Los obstáculos ideológicos más importantes han desaparecido en el camino hacia la restauración de la unidad”.21

Para el PSP, la unificación del socialismo era una acción necesaria para fortalecer al recientemente creado FRAP, coalición en la cual se encontraba el sector socialista que representaba Allende. Así, en 1957, y luego de casi diez años de división, el PSP y el PS se unificaron. El nuevo partido reafirmaba la línea del “socialismo revolucionario”, el rechazo a la colaboración con los partidos centristas y una actitud crítica pero de colaboración con los comunistas.

Con el Partido Socialista unificado y un Partido Comunista que recuperaba la legalidad, tras la derogación de la Ley Maldita en 1958, la coalición de izquierdas fue tomando mayor vigor. En las elecciones presidenciales de 1958 participó Salvador Allende como candidato del FRAP. Los resultados arrojaron un resultado auspicioso: el candidato proveniente del socialismo había saltado del 5,4% en las elecciones de 1952 al 28,5% en éstas, ubicándose a sólo 30.000 votos del candidato triunfante, el derechista Jorge Alessandri.

La Revolución Cubana, el debate sobre las vías y la creación de la Unidad Popular. La alianza continúa (1959-1970)

La Revolución Cubana señaló un antes y un después en la izquierda Latinoamericana. Como es sabido, a partir de entonces, se instaló con fuerza un debate que, en realidad, no era nuevo en el campo de la izquierda: cuál era la vía más eficaz (la armada o la pacífica) en la transición hacia el socialismo. En la mayoría de los países esta cuestión profundizó las diferencias entre los comunistas – siempre proclives a defender la tesis de la vía institucional – y los socialistas.22 Por el contrario, en Chile, pese a los grandes debates que existieron entre las dos fuerzas políticas, primó la coalición electoral. Inclusive, la alianza se terminó de robustecer, cuando se creó la Unidad Popular en 1969, que optó por ampliar los márgenes de la coalición, incluyendo a partidos de centro. Por esta ampliación y por el crecimiento electoral que venía teniendo la izquierda, en cada elección presidencial (1952: 5,4 %; 1958: 28,5 %; 1964: 38,6%) fue posible la victoria electoral de la UP en 1970.

En 1958, tras el fallecimiento de Galo González, el PC pasó a estar presidido por Luis Corvalán Lepez. No obstante, no hubo cambios en línea política: aun después de la revolución cubana, el PC ratificaba la tesis de la vía pacífica. Los comunistas sostenían que las posibilidades de conquistar el poder por una vía pacífica eran más factibles que en el pasado, en virtud de los cambios operados en la situación internacional, dado que el socialismo había demostrado su superioridad por sobre el capitalismo.

La preparaci ón para la alternativa violenta no consiste, donde hay posibilidad de la vía pacífica, en empeños como el de crear ya destacamentos armados. Esto conduciría en la práctica a tener una doble línea, (…) y podría exponer al movimiento popular, o a una parte de él, a la aventura, a la provocación putchista, a una línea izquierdista y sectaria.23

En estos tiempos, nuevamente aparecía mencionada la experiencia del Frente Popular, como un antecedente que mostraba la viabilidad de las coaliciones y de la vía institucional: “el movimiento popular chileno, en virtud de las condiciones históricas concretas de nuestro país ha venido desenvolviéndose por la vía pacífica desde hace varias décadas, desde los tiempos del Frente Popular…”.24

Los debates generados en la izquierda pol ítica alcanzaron a la CUT. Así, en 1960, un grupo liderado por el presidente de la Central, Clotario Blest, formó el Movimiento 3 de noviembre (MN3- nominación que evocaba el paro general realizado en 1960), cuya principal consigna era el rechazo a toda posible colaboración de clases y a la vía pacífica, al tiempo que se proclamaba por la instalación de un régimen revolucionario dirigido por los trabajadores.25 En 1961, las diferencias entre la línea de los comunistas, que tenía fuerte presencia en la CUT, y Blest se hicieron insostenibles. Por tal motivo, este último presentó su renuncia en octubre de 1961. Tras su renuncia, se formó el Movimiento de Fuerzas Revolucionarias, de carácter insurreccional que nucleaba a un sector de trabajadores sindicalizados y a distintos grupos provenientes de la izquierda (trotskismo, maoísmo, socialistas y comunistas disidentes) que impulsaban la lucha insurreccional.

Desde las filas del comunismo se escuchó una de las voces más fuertes en contra de la línea insurreccional que encabezaba Blest. Así, sostuvieron en octubre de 1961: “en el último tiempo, en nuestro país, elementos trotskistas, anarquistas y otros que giran bajo su influencia, como el ex Presidente de la CUT, Clotario Blest, han querido sacar patente de partidarios de la vía violenta”.26 Para los comunistas, la lucha por la revolución debía ser una lucha de masas y no una lucha que apelase a la “acción directa” o al “aventurerismo” de algunos sectores.

Por su parte, el Partido Socialista tenía una posición menos contraria a la vía insurreccional. Con todo, continuaba defendiendo la importancia del FRAP, tal como se hizo ver en el XIX Congreso General Ordinario, realizado en 1961. En materia de política internacional, se ratificaba la postura que los socialistas habían mantenido históricamente, contraria a los bloques hegemónicos. Al mismo tiempo, se defendía una integración democrática de las fuerzas revolucionarias en la lucha contra el capitalismo imperialista.27

Los comunistas debieron enfrentar el impacto de la disputa chino-soviética que se hacía cada vez más notoria en el comunismo internacional y eso fogoneaba los debates internos de Chile. Con todo, el PC logró afianzar su adhesión a la línea de soviética y continuar con la vía pacífica. Entre 1962 y 1963 comenzó a evaluarse seriamente la probabilidad de conseguir una victoria electoral, de cara a las elecciones presidenciales de 1964.

Pese a las discusiones que libraban comunistas y socialistas la coalición continuaba. En rigor, los comunistas no encontraban ninguna contradicción entre el FRAP y el marco programático frentista y gradualista que venía proponiendo desde antes del XX Congreso del PCUS. En cambio, en las filas del PS, esta postura exigió redefiniciones, sobre todo para los socialistas más radicales. Tres de los dirigentes socialistas de peso, Salomón Corbalán, Raúl Ampuero y Salvador Allende, sostenían que el tránsito al socialismo debía llevarse a cabo mediante un doble juego: el Frente de Trabajadores y las necesidades eleccionarias.

En las elecciones de 1964 se impuso el candidato de la Democracia Cristiana Eduardo Frei Montalva (1964-1970). Para ser justos habría que decir que Allende, en su tercera contienda electoral como candidato a presidente, no hizo una mala elección, pues alcanzó el segundo lugar. El factor decisivo de la derrota fue el apoyo brindado por la derecha al candidato demócrata cristiano. En un contexto de furibundo anticomunismo regional y local, potenciado por el temor que suscitaba el crecimiento de la figura de Allende, las derechas optaron por apoyar el proyecto reformista que encabezaba Frei, en línea con la Alianza para el Progreso. En otros términos, para las derechas chilenas Frei parecía ser la mejor estrategia de contención al comunismo.

El impacto de la derrota del FRAP significó, para algunos grupos dentro de la izquierda, la ratificación de la necesidad de pasar a la vía armada. Muchos de estos sectores convergieron, en 1965, en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) (Sandoval Ambiado, 1990; Ahumada, Garcés & Pinto, 2004; Vitale, 1971). Por su parte, tanto el PC como el PS, optaron por dar continuidad a la coalición, pese a la gran decepción que implicó la derrota de Allende. Con todo, fue a partir de aquellas elecciones que se reinstaló con fuerza un debate que venía desde la mitad de los años 1950: el carácter y la amplitud de la coalición del frente.

El PC sostenía la necesidad de trabajar con algunos sectores que giraban en torno al Partido Radical (debate que duró entre mediados de los años 1950 hasta 1969 que se formó la UP) y a la Democracia Cristiana (controversia que se mantuvo hasta poco antes del fin de la dictadura militar) (Corvalán, 1971). Para el PS, todo lo contrario. La derrota electoral de 1964 demostraba que era momento de consolidar los límites de la alianza desde una perspectiva más clasista.

En junio de 1965 el PS realizó su XXI Congreso General Ordinario. Allí se ratificó la línea nacional e internacional y se definió continuar con el fortalecimiento del FRAP. En ese mismo Congreso fue electo Aniceto Rodríguez como Secretario General en reemplazo de Raúl Ampuero. Para entonces, había transcurrido casi un año del gobierno de Frei y los socialistas tenían un diagnóstico duramente crítico. Según éstos, el PDC era un movimiento reaccionario y antisocialista, con un programa de corte netamente capitalista que, paradojalmente, se apoyaba orgánicamente en amplios sectores de masas.28 Esto último era un gran desafío para la izquierda: enfrentar a un gobierno que, con objetivos distintos a los socialistas, movilizaba al pueblo con un programa que, en muchos aspectos, era similar al de ellos.

Para los socialistas, el FRAP debía “constituirse en un efectivo Frente de Clase”. Era momento de consolidar un movimiento popular mediante una política de “contornos precisos y definidos” descartando las alianzas híbridas con fuerzas no trabajadoras como el Partido Radical, “u otras fuerzas minúsculas pseudoizquierdistas”. El PS continuaba sosteniendo la tesis del Frente de Trabajadores, cuyo programa, si siguiera el carácter clasista de la alianza, no tenía por qué entrar en contradicción con la unidad socialista-comunista.

Con relación al problema de las elecciones y la lucha armada, el PS sostuvo: “afirmamos que es un dilema falso plantear que debemos ir por la “vía electoral” o la “insurreccional”. El partido tiene un objetivo, y para alcanzarlo deberá usar todos los medios que la lucha revolucionaria haga necesarios” (Jobet, 1971).

Tras ocurrir el primer año del gobierno de Frei, el PC también celebró un Congreso, el N° XIII, en octubre de 1965. Allí, ratificaron la necesidad de robustecer el FRAP, aunque desde un lugar distinto que los socialistas. El PC sostuvo que era necesario ampliar la alianza entre las diferentes fuerzas sociales, incluyendo a todas las capas sociales que asumieran un carácter antiimperialista y antioligárquica.29 Es decir, había que avanzar más allá de los límites de clase.

El PC mostraba algunas discrepancias con el PS respecto del potencial de la Democracia Cristiana. Si bien había coincidencias en cuanto a que los objetivos de Frei eran revitalizar el capitalismo; para los comunistas, el carácter pluriclasista del PDC hacía que, dentro de la alianza, hubiera algunos componentes con una inclinación de izquierda. Además, a pesar del entendimiento del PDC con la derecha, en muchas cuestiones, también había ciertas contradicciones entre la democracia cristiana y la oligarquía.

En esta línea, el Secretario General del PC, Luis Corvalán, sostuvo que no se planteaba la colaboración con el gobierno demócrata cristiano. Se trataba de avanzar en una acción común en la demanda de objetivos concretos, sin importar quienes coincidían en la lucha: si eran las fuerzas populares de la oposición o quienes estén en el gobierno, como la democracia cristiana y los radicales.30

Aun con sus discrepancias, los socialistas reafirmaban su propósito de fortalecer el entendimiento con el PC, aunque seguían cuestionando la incorporación del centro político chileno como un aliado. Esto tuvo su punto de mayor tensión en 1966, en una polémica que se desarrolló a nivel de las cúpulas directivas. Para los socialistas, las tibias críticas del PC a la Democracia Cristiana, no eran más que un “apoyo crítico” al gobierno, mientras que para ellos, la disyuntiva versaba entre la “DC burguesa o socialismo”.31

En el XXII Congreso del PS, celebrado en noviembre de 1967, volvió a aparecer este debate, pero, todavía, con una postura más radical.32 No es casual que este congreso haya ocurrido luego de dos acontecimientos de crucial repercusión: en enero de 1966 se había celebrado la Conferencia Tricontinental en La Habana, a la cual el PS había enviado una delegación presidida por Salvador Allende, y en agosto de 1967 se había llevado a cabo la Primera Conferencia de la OLAS, a la cual también habían asistido.

En el XXII Congreso el PS endureció su posición respecto de la alianza con cualquier sector de la burguesía y alentó la necesidad de propiciar la revolución socialista a escala internacional, aun sin descartar la participación en las contiendas electorales. Además hizo pública su posición sobre la violencia:

La violencia revolucionaria es inevitable y leg ítima (…). Constituye la única vía que conduce a la toma del poder político y económico y a su ulterior defensa y fortalecimiento. Sólo destruyendo el aparato burocrático y militar del estado burgués, puede consolidarse la revolución socialista... (…) Las formas pacíficas o legales de lucha (reivindicativas, ideológicas, electorales, etc.) no conducen por sí mismas al poder.33

Tras este Congreso, el PS debía enfrentar una nueva disyuntiva de cara a las elecciones parlamentarias de marzo de 1969. Apartarse de la disputa electoral significaba caer en un aislamiento, un costo político que no estaban dispuestos a pagar. Comenzaron, entonces, las negociaciones internas dentro del FRAP.

Nuevamente, saltaron las tensiones entre el Frente de Trabajadores que propon ían los socialistas y el Frente de Liberación Nacional de los Comunistas. Tensión que se agudizó, todavía más, en ocasión de la invasión de la URSS a Checoslovaquia, acto repudiado por todo el arco del PS. Con todo, el FRAP siguió unido y el PS, pese a las declaraciones revolucionarias del XXII Congreso, participó de la contienda electoral, bajo la línea de la “unidad popular”. 34

El resultado electoral le terminó dando la razón al FRAP. La Democracia Cristiana, luego de 5 años de gobierno, continuó siendo la primera fuerza política, con el 29,78%, pero perdía la mayoría parlamentaria. Por su parte, la derecha mostraba su reagrupamiento en torno al Partido Nacional,35 el cual evidenciaba un gran crecimiento, alcanzando el 19,97%. El PC obtuvo el 15,9%, el Partido Radical el 12,9% y el PS 12,3% (Moulian, 2006).

Estas elecciones revelaron varias cuestiones: un leve crecimiento de la izquierda, la estabilidad del caudal electoral del PR y una importante merma del PDC, que había disminuido en un 12,51 % respecto de las elecciones parlamentarias de 1965. El gran ganador de la jornada fue el Partido Nacional, que lograba constituirse en la segunda fuerza política. Asimismo, el PDC demostraba que no era capaz de canalizar las expectativas de la derecha, la cual prefería “cortarse sola” con el Partido Nacional, creado en ese mismo año 1969. En definitiva, este resultado mostraba un panorama político de creciente polarización, lo cual fue aún más evidente en las presidenciales de 1970.

El PS continuó debatiéndose entre las proclamas revolucionarias radicales y la contienda electoral. Pese a las declaraciones políticas que seguían defendiendo el Congreso de 1967, en la práctica, los socialistas se ajustaron a la táctica del FRAP, retomando la propuesta del PC. Dentro del PS uno de los grandes impulsores de la unidad fue, indudablemente, Salvador Allende.

Por su parte, el PC insistía en que todo alineamiento estrecho de fuerzas haría muy difícil una victoria del pueblo. En línea con la política de la URSS a escala mundial, los comunistas bregaban por la ampliación del FRAP en el marco de una alianza que incorporara a otras fuerzas progresistas del centro político chileno.36

Para el 23 de noviembre de 1969, en ocasión de la celebración del XIV Congreso Nacional del PC, se aprobó la consigna “Unidad Popular para conquistar un Gobierno Popular”. Allí se sostuvo: “la clave para resolver la cuestión del poder a favor del pueblo está en la unión de sus fuerzas, en la construcción de la unidad popular”. También, hubo una interpelación al PS, al recordar los casi 14 de años de entendimiento político entre ambos partidos. Entendimiento que, según ellos, se había basado en “la lucha por los intereses de los trabajadores, por la revolución antiimperialista y antioligárquica y por el socialismo”.37

En 1969 se realizó la convocatoria por la ampliación del FRAP, de cara a las elecciones de 1970. Los Partidos Comunista y Socialista convocaron al Partido Radical, al Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU),38 al Partido Socialdemócrata y a la Acción Popular Independiente (API).39 Tras unas jornadas de largos debates, el 7 de octubre de 1969, el FRAP devino en la Unidad Popular. El 17 de diciembre de ese mismo año, los seis partidos convocados acordaron un Programa Básico de gobierno de la UP. Para la elaboración del Programa se tomaron las resoluciones de los congresos o las convenciones de los distintos partidos, a los fines de acordar algunos lineamientos básicos entre las distintas fuerzas políticas.

En el Programa se caracterizaba a la situación chilena como de crisis profunda, de “estancamiento económico y social”. Chile es un país “capitalista, dependiente del imperialismo y dominado por sectores de la burguesía estructuralmente ligados al capital extranjero”. Las recetas reformistas y desarrollistas del gobierno de Frei no alteraron las estructuras sino que se trató de un gobierno de la burguesía al servicio del capitalismo nacional y extranjero.

Para elegir al candidato a presentarse en las elecciones de 1970, se constituyó una mesa redonda en la cual cada partido propuso una figura: Pablo Neruda por el PC, Alberto Baltra por el PR, Salvador Allende por el PS, Jaques Chonchol por el MAPU y Rafael Tarud por el Partido Socialdemócrata y la API. Luego de largos debates y gracias al apoyo del PC que, en pos de un acuerdo retiró la candidatura de Neruda, fue electo el senador socialista Salvador Allende y, el 22 de enero de 1970, se lo proclamó oficialmente. A partir de allí, se inició la campaña presidencial que finalizó el 1° de septiembre, tres días antes de las elecciones.

En esta contienda electoral las derechas ratificaban su posición de seguir un camino propio. Tras las parlamentarias de 1969, éstas estaban seguras de que el PDC y su candidato Rodomiro Tomic, no eran una buena alternativa para enfrentar a la izquierda. Además, los latifundistas habían intentado una alianza con el centro político en 1964 y el resultado había sido la “traición” de Frei con la reforma agraria. Ahora, en 1970, tenían claro que no volverían a pasar por lo mismo. Por ello, presentaron como candidato al expresidente Jorge Alessandri, una fórmula vieja pero probablemente más efectiva.

El 4 de septiembre se celebraron las elecciones presidenciales que dieron el siguiente resultado: Allende se impuso con el 36,2%; lo siguió el candidato derechista, Alessandri, con un 34,9% y a éste, el candidato de la democracia cristiana, Tomic, con 27,8%. Puesto que la UP no había alcanzado una abrumadora mayoría, resultaba necesario que Allende ratificara su victoria a través del Congreso. Todavía, el centro y la derecha tenían chances de frenar el avance de Allende. Pero, para ello, era necesario que los parlamentarios del PDC le dieran los votos a Alessandri, en el momento de la votación dentro del Congreso.

Las derechas pergeñaron una estrategia legal para impedir el acceso de Allende a la presidencia. Hasta pensaron un artilugio para que Eduardo Frei se mantuviera en el poder. Si el Congreso elegía a Alessandri y éste renunciaba al día siguiente, esgrimiendo motivos de salud, podía presentarse Eduardo Frei como candidato, quien contaría con apoyo de la derecha y, por su puesto, de la propia Democracia Cristiana. Después de todo, el presidente en retirada se presentaba como un mal menor, una vez que había ganado la UP.

Finalmente, esta estratagema política no prosperó. Frenar el avance de Salvador Allende, quien se había constituido en el ganador de una elección libre y democrática, tenía un costo político que los demócratas cristianos prefirieron evitar. El 24 de octubre, el líder socialista fue ratificado por una votación en el Congreso, que arrojó los siguientes resultados: 153 votos a favor de Allende, 35 a favor de Alessandri y 7 votos en blanco. Así, se ponía en marcha la “vía chilena al socialismo”.

Tras el golpe de Estado y la instauración de la dictadura militar (1973-1990) la Unidad Popular se desmembró y el Partido Socialista se dividió. En el plebiscito de 1980 convocado por el régimen, la izquierda optó por no participar, teniendo en cuenta que los militares habían quemado los registros electorales y los propios partidos estaban en “receso”. Sin embargo, en el plebiscito de 1988 donde se dirimía la continuidad del régimen, la izquierda, optó por participar, aportando votos para el NO. Desde la transición hasta esta parte, el sistema político chileno se articuló en torno a dos grandes coaliciones: la Concertación de Partidos por la Democracia, que aglutinaba al Partido Socialista y a la Democracia Cristiana, más otras fuerzas menores, y la Alianza por el Cambio, que reunía a las fuerzas de derecha, Renovación Nacional y Unión Demócrata Independiente. En este esquema, modelado por el sistema binominal implantado por la dictadura, el Partido Comunista había optado por permanecer al margen de la Concertación. A partir del año 2008 esa posición de los comunistas se modificó y se fueron estrechando los vínculos en forma gradual, hasta la articulación orgánica que se produjo en el año 2013 y llevó a la candidatura de la actual presidente Michelle Bachelet (2014-). En abril de 2015 el gobierno de Bachelet derogó el sistema binominal mediante el cual es posible avanzar en una mayor representación representatividad para las regiones, mayor participación femenina y, especialmente, menos barreras para el crecimiento y desarrollo de los partidos menores e independientes. Con estas modificaciones, resulta esperable que, en el tiempo el mapa político chileno advierta algunos cambios que aún hoy no se pueden pronosticar.

Conclusiones

En este trabajo hemos procurado revisar la historia de los debates y los acuerdos pol íticos entre los comunistas y los socialistas en Chile. Si bien éste no es un estudio que aplique el método comparativo strictu sensu, indudablemente, la pregunta por la viabilidad de las coaliciones electorales en la izquierda de Chile estuvo en diálogo con la historia política regional, más exactamente, conosureña. Por el contraste que evidencia, Chile llama la atención. Sin contar el tiempo que duró la experiencia del Frente Popular, fueron 21 años (entre 1952 y 1973) en los cuales perduró una coalición electoral. ¿Cómo y por qué fue posible esta relación entre las dos principales fuerzas políticas?

El año 1932 pareciera ser una buena puerta de entrada. La República socialista marcó el agotamiento del orden oligárquico de un modo singular: se trató de un proyecto socialista que, aunque breve, mostró la posibilidad de alcanzar el poder del Estado. Este hecho quedó como un legado insoslayable en la memoria de la izquierda. Trazando una lectura de más larga duración podría decirse que, a partir de entonces, se inició un ciclo de disputas por la hegemonía de un proyecto socialista, cuyo corolario fue la victoria electoral de la UP en 1970.

Tras ese acontecimiento, en 1933 se creó el PS, que se sumó al ya existente PC. Así, las dos fuerzas de izquierda se terminaron de institucionalizar en momentos en que se definía la cartografía del espacio político moderno (que perduró hasta 1973). Esto contribuyó a delinear, desde el origen, un sistema de partidos que se caracterizó por la polaridad entre las izquierdas y las derechas, con un partido de centro. Así, la izquierda chilena obtuvo una incorporación relativamente temprana a la política institucional.

La experiencia del Frente Popular fue otro evento significativo para la izquierda, pues se trató de la primera oportunidad en la cual comunistas y socialistas compartían una coalición electoral. Por tratarse de la primera alianza y por el modo en que ésta accedía al poder, a través de la vía institucional, el Frente constituyó un antecedente indiscutido en la memoria de la izquierda. Gracias a esta experiencia, las coaliciones electorales que se crearon a partir de los años cincuenta tenían una referencia histórica a la cual recurrir.

La década de 1960 es, seguramente, la más difícil de comprender. Como en el resto de los países de la región, el debate en torno a las vías (armada o pacífica) tuvo eco en Chile. Con todo, aun después de la Tricontinental (1966) y la OLAS (1967), que invitaban al internacionalismo revolucionario, la alianza comunista-socialista quedó intacta. Ya se ha dicho que el PC no tuvo mayores controversias en continuar con la vía institucional, pues esa había sido su posición desde los tempranos años cincuenta, postura que se ratificó luego del XX Congreso del PCUS. En cambio, los socialistas, más proclives a aceptar la posibilidad de la vía armada, tuvieron mayores debates internos. Así y todo, privilegiaron la unidad de la izquierda y su participación en la arena electoral.

La incorporación temprana de la izquierda en la vida política institucional, la experiencia del Frente Popular y el crecimiento que mostraba la coalición en cada una de las contiendas electorales constituyen algunos de los factores que nos permiten comprender por qué en Chile primó la matriz institucional.


Notas

1 Este trabajo es una ampliación y revisión de la ponencia presentada en el Latin American Studies Association 2012, San Francisco, California, en el Panel: Democracia y revolución en América Latina: dilemas e itinerarios de socialistas y comunistas en Argentina, Chile y Uruguay (c.1959-1976).

2 En Brasil, si bien el Partido Comunista no ha sido predominante en la arena política general, sí fue hegemónico dentro del campo de la izquierda, por sobre las corrientes socialistas. Así, para los comunistas brasileños, establecer un diálogo con partidos de menor envergadura constituía una tarea de menor urgencia. Con el advenimiento del populismo, los debates estuvieron trazados en torno a la relación con el varguismo y su fuerte vinculación con el movimiento obrero. En Argentina, comunistas y socialistas tuvieron una significativa presencia. Sin embargo, como ocurrió en Brasil, la cuestión del populismo y el qué hacer con el peronismo, se convirtió en uno de los ejes divisores de aguas tanto dentro del Partido Socialista como del Partido Comunista. Uruguay comparte con Argentina y Chile la existencia de un bipartidismo de izquierda constituido por comunistas y socialistas. Con todo, pese a los intentos infructuosos de establecer una coalición electoral que nucleara a ambas corrientes, esto pudo efectuarse recién en 1971, cuando se creó el Frente Amplio que retomaba la experiencia de la Unidad Popular chilena.

3 La gravitación de las ideas socialistas se hizo notable en Chile durante la última década del siglo XIX. Muchos de sus partidarios, aunque no exclusivamente, provenían del Partido Democrático (1887). Luis Emilio Recabarren, quien integraba este último partido, fue una de las figuras que mayormente impulsó el despliegue de las ideas socialistas, cuyo resultado fue la constitución del Partido Obrero Socialista en 1912. Los primeros años del POS fueron una etapa de dispersión, de hecho, hasta 1915, el POS fue una organización fundamentalmente asentada en las provincias salitreras del norte, en Tarapacá y Antofagasta, y en el resto del país contaba con débiles bases en Santiago, Valparaíso, Viña del Mar, Concepción, Talcahuano y Punta Arenas. Entre 1915 y 1917 el POS logró un avance y un crecimiento sostenido luego de que se impulsara un trabajo de militancia en ciertas provincias y se definiera un programa mínimo y un estatuto orgánico. Véase Grez Toso (2011), Pinto Vallejos (1999), Álvarez (2003).

4 La Federación Obrera de Chile (FOCH) fue creada en 1909 por los obreros de la empresa Ferrocarriles del Estado. Si durante los primeros años se limitó a canalizar demandas netamente gremiales, hacia fines de 1916 la FOCH actuaba como un organismo sindical, ampliando sus bases a otros gremios, promoviendo luchas reivindicativas y representando obreros. En 1936 concluyó la experiencia de la FOCH, cuando se creó la Confederación de trabajadores de Chile (CTCh). Veáse Grez Toso (2011).

5 Entre los grupos se destacan: la Nueva Acción Pública (NAP), la Acción Revolucionaria Socialista (ARS), el Partido Socialista Marxista, el Partido Socialista Unificado y la Orden Socialista. Véase Jobet (1971), Casanueva Valencia & Fernández Canque (1973).

6 En estas primeras décadas del siglo XX, cuando se terminó de delinear la cartografía del espacio político moderno, caracterizado por ser un sistema de tres fuerzas (izquierda, centro y derecha), el lugar de centro fue ocupado por el Partido Radical (1881). Más tarde, en los años sesenta, este espacio fue ocupado por el Partido de la Democracia Cristiana (1957).

7 Según el PC, era necesario formar un: “Frente Único de lucha, (…) un Frente Popular (…) que una a los diversos partidos sobre la base de una plataforma común (…) que marche hacia la conquista del poder político sosteniendo la consigna de “todo el poder al Frente Popular”. Periódico Frente Único, 2ª semana, 07-1935, Editorial Cinco Conclusiones, en Milos (2008).

8 Discurso de Oscar Schnake de agosto de 1935, en Casanueva Valencia & Fernández Canque, (1973).

9 Un antecedente del Frente Popular ocurrió entre 1934 y 1935, cuando se creó el Bloque de Izquierda (Block) por iniciativa de la dirigencia socialista. En ese bloque se integraron los Partidos Radical, Socialista, Democrático y el ala Izquierda Comunista. Estos últimos eran una fracción liderada por Manuel Hidalgo, que se había apartado del Partido Comunista en 1933. Véase Milos (2008).

10 En agosto de 1943 se realizó el IV Congreso General Extraordinario. En ese Congreso se definió que si bien el Partido Socialista se retiraba del Frente Popular, se comprometía a acompañar algunas medidas dentro de la acción parlamentaria. En esa oportunidad, se aprobaron dos medidas clave en materia de política interna: “a) El partido socialista no participará con responsabilidades en el gobierno; b) colaborará con su acción parlamentaria y con sus cuadros partidarios, al margen de las responsabilidades del Ejecutivo, siempre que el gobierno considere el plan que presentará el Partido, referido a materias económicas y sociales”. Resolución del IV Congreso General Extraordinario de 1943, en Jobet (1971: 179). En relación con la creación de un Partido Único, el PS acordó que avanzaría en esa dirección. No obstante, sostuvo que ese partido debía ser la culminación de un proceso de madurez en el campo político y sindical y no de iniciación. Además, las relaciones entre los partidos debían ser “única y exclusivamente entre las directivas nacionales y regionales” (Jobet, 1971:179). Esta era una alusión velada a las vinculaciones del PC con el PCUS. Por el PC véase Gómez (1988).

11 En 1944, el PS sufrió una escisión: un grupo liderado por Marmaduke Grove se apartó del PS y creó el Partido Socialista Auténtico (PSA).

12 Con el paso a la clandestinidad un grupo minoritario liderado por Luis Reinoso propuso un programa de carácter más rupturista que incluía la creación de un brazo armado. Incluso, proponía la tesis de la necesidad de implantar la democracia popular, una versión similar a la dictadura del proletariado. Esta línea fue derrotada dentro del PC y duramente criticada por la dirección en manos de Galo González. La expulsión del grupo liderado por Reinoso se produjo en 1951 y fue ratificada en 1952. Varios de sus integrantes formaron el Movimiento de Resistencia Antiimperialista (MRA). A mediados de 1960, algunos de sus militantes se sumaron al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), como Martín Salas. Al respecto véase Hernán Venegas (2005).

13 El apoyo del PSP al gobierno de Ibáñez duró sólo un año. Era claro que el presidente no pensaba llevar adelante un programa destinado a “destruir los privilegios de la oligarquía y a liberarnos de la presión imperialista”, tal como esperaba el PSP, según lo proclamado en el XIV Congreso de 1952.

14 IX Conferencia Nacional del Partido Comunista de Chile, septiembre de 1952.

15 Blest fue una figura clave en este proceso y colaboró junto a figuras que venían de una matriz trotskista, como Humberto Valenzuela. Blest conoció a Recabarren en la década de 1920 y se vinculó a los socialistas. Apoyó la experiencia de la República Socialista y luego la del Frente Popular. Desde los años de 1920, se vinculó a la Juventud Católica, llevando a cabo tareas de acción social, aunque desde una posición crítica de la cúpula eclesial. Desde allí en adelante, las bases del cristianismo social continuaron en su pensamiento. En 1953, asumió la dirigencia de la CUT, cargo que abandonó en 1961 por diferencias en cuanto a los procesos de cambio social, particularmente, tras la Revolución Cubana. Véase Echeverría (1993).

16 Durante el primer congreso de la CUT, los anarquistas eran la tercera fuerza, con un 7,9%, superando a radicales y democratacristianos.

17 En el X Congreso (1956), el PC sostuvo: “¿Por qué vías se producirán estas transformaciones?... el imperialismo y la oligarquía han necesitado recurrir… a la destrucción del régimen democrático para impedir los cambios (democráticos). Y el pueblo de Chile, para realizar las grandes tareas de la revolución democrática, debe crear las condiciones para que la clase obrera y demás fuerzas populares y progresistas asuman el poder por la vía pacífica”. Informe del Comité Central del Partido Comunista de Chile, rendido por el Secretario General, Galo González. Conclusiones del X Congreso Nacional del Partido Comunista de Chile, 1956.

18 En Revista Principios, N° 35, julio-agosto de 1956, en Daire (1988: 159).

19 “Documentos e Informes emanados de Plenos y Congresos del PC de Chile”, en Casanueva Valencia & Fernández Canque (1973: 194).

20 Recuérdese que tras la división de los socialistas, habían quedado, por un lado, la fracción de Allende con el PS y por el otro la de Raúl Ampuero, con el PSP.

21 Boletín del Comité Ejecutivo del PSP, N° 9, agosto de 1956, en Casanueva Valencia & Fernández Canque (1973: 188).

22 En Brasil, tras la Revolución Cubana y, luego, el golpe de estado de 1964, los comunistas atravesaron un proceso de grandes debates – muchos de ellos devenidos en fracturas – en cuanto a la cuestión de las vías. Con todo, el PCB mantuvo la tesis de la vía pacífica. En Argentina el PCA, también sostuvo la vía pacífica, mientras que el Partido Socialista debió enfrentar grandes rupturas. Aun antes de la Revolución Cubana, los socialistas se habían bifurcado: en 1958 se constituyó el Partido Socialista Democrático (PSD), que nucleó a los sectores liberales, y el Partido Socialista Argentino (PSA), que reunió tanto a sectores moderados como a los jóvenes más radicalizados. En los años sesenta, este último sector del PSA constituyó el Partido Socialista Argentino de Vanguardia (PSAV) manifestando sus cercanías con la lucha armada. En Uruguay, la cuestión de las vías también zanjó diferencias entre los comunistas y los socialitas: mientras los primeros continuaron defendiendo la vía pacífica, los segundos no descartaban la opción armada, de hecho, algunos miembros del PS constituyeron parte del núcleo fundacional del Movimiento de Liberación Nacional- Tupamaros.

23 “Acerca de la vía pacífica”, artículo publicado en Principios, enero de 1961, en Corvalán (1971: 28).

24 Ídem, p. 3.

25 Algunos socialistas adherían a la propuesta de Blest, lo cual fue aprovechado por éste de un modo estratégico. Comenzó a organizarlos para que, en forma secreta, estuvieran repartidos en distintas Federaciones y Sindicatos, y así ir ganando distintas elecciones. Según cuenta Vitale, esto saltó a la luz cuando se invitó a formar parte del M3N a un estrecho colaborador de Raúl Ampuero quien, al enterarse, cuestionó a estos sindicalistas. Véase Vitale (1999).

26 “La vía pacífica y la alternativa de la vía violenta”, en Principios, Octubre de 1961; “La vía pacífica es una forma de la revolución”, en Nuestra Época, Diciembre de 1963.

27 Una de las voces más fuertes en cuanto a la defensa del carácter nacional estuvo a cargo de Raúl Ampuero, uno de los principales dirigentes y teóricos del socialismo chileno. Según él, la peor manera de responder a la misión revolucionaria era cayendo en la exégesis de textos sagrados o en la imitación servil de cualquier estrategia extranjera. Véase Ampuero (1969).

28 Tesis aprobada en el XXI Congreso General Ordinario, redactada por Adonis Sepúlveda. Véase Jobet (1971).

29 “La clase obrera, centro de la unidad y motor de los cambios revolucionarios”, Informe central al XIII Congreso Nacional del Partido Comunista, 10 de octubre de 1965, en Corvalán (1971: 92).

30 “Abrir paso a la unidad”, Palabras pronunciadas por el Secretario General, en el acto de clausura del XIII Congreso Nacional del Partido Comunista, 17 de octubre de 1965, en Corvalán (1971: 140).

31 Sobre las discrepancias dentro los dos partidos, véase por ejemplo: “Es más fuerte lo que nos une”, Respuesta del Partido Comunista a carta del P. Socialista, 24 de junio de 1966, en Luis Corvalán (1971: 146-163)


32 “La incorporación del Partido Radical al frente política que hasta ahora dirige el Frente de Acción Popular, lejos de fortalecer a la izquierda, la debilita extraordinariamente, engendrando y robusteciendo en ella toda suerte de ilusiones electoralistas que la experiencia ha demostrado absolutamente inconducentes para desencadenar un proceso revolucionario dirigido a la toma del poder”, Resolución aprobada en el plenario del XXII Congreso General Ordinario, en Jobet (1971: 128).

33 En ese mismo Congreso el PS sostuvo: “En las actuales condiciones chilenas y latinoamericanas, el FRAP debe adecuarse en sus objetivos y en su organización a la línea general de la política de OLAS, y debe estar destinado a convertirse en el frente político que una a todas las fuerzas antiimperialistas revolucionarias que luchen consecuentemente por la revolución socialista”, en Jobet (1971: 130-131).

34 Para explicar la posición del PS Julio César Jobet (1971) recurre al texto del Che, Cuba: ¿un caso excepcional o vanguardia en la lucha contra el colonialismo?, en el cual éste sostuvo: “Sería error imperdonable desestimar el provecho que puede obtener el programa revolucionario de un proceso electoral dado, del mismo modo que sería imperdonable limitarse, tan sólo, a lo electoral y no ver los otros medios de lucha armada para obtener el poder, instrumento indispensable para aplicar y desarrollar el programa revolucionario. Si no se alcanza el poder, todas las demás son inestables, insuficientes, incapaces de dar las soluciones que se necesiten, por más avanzadas que puedan parecer”.

35 Fusión de los partidos Liberal, Conservador y los antiguos nacistas agrupados en la Acción Nacional. Este grupo nucleaba a la vieja oligarquía terrateniente y a los grupos empresarios ligados a la industria, comercio y financias, y algunos profesionales liberales.

36 “Construir una salida revolucionaria”, Informe al Pleno del Comité Central del Partido Comunista, 13 al 16 de abril de 1969, en Corvalán (1971: 238-261).

37 “Unidad popular para conquistar el poder”, Informe al XIV Congreso Nacional del Partido Comunista, 23 de noviembre de 1969, en Corvalán (1971: 293-336).

38 El MAPU se había constituido en 1969 como una ruptura del Partido de la Democracia Cristiana. Ante los tímidos avances de Frei en materia de reformas, este grupo se apartó con proclamas más radicales.

39 El API estaba constituido por colaboradores del segundo gobierno de Carlos Ibáñez del Campo y por oficiales y suboficiales de las Fuerzas Armadas.

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Recibido: 10 de febrero de 2016
Aceptado: 18 de noviembre de2016
Publicado: 18 de diciembre de 2016

 

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