Sociohistórica, nº 38, e017, 2do. Semestre de 2016. ISSN 1852-1606
Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.
Centro de Investigaciones Socio Históricas

 

RESEÑAS / REVIEW

 

 

Los tiempos de la represión

 

Reseña de: Gabriela Águila, Santiago Garaño y Pablo Scatizza (coord.), Represión estatal y violencia paraestatal en la historia reciente argentina. Nuevos abordajes a 40 años del golpe de Estado, La Plata: Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, 2016. (Estudios/Investigaciones ; 57) Disponible en: http://www.libros.fahce.unlp.edu.ar/index.php/libros/catalog/book/63


Daniel Lvovich
Universidad Nacional General Sarmiento (UNGS- CONICET), Argentina
daniel.lvovich@gmail.com


Cita sugerida: Lvovich, D. (2016). Los tiempos de la represión [Revisión del libro Represión estatal y violencia paraestatal en la historia reciente argentina. Nuevos abordajes a 40 años del golpe de Estado, por Gabriela Águila, Santiago Garaño y Pablo Scatizza (coord.)]. Sociohistorica, 38, e017. Recuperado de: http://www.sociohistorica.fahce.unlp.edu.ar/article/view/SHe017

 

Este volumen, que cuenta con una versión en papel y una versión electrónica de acceso libre en el sitio web de la facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata, es el resultado del trabajo desplegado por los miembros de la Red de Estudios sobre Represión y Violencia Política (RER) en los últimos años. Se trata de una compilación que reúne diecisiete artículos además de la presentación de los coordinadores, que lejos de resultar una yuxtaposición de intereses y perspectivas disímiles, constituye sin dudas una muy valiosa contribución colectiva. En efecto, más allá del evidente interés compartido por los procesos represivos en la historia argentina de la segunda mitad del siglo XX, encontramos una manera similar de interrogar a ese pasado, poniendo en cuestión las categorías más habitualmente empleadas para dar cuenta de estos procesos, repensando las dimensiones temporales y espaciales involucradas en estos análisis y situándose en una zona de enunciación en ocasiones tensionada entre la empatía militante y el rigor académico. También resulta un aspecto en común un estilo de pensamiento que busca evitar los binarismos, como resultado de unas perspectivas teóricas y unos hallazgos empíricos que dan cuenta de la dificultad de sostener en el nivel analítico una clara distinción entre represión legal e ilegal, entre aspectos represivos desplegados en democracia o bajo regímenes dictatoriales, o de escindir en buena parte de las prácticas represivas sus costados violentos de aquellos destinados a generar adhesiones entre la población.

Este modo de interrogar el pasado es el que permite dar cuenta con provecho de los materiales de archivo, que mientras en algunos casos provienen de reservorios antes inaccesibles – como los de la Dirección de Inteligencia de la Policía de Buenos Aires, los documentos desclasificados del gobierno de los E.E.U.U o los legajos e historias clínicas de presos políticos de la última dictadura militar – en otros resultan documentos públicos o de libre acceso: prensa escrita y noticieros de televisión, documentación oficial, causas judiciales, manuales y reglamentos militares y materiales producidos por organizaciones políticas, sindicales o de Derechos Humanos, además de entrevistas, entre otras fuentes.

El libro se organiza en tres partes: La represión antes del golpe: Orígenes y condiciones de posibilidad; Practicas dispositivos y efectos sociales en contextos de represión y formas y escalas de la represión en dictadura.

En la primera parte – aunque no exclusivamente - podemos situar la preocupación más sistemática por dar cuenta con rigurosidad de la problemática de la temporalidad. ¿Cómo pensar, en tal perspectiva, en los procesos previos que generaron las condiciones de posibilidad de la dictadura iniciada en 1976, pero sin agotar en estos aspectos necesarios la explicación de su génesis y características? ¿Cómo dar cuenta de la confluencia de las múltiples temporalidades de los distintos procesos que incidirán en la configuración dictatorial?

La sección se inicia con un artículo de Marina Franco que parte del postulado que la excepcionalidad de la última dictadura militar solo se comprende al inscribirla en un proceso de más largo plazo. Aunque la tradición represiva del estado argentina se remonta a su misma conformación, su hipótesis es que a partir de 1955 se afirma en las políticas de represión estatal un conjunto de elementos recurrentes y novedosos que configuraron un proceso específico de mediano plazo que se cerró en 1983. Con la recurrente crisis política y social que se abrió con la caída del peronismo se construyeron representaciones, lógicas y dispositivos nuevos para gestionar el conflicto. Muchos de sus elementos son preexistentes, pero en este período alcanzan una articulación específica, en el marco de una combinación entre la militarización del orden interno y la equiparación de la defensa con la seguridad interior. En el contexto de la guerra fría el problema de la seguridad del Estado será compartido por regímenes civiles y militares, de modo simultáneo al desarrollo en las Fuerzas Armadas de las doctrinas contrarrevolucionarias. Debido a que existen breves períodos en los que los instrumentos represivos no se desarrollaron o se atenuaron, la autora postula que la represión es a lo largo de esta etapa un proceso único aunque discontinuo. Como a lo largo de varios de los trabajos que componen este trabajo. Marina Franco recurre a la categoría de Estado de excepción para conceptualizar el proceso, refiriéndose así a marcos políticos amplios de construcción de una juridicidad no legal, desarrollada para defender un orden supuestamente amenazado. En la conceptualización de la autora la explicación a través de la continuidad resulta necesaria, aunque no se revela suficiente para explicar las características de la última dictadura.

También en el mediano plazo se sitúa el erudito trabajo que Esteban Pontoriero dedica a mostrar la constitución de la doctrina antisubversiva del Ejército Argentino desde 1955. En el doble contexto de las tensiones provocadas por el derrocamiento del peronismo y de la Guerra Fría, el Ejército incorpora desde 1957 la doctrina francesa de la guerra contrarrevolucionaria, a la que se suma en la década siguiente la originada en las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos. Mientras en el trabajo de Marina Franco se señalaban las breves discontinuidades en el proceso represivo que implicaron los gobiernos de Illia y Càmpora, Pontoriero destaca que la doctrina contrarrevolucionaria se desarrolla de manera continua en todos los gobiernos civiles y militares del período, incluyendo aquellos dos períodos. En una temporalidad similar se ubica el original aporte de Alicia Divincenzo, que muestra una dimensión no trabajada previamente: la de la Acción Cívica del Ejército, entre su origen en los años 60 hasta 1983. Desde comienzos de la década de 1960 la doctrina de la Acción Cívica establece de manera simultánea el propósito de colaborar y fomentar la relación con la población civil, mejorar la imagen del ejército y prevenir el despliegue o neutralizar las posibilidades de la subversión. En este sentido, la Acción Cívica no se opone a las doctrinas contrarrevolucionarias sino que es parte necesaria de las mismas. En la década de 1970 se perfeccionó esa integración, al vincularse orgánicamente la Acción Cívica con la Acción Psicológica y la Comunicación Social del Ejército, para plasmarse en los años de la dictadura iniciada en 1976 en una serie de prácticas en los campos del deporte, la cultura, los rituales patrióticos, la colaboración con las escuelas y la influencia sobre los soldados conscriptos. La doctrina y las prácticas de la Acción Cívica resultan así, y de modo simultáneo, un elemento integral del proceso represivo y un arma en la búsqueda de la adhesión y el consenso social. Igualmente dobles serán las estrategias del poder miliar en su despliegue en el “Operativo Independencia” en Tucumán, tal como sostiene Santiago Garaño en su colaboración a este volumen. Junto a su faceta de represión cruda y brutal sobre la población rural tucumana, el “Operativo Independencia” reveló una dimensión “expresiva, moralizante y productiva de relaciones sociales”, en su búsqueda de crear en el teatro de operaciones una nueva geografía imaginaria: Un monte contrarrevolucionario y militarista. Para ello – y apelando a la polisemia del vocablo teatro empleado para describir la zona del despliegue militar – se apeló a un doble juego: los operativos represivos y los cadáveres de las víctimas se exhibían y se ocultaban, la zona era objeto de combate pero también de visitas de periodistas, de famosos deportistas, de estudiantes que confraternizaban con los soldados La problemática de la cuestión temporal es exhibida , a la vez, por Santiago Garaño desde un título que impide pensar en sencillas fracturas cronológicas: Las formas de represión política en el “teatro de operaciones” del Operativo Independencia (Tucumán, 1975-1977).

La primera parte del libro se completa con un artículo en el que Hernan Merele pone en cuestión las concepciones más habituales sobre la Alianza Anticomunista Argentina (AAA) señalando que la represión contra la izquierda peronista fue decidida ya en 1973 por los niveles más altos del peronismo, para potenciarse al año siguiente con la difusión del hoy celebre “documento reservado” en el que el propio Perón llamó de manera explícita a eliminar a los “infiltrados” en su movimiento. Merele da cuenta de una trama represiva compleja, que excede y antecede a la AAA, y conectó organismos estatales de seguridad con actores y organizaciones políticas y sindicales, involucrando transversalmente a muy distintos niveles de la militancia. Por ello, el autor entiende que la represión - dirigida en primer lugar a los sectores contestatarios y revolucionarios del peronismo y luego a un universo más amplio de la izquierda – atravesó capilarmente al movimiento peronista, dando cuenta del alto grado de penetración del llamado formulado desde la cúpula a combatir a la “infiltración”.

La segunda parte, destinada a indagar en distintas estrategias y modalidades represivas, se inicia con un artículo de Silvina Jensen y Soledad Lastra en el que – en base a un trabajo de síntesis posibilitado por las trayectorias de investigación de las autoras - consideran al exilio como una modalidad represiva. El exilio es entendido como un producto de la seudolegalidad del Estado de Excepción, en el que las salidas del país pueden considerarse la culminación de un proceso represivo que constó de distintas modalidades. En el trabajo se analiza el modo en que no solo la salida del país sino también la persecución extraterritorial interrogan a una violencia estatal en la cual los límites entre lo legal y lo ilegal se difuminan, así como los modos en que el retorno se convirtió en un problema judicializado. Por ello, el corte cronológico de este trabajo hace estallar la periodización política habitual, ya que se extiende entre el establecimiento del estado de sitio en 1974 hasta el fin del juicio a las juntas militares en 1985.

Debora D´Antonio trabaja en su contribución sobre la prisión política durante la última dictadura militar, abordando un tema no demasiado transitado en los estudios académicos, y otorgando centralidad en su análisis al uso del género y la sexualidad como herramientas de dominación, así como a las formas de resistencia para paliar los efectos de esa estrategia. El estudio de caso se concentra en el penal de Villa Devoto, en el que en 1979 se concentró a las 1200 presas políticas que hubo en Argentina, y en el penal de Rawson, donde se mantuvo detenidos a prisioneros varones. Las reclusas en Villa Devoto contaron con una relativa protección, ya que ese penal resultó la “vidriera oficial” del sistema represivo, lo que pese a la extendida violencia contra los rasgos de femineidad y contra la maternidad, les permitió mitigar el maltrato. Los presos en Rawson, aislados y ocultos a las miradas exteriores, sufrieron una represión mucho más severa, ya que la tortura, el aislamiento y los simulacros de fusilamiento eran habituales, lo que implicó a la vez que las resistencias debieran adquirir modalidades más soterradas. Por su lado, Marianela Scocco estudia otra modalidad represiva muy poco abordada con anterioridad: Los consejos de guerra militar, considerados en una perspectiva de mediano plazo entre 1956 y 1983. La autora explica el proceso de progresiva institucionalización de esta modalidad en la legislación y la justicia militar. Los Consejos de Guerra militares se crearon en 1951 y se aplicaron por vez primera en 1956. Desde ese momento se aplicaron de manera discontinua contra civiles, acompañando a otras modalidades represivas, y en la última dictadura se alcanzaron los 350 casos. La mayor parte de ellos, incluidos los casos de Rosario estudiados en este trabajo, se aplicaron a presos o desaparecidos, como un modo de brindar una cierta seudolegalidad a sus situaciones.

El trabajo de Victoria Basualdo y Alejandro Jasinski resulta un excelente aporte para comprender la represión a los trabajadores y el movimiento obrero entre 1974 y 1983, dando cuenta no sólo del papel de las Fuerzas Armadas sino también de los empresarios en la misma. Se trata de una obra de síntesis que se basa en los resultados del que resulta uno de los campos de estudios sobre la represión más sistemáticamente abordados y con resultados más prolíficos.

Los trabajos de Maria Jose Sarrabayruose Oliveira y de Carla Villata abordan dos problemas vinculados al Poder Judicial considerados en el mediano plazo. En el primero la autora analiza, desde el mirador que le provee la creación del tribunal especial para juzgar “actividades subversivas” – conocido como “El Camarón” – en 1971, la red de relaciones al interior del mundo judicial, los grupos que lo componen, sus alianzas, itinerarios, etc. Por su lado Carla Villata reflexiona sobre los principales circuitos, procedimientos y categorías que fueron utilizados durante la última dictadura para llevar a cabo el secuestro y apropiación de niños hijos de desaparecidos. En ambos trabajos se sostiene la existencia de marcadas continuidades sin las cuales resulta imposible comprender estos fenómenos, ya que si la trama de relaciones del Poder Judicial en dictadura se construyó sobre una lógica de funcionamiento previa, la apropiación de los hijos de desaparecidos se realizó utilizando un circuito institucional igualmente preexistente y apelando a categorías naturalizadas en ese campo, por lo que se convirtió a los niños secuestrados en “menores abandonados”.

La sección se cierra con un artículo en el que Emmanuel Kahan matiza la idea del “trato especial” sufrido por los prisioneros judíos en los centros de detención, historizando el modo de construcción de esa representación y mostrando que en los documentos de inteligencia consultados la condición judía de Jacobo Timerman resulta irrelevante, pese a que su caso fue presentado como una demostración del antisemitismo del régimen. Kahan agrega a esta constatación un interrogante ético:Cual es la diferencia entre los insultos antisemitas y los de otro tipo? ¿Cuál es el límite del dolor a partir del cual una tortura resulta más grave que otra?

La tercera parte está dedicada a analizar en distintas escalas las modalidades de la represión durante la última dictadura. Aunque la estrategia represiva fue diseñada de manera unitaria, la descentralización operativa entre los distintos circuitos represivos otorgó a su puesta en práctica modalidades específicas, que se vinculaban además al peso relativo de las distintas fuerzas en cada región, a su historia política, la dimensión de las localidades involucradas, etc. Cuatro trabajos iluminan sendos casos. El de Gabriela Águila sobre el caso de Rosario analiza la acción de las fuerzas represivas en esa localidad. La escala adoptada ratifica la dificultad para distinguir con claridad entre las formas legales e ilegales de la represión. El trabajo de María Lorena Montero analiza en particular el rol de los organismos de inteligencia en la represión desatada desde 1975 en Bahía Blanca, dando cuenta además de la inquietante continuidad en el período democrático abierto en 1983 del seguimiento y espionaje sobre personas a quienes se había perseguido en la década anterior. El de Pablo Scatizza referido al caso de la región del Comahue analiza la dimensión de la represión en una zona supuestamente marginal para los planes operativos militares. El artículo de Luciano Alonso, dedicado a considerar el caso de la ciudad de Santa Fe, trasciende el análisis de la represión como pura imposición de la violencia física, para analizar los mecanismos de la violencia psicológica y de imposición de una cultura y una moral autoritarias. Esta mirada también trasciende la acción estatal para dar cuenta de otras instancias societales de articulación de ese orden autoritario, una gubernamentalidad autoritaria que en la perspectiva del autor no se agotó en 1983. En una ciudad de escala media, sin embargo, el plano de la cultura, aunque sometido a la censura, posibilitó amplias chances para una acción no necesariamente resistente, pero si disidente.

Por último, Melisa Slatman da cuenta de la represión en la escala regional al considerar el Plan Cóndor en su complejidad, dado su carácter de combinación de muy diversos esquemas, organismos, prácticas, trayectorias e intereses nacionales.

En una perspectiva global, estamos frente a un libro importante por su aporte empírico, su riqueza teórica y por las preguntas que deja planteadas. No es menor en ello, como sostuvimos, la inserción de la dictadura militar de 1976 en una multiplicidad de procesos que la anteceden y la condicionan, aunque no agotan su explicación. Resulta igualmente relevante el aporte de un juego de escalas que permiten advertir fenómenos que la naturalización de la dimensión nacional puede ocluir. Creo que por todo ello que estamos frente a una obra de referencia para comprender los procesos represivos en la Argentina de la segunda mitad del siglo XX

El libro es a la vez un testimonio de una época. Se trata de un estilo de reflexión y unas preguntas que se pudieron formular desde el mirador de un cierto optimismo histórico, de un cierto consenso académico sobre los modos de abordaje del pasado reciente y hasta de unas condiciones materiales que lo posibilitaron. Vale la pena señalar aquí que la casi totalidad de los aportes son el resultado de tesis de Maestría o Doctorado realizados en Universidades Nacionales, muchas de ellas en el mareo de becas financiadas por CONICET u otras instituciones públicas.

Al momento de publicarse esta obra, esa época parece haber terminado, abriéndose otra cuyas transformaciones en los planos político, institucional y judicial comenzamos a avizorar. El modo en que estos cambios influirán en nuestra representación del pasado es aún difícil de señalar, aunque es previsible que el pasado siga resistiéndose, de modo obstinado, a pasar.

 

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