Sociohistórica, nº 31, 1er. Semestre de 2013. ISSN 1852-1606
Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.
Centro de Investigaciones Socio Históricas

ARTICULOS / ARTICLES

FORJA revisitada. La Fuerza Orientadora Radical de la Joven Argentina y su programa político e intelectual (1935-1945)

Towards a new interpretation of the FORJA’s political and intellectual program (1935-1945)

Sebastián R. Giménez

Universidad Nacional de La Plata
Instituto de Altos Estudios Sociales-Universidad Nacional de San Martín
CONICET (Argentina)
sebasgim82@gmail.com

Resumen
El presente artículo se propone como objetivo analizar el derrotero seguido por FORJA desde su formación en 1935 hasta su autodisolución, decidida diez años más tarde. El trabajo presenta, en primer lugar, una breve reconstrucción de los orígenes de la agrupación. Avanza, en segundo término, en un análisis de las reformulaciones que FORJA introdujo en la identidad radical, prestando particular atención al modo en que los forjistas reinterpretaron el legado yrigoyenista. Expone luego los elementos centrales del programa forjista, examinando tanto las ideas esbozadas en dicho programa como las prácticas de difusión y propaganda de las que la agrupación se valió para divulgar su prédica; analiza, asimismo, el modo en que FORJA arraigó en distintos puntos del territorio nacional. Finalmente, el trabajo hace referencia a la compleja relación que la agrupación mantuvo con el peronismo en la coyuntura crítica en que éste hizo su aparición en el escenario político argentino.

Palabras clave: FORJA; Radicalismo; Antiimperialismo; 1930-1945.

Summary
The purpose of this article is to analyze the course taken by FORJA from its beginning in 1935 to its dissolution, a decision the group itself made ten years later. At the beginning, the article offers a brief reconstruction of the origins of the group. The article then moves forward to analyze the changes and reformulations that FORJA introduced in the Radical Party's identity, paying special attention to the way in which FORJA supporters reinterpreted Yrigoyen's legacy. Later on, there is an exposition of the FORJA program's main elements, thus examining the ideas outlined in that program as well as the advertising campaigns the group created in order to spred its ideas; it also analyzes the way in which FORJA put down roots in different parts of Argentina. Finally, the article refers to the complex relationship the group had with the Peronism in the critical conjunction in which they appeared in the Argentinian political stage.

Keywords: FORJA; Radical Party; Anti-imperialism; 1930-1945.


1. Introducción

A mediados de la década del 30, surgió una serie de movimientos disidentes en el interior de la Unión Cívica Radical. La decisión de terminar con la abstención electoral adoptada por la Convención partidaria de enero de 1935 tuvo, en efecto, como una de sus principales consecuencias romper con la relativa unanimidad que en el radicalismo había existido después del golpe de septiembre de 1930. Con el retorno a los comicios, la UCR abandonó su postura “intransigente” y se avino a ingresar al orden creado por la institucionalidad imperfectamente restaurada en 1932. El descontento por el lugar que el radicalismo pasó a ocupar a partir de entonces motivó el surgimiento de movimientos disidentes que se plantearon como alternativa al radicalismo “electoralista” representado por la dirigencia partidaria.

Entre las agrupaciones radicales que surgieron después del levantamiento de la abstención, en disidencia con quienes controlaban los puestos de mayor responsabilidad en los órganos de conducción de la UCR, la Fuerza Orientadora Radical de la Joven Argentina (de ahora en adelante, FORJA) ocupa un lugar particularmente destacado en la memoria colectiva de los argentinos. Ello se debe quizá menos a la influencia que supo tener en los años en los que estuvo activa (influencia que, de todos modos, distó de ser poco significativa, como veremos más adelante) que a la índole de la denuncia que dirigió a sus opositores partidarios y a los gobiernos conservadores. FORJA elaboró, en efecto, en su proceso de distanciamiento de la dirigencia de la UCR, un discurso sumamente novedoso para el radicalismo: articulando una relectura del legado yrigoyenista con postulados provenientes de ideologías tan heterogéneas como el reformismo universitario y el nacionalismo, los forjistas concibieron nuevas formas de intervención política y nuevos marcos de interpretación y lectura de la realidad argentina.

El presente artículo se propone como objetivo analizar el derrotero seguido por FORJA desde su formación en 1935 hasta su autodisolución, decidida diez años más tarde. Dos motivos nos conducen a encarar una revisión del itinerario forjista: en primer lugar, la constatación de que, pese a que se trata de una agrupación muy conocida en el sentido común académico y político del país, casi no existen trabajos que se hayan dedicado a analizarla con la suficiente distancia crítica y objetividad.1 El segundo motivo está vinculado a la reciente apertura de centros archivísticos, que puso a disposición un amplio y valioso conjunto de fuentes primarias que permiten llevar a cabo investigaciones dotadas de sustento empírico original.2

En este artículo presentaremos, en primer lugar, una breve reconstrucción de los orígenes de la agrupación. Avanzaremos, en segundo término, en un análisis de los cambios y reformulaciones que FORJA introdujo en la identidad radical, prestando particular atención al modo en que los forjistas reinterpretaron el legado yrigoyenista; mostraremos, en este sentido, cómo el contexto político e intelectual de la década del 30 influyó en su relectura de la tradición radical. Expondremos luego los elementos centrales del programa forjista, examinando tanto las ideas esbozadas en dicho programa como las prácticas de difusión y propaganda de las que la agrupación se valió para divulgar su prédica; analizaremos, asimismo, el modo en que FORJA arraigó en distintos puntos del territorio nacional. Finalmente, haremos referencia a la compleja relación que la agrupación mantuvo con el peronismo en la coyuntura crítica en que éste hizo su aparición en el escenario político argentino.

2. FORJA y el radicalismo: relecturas de la tradición partidaria

Quienes fundaron FORJA a mediados de 1935 tenían detrás de sí una trayectoria recorrida en las filas del radicalismo: algunos habían militado en el “Movimiento de Continuidad Jurídica” de la Capital Federal, luego reconvertido en el grupo de “Radicales Fuertes”, que a poco estuvo de hacerse con el control de los organismos partidarios del distrito metropolitano en los años anteriores al levantamiento de la abstención.3 Otros habían tomado parte de algunos de los movimientos revolucionarios que en 1932 y 1933 intentaron desafiar por la vía armada al gobierno de Justo. Todos ellos coincidieron, en ocasión de celebrarse la Convención de 1934-1935, en que era un error, o, m ás bien, una claudicación, volver a participar de elecciones convocadas por un gobierno que había hecho en el pasado, y los indicios disponibles indicaban que proseguiría en la misma línea en el futuro, todo lo que estaba a su alcance para impedir el acceso del radicalismo al gobierno4.

En sus primeros años de militancia en el radicalismo, el núcleo fundador de FORJA (constituido por Arturo Jauretche, Juan B. Fleitas, Gabriel del Mazo, Atilio García Mellid, Carlos Maya, Jorge del Río, Homero Manzi, Luis Dellepiane y Manuel Ortiz Pereyra) había apostado a una transformación del radicalismo que no se encontraba en desacuerdo con la promovida desde la cúspide del partido por Marcelo T. de Alvear. Pese a que reivindicaban un más neto perfil revolucionario para el movimiento radical (que no excluía, en algunos casos, la opción armada), concibieron que la reorganización liderada por Alvear constituía un buen modo de reestructurar ese partido que, ellos también lo creían, había hecho crisis en los años de la segunda presidencia de Yrigoyen.

Pero no fueron sólo las coincidencias en torno al proceso de reorganización las que contribuyeron, en los primeros años de la década del ´30, a acercar posiciones entre ellos y la dirigencia radical. La abstención también jugó, en este sentido, un rol de primer orden: ella tornaba claro que, pese a las diferencias que existían al interior del movimiento, todo él estaba unido frente al gobierno de Justo, cuya legitimidad se desconocía por ser el responsable de pretender borrar, mediante la proscripción y la represión, al radicalismo del mapa político argentino.

Por ello, la decisión adoptada por la Convención Nacional de 1934-1935 de poner fin a la abstención significó, para el criterio de FORJA, un parteaguas5. Con el retorno al comicio, juzgaban, el radicalismo abdicaba de su lucha contra la restauración conservadora, arriaba la bandera de la intransigencia, y se rendía ante los caudillos del partido, preocupados sólo por acceder al Estado para beneficiarse de los cargos públicos. Se imponía entonces la necesidad de promover una corriente interna que defendiera la “vocación revolucionaria del radicalismo”.

En sus inicios, sin embargo, los forjistas no pensaron en la posibilidad de que su agrupación creciera y se desarrollara por fuera del partido radical. Concibieron, antes bien, que seguían formando parte del radicalismo (su estatuto exigía, de hecho, la previa afiliación a la Unión Cívica Radical para militar en las filas de FORJA), y por ello dirigieron sus esfuerzos a dar la lucha dentro de la UCR para que se implementaran medidas de reforma interna que posibilitaran que una nueva promoción de dirigentes, más capaz y más dispuesta a la lucha, asumiera los puestos de conducción.6

Si la demanda del voto directo, la retórica generacional y la apuesta por dar la pelea dentro del partido eran rasgos que FORJA compartía con otras agrupaciones radicales juveniles que por entonces vieron su aparición7, una característica la diferenció claramente de ellas: el carácter cismático que su prédica tenía hacia el interior del partido. La dirigencia de la UCR, en efecto, era colocada por los forjistas en el lugar del “otro” al que los jóvenes debían oponerse. Los dirigentes eran acusados ni más ni menos que de traicionar al radicalismo, de desviarlo de su originaria vocación revolucionaria para convertirlo en un “partido de orden” capaz de establecer pactos y acuerdos con gobiernos ilegítimos. Esos “ancianos caballeros que quieren dirigir el pensamiento radical” eran, para los forjistas, tan perjudiciales para los intereses del país como la oligarquía y el capital monopolista. El deber de los jóvenes consistía, por lo tanto, en organizarse internamente y terminar con el mandato de quienes ilegítimamente conducían al radicalismo. Sólo así éste podría retomar la originaria orientación emancipadora y revolucionaria que Yrigoyen le había impreso.

Los jóvenes forjistas reivindicaban, en efecto (y ésta es otra característica que diferenció a FORJA), frente a esa dirigencia “corrompida”, el legado de Hipólito Yrigoyen, a quien le asignaban la creación de una obra “Reparadora” que había quedado a mitad de camino, y que necesitaba, para completarse, del compromiso de una nueva generación de radicales: “la tarea de la nueva emancipación sólo puede realizarse por la acción de los pueblos (...) Corresponde a la Unión Cívica Radical ser el instrumento de esa tarea, consumando hasta su totalidad la obra truncada por la desaparición de Yrigoyen”8.

La idea de que Yrigoyen había sido el máximo exponente de una misión emancipadora de la sociedad, la política y la economía argentinas, y de que lideró un proyecto que había quedado huérfano con su muerte, fue uno de los leitmotivs del ideario forjista. En julio de 1936, cuando se conmemoraba el tercer aniversario del fallecimiento del líder, FORJA publicó un cuaderno dedicado íntegramente a reivindicar y reactualizar la “obra” de Yrigoyen. Redactado por Gabriel del Mazo con el objetivo de bucear en “la obra del ilustre maestro” para “extractar, ordenándolo esquemáticamente, todo un cuerpo de doctrina”, el cuaderno titulado “El pensamiento escrito de Yrigoyen”9 proclamaba, ya en el prólogo (que llevaba la firma de “La Redacción”), la necesidad de “volver a Yrigoyen”:

Se había arriado la bandera de la Reparación Nacional, apenas tronchada la noble vida de Yrigoyen (...) Ante la horfandad [sic] esperada, las fuerzas de reacción, agazapadas dentro de la UCR, se recobraron de pronto, entregándose a todas las concupiscencias (...) Fueron enunciadas fementidas posibilidades de concordia, de conciliación, para restaurar la legalidad, mediante el comicio, como si la voluntad de la Nación pudiera manifestarse libremente dentro de los cuadros de fraude y de violencia que caracterizan la pseudo legalidad vigente (...)

Lanzamos, en la emergencia, ante el tr ágico contraste de la efemérides con la realidad, la consigna de “Volver a Yrigoyen”. Volver... cuando sus discípulos y colaboradores de ayer se entregan al más crudo fariseísmo, renegando de la intransigencia, de la abstención, del reclamo heroico que exige libertad y honradez (...) El 90, el 93, el 905, Concordia, Paso de los Libres, son jornadas que han ido rubricando con sangre tal exigencia reparadora. Las nuevas generaciones deben ponerse a tono de tal heroísmo, yendo a las fuentes de los grandes postulados de la Reparación Nacional.10

¿Qué significaba, para los hombres de FORJA, retornar a Yrigoyen? Como puede verse en la cita, los acontecimientos que los forjistas rescataban del pasado eran aquellos en los que se había acudido a las armas para revertir una situación considerada injusta. Volver a Yrigoyen significaba, en este contexto, retomar el camino revolucionario, recobrar el “heroísmo” propio del radicalismo en sus primeras épocas. Desde luego que los forjistas recuperaban así sólo una dimensión del legado de Yrigoyen; “olvidaban”, en efecto, que éste había sido tanto el revolucionario que ellos reivindicaban como el artífice del más grande partido de masas que conocía la Argentina.

Sucede que este llamado a retornar a Yrigoyen no tenía lugar en el vacío; se hacía, por el contrario, desde una posición determinada en el espacio político. Y estaba, por lo tanto, influido por las circunstancias en que era realizado. De la obra política e intelectual del viejo caudillo, los jóvenes forjistas rescataron y subrayaron los elementos que mejor les servían para responder a los problemas y dilemas de su tiempo; aquellos componentes del legado de Yrigoyen que, por el contrario, no se avenían con el contexto en que les tocaba actuar, fueron secundarizados, o lisa y llanamente olvidados.11

Si se tiene en cuenta, entonces, que los forjistas tenían como principales opositores dentro del radicalismo a aquellos sectores que controlaban los órganos partidarios, se comprende fácilmente que reivindicaran en Yrigoyen no al creador del gran partido electoral, sino al revolucionario que había conspirado en sucesivas oportunidades contra el régimen oligárquico. En la visión de los hombres de FORJA, el radicalismo de ningún modo se agotaba en los organismos partidarios y en los mecanismos electorales. Según su punto de vista, ambos no representaban sino un modo en que podía expresarse la voluntad de los radicales. Junto con ellos, existían otros medios de canalizar las demandas y solicitudes del pueblo radical. Desconocer vías alternativas de manifestación del radicalismo, y circunscribir la acción política a los actos comiciales significaba, para ellos, caer en el “electoralismo”, pecado tanto más grave cuanto que se cometía en un contexto tan desfavorable para ello como lo era el vigente bajo la república del fraude.

Los forjistas escindieron, de este modo, “lo democrático” de “lo electoral”; según su punto de vista, una fuerza política podía permanecer al margen de los dispositivos electorales sin por ello dejar de ser “democrática” (y allí estaba el ejemplo de Yrigoyen para certificarlo); inversamente, podían existir partidos que hicieran uso del mecanismo electoral, pero que no por ese motivo fueran “democráticos” (socialistas, conservadores y radicales eran la prueba de ello). Arturo Jauretche, en un artículo aparecido en Argentinidad, periódico forjista de la ciudad de Gualeguaychú, dejaba sentada su posición sobre este asunto del siguiente modo:

Democracia y electoralismo no son términos equivalentes y sí muchas veces incompatibles. Por ejemplo, ahora. Porque el voto es sólo un medio y no un fin. El medio para expresar la voluntad del pueblo cuando existe el mecanismo legal del gobierno democrático. Pero cuando éste no existe no queda excluida la democracia, pues el pueblo tiene otros modos de expresión; la lucha armada, por ejemplo.

La democracia argentina ha existido desde Mayo y no votaba, pero peleaba para afirmar el gobierno propio de los pueblos. Contra Espa ña primero y contra las minorías unitarias después. Un pueblo en armas para expresar su voluntad de gobierno se pronuncia de una manera tan categórica detrás de una barricada o en una montonera, como en el mejor y más garantido de los comicios y mucho mejor, desde luego, que en los comicios que ahora conocemos.12

Jauretche legitimaba la lucha armada, como vemos, no sólo en contextos donde el voto sufría restricciones; concebía, antes bien, que en las montoneras o en las barricadas se producía una expresión más directa y categórica de la voluntad popular. En sus primeros tiempos, el radicalismo, según Jauretche, había sido una fuerza cabalmente “democrática”: como agrupación revolucionaria había sabido expresar la voluntad del pueblo y de la nación: “El radicalismo en la abstención o en la acción revolucionaria, vivía cívicamente. El radicalismo, resignado el civismo a un sufragio vicioso o a una participación en el gobierno que subsiste contra el pueblo, es electoral pero no es cívico y no siendo cívico no es democrático”13.

Se trataba, en consecuencia, para el autor del artículo, de retrotraer la fuerza radical a esos orígenes situados antes de la sanción de la Ley Sáenz Peña. Jauretche consideraba, en efecto, que no alcanzaba con restablecer el radicalismo vigente antes de 1930. Había que recuperar el que no se había contaminado con las mañas del “electoralismo”:

La primera derrota del radicalismo (...) no fue el 6 de septiembre de 1930, sino el día de su primer triunfo electoral, pues al hacerse fuerza electoral se colocó en la contienda a la par de los partidos políticos y aceptó una transacción con el estado de cosas imperantes, legalizando lo que ya existía. Esto se hizo contra la voluntad de Yrigoyen (...) Aunque cueste hacerse entender, hay que repetirlo constantemente; no nos situamos atrás de la concurrencia electoral decretada en 1934, sino atrás de la de 1912, porque estamos antes del primer error.14

Lo que los jóvenes forjistas reivindicaban, a fin de cuentas, era aquella agrupación revolucionaria que había sido capaz de poner en vilo al régimen conservador. Según su opinión, allí residía el “verdadero” radicalismo, y eran ellos los continuadores de esa tradición. Los forjistas pretendían así legitimar su pertenencia al radicalismo; pese a que se habían alejado del partido, eran ellos, y no los que estaban al frente de los órganos partidarios, los legítimos herederos del legado radical.

He aquí la principal novedad que aportó FORJA al radicalismo de los años 30: construyó el espacio para que la UCR se concibiera a distancia del dispositivo electoral. Desde luego que el contexto de la década del ´30 era especialmente propicio para operar una transformación identitaria y organizativa de esas características. Recordemos que en esos años una serie de acontecimientos y procesos contribuyeron a modificar las convicciones vigentes en el pasado: el auge en Europa de movimientos plebiscitarios que se reivindicaban contrarios al liberalismo y que ponían en práctica, con éxito, mecanismos alternativos de movilización y consulta a la ciudadanía; los sucesivos golpes de Estado que tuvieron lugar en distintos países de América Latina, en los cuales la corporación militar desalojó a gobernantes electos a través del sufragio; y, en el ámbito local, la vigencia del fraude, que burlaba en la práctica la letra de la Constitución. Todos esos procesos y acontecimientos, en fin, planteaban serias dudas sobre la evolución del régimen político argentino. Para muchos contemporáneos, empezó a ser cada vez menos evidente que la democracia liberal y sus instituciones (parlamento, partidos, estado de derecho) constituyeran el marco político-jurídico idóneo para nuestro país.

No es de extrañar que, en este contexto, los partidos políticos perdieran la centralidad que antes habían tenido, y que, paralelamente, se concibieran otros canales de organización de la ciudadanía. El derrotero de FORJA da cuenta en gran medida de la erosión que sufrieron los partidos políticos como medios legítimos de representación popular: en septiembre de 1940 FORJA decidió autonomizar definitivamente su organización de la UCR, eliminando la cláusula que exigía la condición previa de inscripción al radicalismo para ingresar al forjismo15. Sustentando esa alternativa, FORJA logró atraerse el favor de muchos ciudadanos que veían cómo, participando de las elecciones, los partidos políticos caían en la trampa tendida por el oficialismo, y se complicaban más y más en acuerdos y negociaciones con fuerzas en las que ellos preferían no confiar.

A partir de allí, las críticas que FORJA dirigió a los partidos como formas de organización de la ciudadanía se hicieron cada vez más severas. Y, mientras en el frente interno no demostraron ningún entusiasmo por la suerte de la tentativa de retorno pleno al imperio del sufragio universal ensayada por Roberto Ortiz16, pues consideraban que la política presidencial no buscaba sino poner el sufragio libre al servicio de las mismas causas antinacionales antes sostenidas por la república del fraude, en el frente externo consideraron pertinente mostrarse igualmente distantes de una y otra causa en la conflagración mundial17.

3. El programa de FORJA: antiimperialismo y nación

Los forjistas, pues, imbuidos de esta creciente desconfianza hacia el régimen liberal-democrático, y distanciados del partido del cual en un primer momento se reconocieron como integrantes, avanzaron en la construcción de una agrupación de nuevo tipo: no hicieron de FORJA un partido, ni intentaron participar en elecciones; pese a que reivindicaban con ahínco poseer un carácter “revolucionario”, tampoco nunca emprendieron ninguna acción armada18. En concreto, sí desarrollaron una formidable acción de propaganda. En actos callejeros, panfletos, órganos periodísticos, y en empresas de más largo aliento, como los “cuadernos”, los jóvenes forjistas difundieron su ideario de denuncia. Con un lenguaje punzante, elaborado en su estilo, se opusieron a las políticas dispuestas por los gobiernos conservadores, todas las cuales, subrayaban, tendían a reforzar el carácter dependiente de la economía y la sociedad argentinas.

La retórica de FORJA sobresalía por su capacidad de articular críticas puntuales a las iniciativas oficialistas (como la creación del Banco Central, la unificación de los impuestos internos, las leyes de coordinación de transportes, las Juntas Reguladoras, la política petrolífera y el Tratado Roca – Runciman) en un discurso de carácter general que tomaba por eje el enorme poder de acción del imperialismo inglés y de sus aliados locales, y que pretendía explicar tanto la evolución histórica de la sociedad argentina, como su conformación social, económica, política y cultural actual.

Siguiendo el camino abierto por algunos pensadores nacionalistas19 que en la primera mitad de la década del ´30 habían reflexionado críticamente acerca de la modalidad del vínculo que unía a nuestro país con las potencias capitalistas europeas, y muy en particular con Gran Bretaña, los forjistas descubrieron que Argentina era una más de las colonias de las que los ingleses se habían valido para consolidar su dominio a nivel mundial: la venta a los británicos de lanas primero, y de granos y carnes después, no había servido, como hasta ese momento había tendido a creerse, para desarrollar la economía local, sino para favorecer la industria británica, y, en consecuencia, para reproducir nuestra condición de país dependiente. Lo mismo sucedía con las inversiones del capital inglés: los bancos, las empresas comercializadoras, y las compañías ferroviarias habían sido todas concebidas, descubrían los forjistas, para mejor trasladar las riquezas locales hacia el país europeo. Las siguientes palabras de Raúl Scalabrini Ortiz, escritas en 1935, ilustran el núcleo del ideario forjista:

Europa jam ás buscó en América el establecimiento de una filialidad. Fue hostil y casi cruel con lo autóctono primero, con lo asimilado después. Europa sólo quiso extraer de América, oro al principio; minerales, más tarde; materias primas y alimentos, ahora. De fuerza y compulsión se valió antes, de habilidad y astucia financiera, actualmente. De todos modos fue de su provecho la finalidad.20

“Europa”, como puede verse en la cita, era identificada como la principal responsable de los males que aquejaban a la Argentina. Pero el capital extranjero, según los forjistas, no había estado solo en esta empresa de expoliación de los recursos nacionales. Otros actores habían intervenido en la tarea: la oligarquía rural había promovido la especialización de nuestra economía en la producción de bienes agropecuarios; la clase política, por su parte, desde el Estado, había facilitado a los capitales ingleses la obtención de ganancias exorbitantes; los partidos políticos, aun aquellos que se autoposicionaban en la izquierda (no está de más recordar que “liberal” y “marxista” tendían a ser sinónimos en el lenguaje forjista: ambos compartían el hecho de ser productos europeos con escasa raigambre en la realidad local), habían avalado, con su renuencia a denunciar el imperialismo, la entrega del patrimonio nacional.

Tanta importancia como los actores políticos y económicos tenían las instituciones del ámbito cultural:21 la prensa, según acusaban los hombres de FORJA, cumplía la función de legitimar el accionar de los opresores, al tiempo que callaba o estigmatizaba las rebeliones populares; las universidades, por su parte, también hacían su contribución al reforzamiento de la dependencia de nuestro país: habían renunciado, en efecto, a ser “factores de nuestra defensa y órganos de la formación de la cultura de este mundo nuevo”, para convertirse en instituciones “dominadas por las oligarquías (...) El Estado servil, y a la vez opresor, gradúa allí, con las insignias del privilegio, a sus servidores intelectuales”22. La escuela, la justicia, la milicia, e incluso las proyecciones cinematográficas, todas las instituciones y manifestaciones de la cultura, en fin, caían en la redada de esta crítica radical y mordaz.

La frontera identitaria trazada por FORJA dividía al país en dos hemisferios inconciliables: de un lado se encontraba la institucionalidad política, social y cultural vigente, a la cual se acusaba de avalar activa o pasivamente la condición colonial de la Argentina; y del otro lado se hallaba FORJA, que se erigía así en la guardiana de una nueva moral, una nueva ideología y una nueva concepción política. Los forjistas se convertían de este modo en los portavoces de una prédica cuya finalidad sería operar una regeneración del entero cuerpo moral y político de la nación; se entiende así el énfasis con que apelaban a los jóvenes y a las “nuevas generaciones”: en ellos veían una población todavía “incontaminada” por el sistema colonial que había corroído las mentalidades de quienes habían sido educados bajo su órbita.

El esquema de interpretación de la realidad argentina propuesto por FORJA era, en definitiva, claro, sencillo, contundente. Si bien caía en simplificaciones, tenía como contrapartida la ventaja de ofrecer una interpretación global del pasado23 y del presente argentinos. Es cierto también que de su propuesta no se derivaba automáticamente ninguna clara línea de acción: los forjistas hablaban de la necesidad de avanzar en una “nueva emancipación” de la sociedad argentina, de librarse del yugo del imperialismo en la economía, la política y la cultura. Pero no mostraban cómo habrían de hacerlo. Rechazaban a los partidos, y reivindicaban la lucha armada; nunca, sin embargo, ensayaron una revuelta, ni ninguna acción concreta para desafiar a los gobiernos conservadores.

4. La expansión social y regional de FORJA

Aun así, alcanzaron una inusitada capacidad de expansión y crecimiento. FORJA logró, en efecto, hacer llegar su mensaje a numerosos puntos del territorio nacional. En un primer momento, su campo de acción estuvo concentrado en la Capital Federal. Quienes fundaron la agrupación habían militado en el radicalismo metropolitano; conocían en profundidad, por tanto, las distintas circunscripciones de la Capital, y no tuvieron dificultades para encontrar en ellas seguidores dispuestos a difundir las actividades y las ideas de la nueva agrupación.

Pronto, sin embargo, lograron traspasar los límites del distrito metropolitano e hicieron escuchar su prédica en otros puntos del país. En la provincia de Buenos Aires, surgieron activos centros forjistas en las localidades de Lincoln (distrito del que era oriundo Arturo Jauretche), Rojas (de donde provenía otro diligente militante, Julio Darío Alessandro), Mar del Plata (ciudad de origen de Francisco José Capelli, quien sería el último secretario general de FORJA)24, Bahía Blanca y La Plata.

En el interior del país, Entre Ríos fue la región donde FORJA logró mayor influencia; en particular, la sucursal de Gualeguaychú, bajo la dirección de Héctor Maya, se reveló activa en la difusión de las ideas de la agrupación y en la captación de nuevos militantes. Por su parte, Corrientes, Córdoba y Santa Fe, e incluso provincias pequeñas y alejadas del centro porteño (como Misiones, Catamarca, San Juan, Jujuy, Salta y La Rioja), también asistieron a la formación en su territorio de filiales de FORJA.25

La expansión de FORJA no sólo fue geográfica. La agrupación se esmeró también por aglutinar distintos sectores de actividad. Procuró acercarse a los trabajadores, aunque sus esfuerzos en ese sentido no dieron los resultados esperados, lo cual motivó cierta preocupación en los principales dirigentes de la agrupación; así se entiende que al cumplir su sexto aniversario, Jauretche afirmara: “Puedo decirles que estamos celebrando el triunfo de nuestras ideas. Pero estamos constatando, al mismo tiempo, nuestro fracaso como fuerza política: no hemos llegado a lo social”.26

Mucho más éxito tuvo en la captación de militantes universitarios. Como bien apunta Miguel Angel Scenna, “fue entre los estudiantes que FORJA más rápido y fácil se difundió” (1983: 189). En los principales centros educativos superiores del país, en particular en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad Nacional de La Plata, los ideales forjistas fueron asumidos por un número creciente de estudiantes. A raíz de ello, se decidió fundar la Organización Universitaria Forjista (O.U.F.), y muchos de sus militantes llegaron a ganar elecciones importantes en sus respectivas casas de estudio: Héctor Maya (quien luego sería gobernador de Entre Ríos bajo el peronismo) fue electo presidente del Centro de Estudiantes de Derecho y Ciencias Sociales de la UBA. Francisco José Capelli, por su parte, accedió en 1939 a la presidencia de la Federación Universitaria Argentina.

A diferencia de otras áreas en las que FORJA actuó, en el ámbito universitario los militantes de la agrupación no fueron tan lejos en sus cuestionamientos a las ideas hegemónicas que imperaban en la institución. La Reforma Universitaria de 1918 fue reivindicada por ellos en tanto había significado un movimiento “paralelo” al del yrigoyenismo, ya que “tradujo en lo didáctico la exigencia de verdad y pureza que animaba a lo político”27. La democratización de las universidades no fue el único elemento que los forjistas rescataron del movimiento reformista; el latinoamericanismo y el antiimperialismo que los universitarios del ´18 habían esgrimido también fue valorado por ellos: la Reforma había contribuido, en su opinión, a dar forma al “sentido de la comunidad de destino de los americanos de un mismo origen, y cualquier acción futura destinada a restablecer el equilibrio de esa comunidad frente a las falsificaciones imperialistas, tendrá que volver a su punto de partida”28.

La relación de FORJA con el legado de la Reforma no fue sin embargo tan lineal como una mirada superficial lo podría hacer creer. Pese, en efecto, a los avances que el movimiento reformista había introducido, la situación de las universidades distaba de ser la ideal; al igual que la intelectualidad, también la Universidad era responsable de la falta de profundidad que los argentinos tenían de sus propios problemas:

En la deliberada desviación de la inteligencia argentina y en la frustración de sus mayores intentos, la Universidad ha tenido parte principal. Se ha desenvuelto de espaldas al país, ajena a su drama y a la gestación de su destino (...) Fue instrumento de selección al servicio de lo antinacional, y es así como se encargó de preparar los expertos de la entrega, elaborando una mentalidad dócil a las desviaciones jurídicas en que se sustenta la modalidad depredatoria de las leyes y contratos que enajenaron la soberanía económica de la Nación.29

Según los forjistas, fue el lugar secundario que el movimiento de la Reforma otorgó a la cuestión nacional lo que explicaba el fracaso de la tentativa de transformar de raíz las universidades. En sus palabras:

Más que una construcción orgánica definitiva, [la Reforma] aportó los primeros basamentos de una demanda substancial, que por sucesivas integraciones debía unificar la Universidad con lo nacional y difundir el ideario típico de la Nación en el mundo. Contemplada a través del tiempo transcurrido, es fácil advertir que la Reforma se fue malogrando en la medida en que permaneció en sus planteos iniciales. Su falta de continuidad para arquitecturar las construcciones profundas que la sacaran de lo meramente universitario y la pusieran en el rumbo de lo nacional, determina que sus consecuencias hayan sido escasas.30

Los forjistas buscarían como objetivo, pues, articular la cuestión universitaria con la cuestión nacional. Sería, en su visión, la revalorización de “lo nacional” lo que posibilitaría “completar” la obra iniciada en 1918 por los reformistas; sólo así podría constituirse en las universidades una “nueva inteligencia” ligada a los problemas de la realidad argentina.

La relectura que los forjistas hicieron del legado de la reforma les permitió alcanzar amplio eco entre los estudiantes universitarios, lo cual coadyuvó en gran medida a fortalecer su red de militancia en distintos puntos del país. Eran muchos, en efecto, los estudiantes provenientes del interior que cursaban en las universidades en las cuales el ideario forjista encontraba una vasta repercusión; al retornar a sus ciudades de origen, dichos estudiantes fundaban centrales regionales de FORJA, con lo que contribuían a fortalecer y ampliar la estructura territorial de la agrupación.31 Estos nuevos centros forjistas se fueron sumando (y en algunos casos yuxtaponiendo problemáticamente) a la organización inicial de FORJA, constituida en su mayor parte por desgajamientos de la maquinaria radical dispersa luego de que se decidiera terminar con la abstención.

5. FORJA, el peronismo y el “retorno” al radicalismo

FORJA constituyó, a fin de cuentas, una amplia organización. Su principal atractivo estuvo constituido por su ideario de denuncia. En un contexto en el cual la ilegitimidad y el descrédito del conjunto de los actores sociales y políticos iban en vertiginoso ascenso, una prédica que, como la forjista, dirigía simultáneamente sus dardos hacia todos los flancos demostró ser sumamente eficaz para atraerse el favor y la simpatía de una importante cantidad de ciudadanos descontentos con las alternativas en las que se debatía la república del fraude. Pero este talante contestatario que permitió a la agrupación crecer aglutinando voluntades provenientes de distintos espacios políticos, encontró pronto su límite en el momento en el que FORJA decidió abandonar su posición de crítica frontal y pasar a apoyar una salida política particular.

Cuando el 4 de junio de 1943 las Fuerzas Armadas destituyeron al gobierno de Castillo y dieron fin a la república del fraude, FORJA emitió un comunicado en el que manifestaba su respaldo al golpe, en tanto consideraba que “el derrocamiento del ‘régimen’ constituye la primera etapa de toda política de reconstrucción de la nacionalidad y de expresión auténtica de la soberanía”32. Es sabido que la intervención militar contó en un primer momento con el apoyo de la gran mayoría de las fuerzas políticas; ese respaldo inicial, sin embargo, fue rápidamente abandonado cuando los partidos creyeron advertir que los militares no buscaban reimplantar sino suprimir definitivamente el sistema político dentro del cual aquellos hallaban su razón de ser.

Lejos de esa actitud, FORJA fue progresivamente estrechando sus vínculos con los revolucionarios de junio, en particular con aquel sector que promovía un acercamiento al movimiento obrero y que concebía un programa de desarrollo nacional basado en la industria. La agrupación percibió en la coyuntura abierta en 1943 una oportunidad para implementar desde el Estado políticas que estuvieran en línea con las ideas que venían postulando desde hacía ya casi una década, y muchos de sus militantes se sumaron a distintas áreas de la gestión de gobierno.

Pero esta responsabilidad con la administración pública tuvo también sus costos. Desde el principio, el régimen militar estuvo atravesado por el faccionalismo y las disputas internas. No era sencillo, en ese contexto, hacerse un lugar en el esquema de gobierno, menos aún desde una agrupación que, pese a la extendida red de filiales que había sabido construir, y al fuerte eco que encontró en las juventudes universitarias, no dejaba de tener una base militante pequeña: su principal valor, de hecho, como bien lo reconocían los propios referentes de la agrupación, residía en el plano de las ideas. Traducir el capital intelectual en capital político resultaba por demás complejo. Podían plegarse a un “hombre fuerte” de la revolución; pero en ese caso perderían la independencia para conducir el curso de los acontecimientos en el sentido por ellos deseado; y las coincidencias con los revolucionarios de junio eran amplias pero no ilimitadas, como bien lo dejan ver las siguientes palabras de A. Jauretche, pronunciadas a pocos meses de producido el alzamiento militar:

Poco despu és del 4 de junio hubo un momento en que la nación entera se galvanizó en un ansia de creación; se sintió vivir con la inquietud de que la revolución era obra de todos, del pueblo entero, y ha sido a mi juicio error no haber comprendido el momento psicológico para convertirse más que en gobierno, en intérpretes. Se ha preferido mantener la dualidad de gobierno y pueblo, con el pensamiento de una misión transitoria.33

La escisión entre el gobierno y el pueblo era identificada como un problema que requería atención inmediata; los forjistas desconfiaban de las fuerzas civiles, que habían “traicionado” a sus bases avalando la entrega del patrimonio nacional perpetrada por los gobiernos conservadores, pero recelaban también del ejército, el cual había sido ni más ni menos que el sustento del régimen fraudulento. La revolución de junio, necesaria para desactivar una nueva maniobra conservadora, corría el riesgo de desvirtuarse si no entablaba contactos con “el pueblo”. Fieles a su yrigoyenismo, los forjistas todavía pensaban que “pueblo” y “radicalismo” eran sinónimos, y que, por lo tanto, la salida para la revolución se encontraba en promover un nuevo encuentro con la UCR. “Se nos impone en este momento mirar hacia el radicalismo, en cuyo seno están las mayores posibilidades populares de los argentinos”, afirmaba Jauretche en el mismo artículo recién citado. Y concluía luego: “Llena está la UCR de reservas y aun de dirigentes que postergaron la disciplina de fondo a la formal, pero que no han contaminado ni la conducta ni el espíritu”.34

En el radicalismo estaba, como vemos, la solución al problema de la escisión entre “pueblo” y “gobierno”. No se trataba, desde luego, de tramitar un “pacto” entre los líderes de la revolución y los principales referentes del partido radical. En éste, para cumplir la misión que los forjistas le asignaban, debía operarse previamente una transformación de sus estructuras organizativa y programática.35 Se trataba, en definitiva, de “revolucionar al radicalismo y radicalizar la revolución”, tal como rezaba la consigna levantada por FORJA; ¿qué entendían los forjistas cuando hablaban en esos términos?

Radicalizar la Revolución no significa entregarle ésta a una combinación hecha con los dirigentes de un partido político, así se diga radical éste. Significa simplemente hacer del pueblo la revolución que hizo el ejército (...) Si decimos radicalizar la revolución, queremos decir popularizar la revolución, y no tenemos la culpa de que en los hechos las palabras sean sinónimas, porque decir popular y radical, es lo mismo, hoy y aquí. Y hoy y aquí hay que hacer las cosas.36

El programa de acción de FORJA buscaba impulsar un doble movimiento: acercar la revolución al radicalismo (“radicalizar la revolución”) y, paralelamente, promover en éste una “depuración” de su dirigencia (“revolucionar el radicalismo”). El proyecto, por demás ambicioso en sus objetivos, se correspondía con el difícil lugar que la agrupación ocupaba en el escenario político posterior a la revolución de junio: afín al gobierno pero poco proclive a acompañar en todas sus consecuencias un régimen sustentado en la corporación militar, FORJA buscó apoyo popular para el nuevo gobierno en la única fuerza política en la que, más por historia que por presente, pensó que lo podía encontrar. El radicalismo era, de hecho, para los forjistas, el único partido capaz de brindar una potencial salida electoral a la revolución; la UCR, asimismo, le permitiría a los forjistas pivotear en la interna del gobierno: consiguiendo su apoyo, tendrían el respaldo político que les faltaba para jugar un rol más decidido en estas disputas.

Es sabido que los hombres de FORJA no fueron los únicos que pensaron que en la UCR estaba la clave de una futura elección. Hasta bien avanzado el año 1945, Juan D. Perón sostuvo la misma convicción;37 éste, en efecto, tardó en creer que el movimiento obrero, con el cual estaba construyendo sólidos vínculos desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, alcanzara para enfrentar a los partidos en una eventual contienda electoral. La movilización del 17 de octubre fue la que lo condujo a cambiar de parecer. Luego de ella, Perón decidió arriesgarse y fundar un movimiento independiente y autónomo de los hasta entonces existentes en el país.

Fue ése el marco en el que FORJA decidió poner punto final a su proyecto político: la extrema polarización exigía a todos los actores políticos la toma de posiciones sin matices; el juego de “pivoteo” entre el radicalismo y el régimen militar que había intentado implementar la agrupación hasta ese momento se tornó imposible de proseguir. La fuerte presencia de las masas obreras, adicionalmente, mostraba que “radical” y “popular” ya no eran necesariamente sinónimos, y que, por lo tanto, podía existir un movimiento ajeno a la UCR capaz de reivindicar con éxito la pretensión de representar a las mayorías populares en la Argentina. Por todos esos motivos, el 15 de diciembre de 1945 la Junta Nacional de FORJA resolvió la disolución de la agrupación; en su escueta declaración, el máximo órgano de conducción alegaba

que el pensamiento y las finalidades perseguidas al crearse FORJA están cumplidos al definirse un movimiento popular en condiciones políticas y sociales que son la expresión colectiva de una voluntad nacional de realización cuya carencia de sostén político motivó la formación de FORJA ante su abandono por el radicalismo.

Desde luego que se puede dudar de que los forjistas estuvieran convencidos de que los objetivos perseguidos por la agrupación podían darse enteramente por cumplidos. Cabe pensar, antes bien, que “el huracán de la historia”38 que arrasó con el conjunto de las fuerzas políticas existentes hasta entonces en el país alcanzó también a FORJA. Ésta había surgido en un contexto de restricción de la participación política, y había definido como principales adversarios a los gobiernos conservadores y a la maquinaria del partido radical; la agrupación, efectiva en la impugnación de un régimen corroído por el fraude y la corrupción, poco pudo hacer frente a las nuevas características asumidas por el conflicto social y político.

6. Conclusiones

Tulio Halperín Donghi ideó una fórmula feliz para dar cuenta de la situación a la cual vinieron a arribar las fuerzas políticas opositoras bajo la república del fraude; éstas, según Halperín, “se constituye[ro]n en sus cómplices sin dejar por ello de ser sus víctimas” (2004: 174). Es decir, aun cuando los partidos políticos tenían sobradas razones para negar su legitimidad a los gobiernos conservadores, los cuales (como sus mismos dirigentes se avenían a reconocer en forma cada vez más abierta y desembozada) sólo podían erigirse y mantenerse en el poder al precio de violar sistemáticamente la voluntad popular, esos partidos tenían también motivos que los conducían a integrarse en el marco de la imperfecta legalidad instaurada en 1932. Ya fuera porque consideraran (como tendían a creer socialistas y demoprogresistas) que la liberal-democracia era un régimen loable pero todavía inadecuado para un país cuyo pueblo, cuando hacía uso del derecho al sufragio, se obstinaba en elegir caudillos demagógicos; ya fuera porque (como sucedía con los radicales) la duda acerca de su capacidad para conservar la lealtad de sus seguidores permaneciendo indefinidamente al margen de los comicios los llevó a retornar al escenario electoral sin saber a ciencia cierta qué podían esperar de él. El hecho es que todas las fuerzas políticas terminaron aceptando y formando parte de un régimen que, al tiempo que los excluía de los principales puestos de gestión y, más grave aún, los tornaba sospechosos de cara a la opinión pública, les ofrecía un lugar fuera del cual pocas posibilidades tenían de sostener las posiciones adquiridas en el pasado.

Fue éste el marco en el cual surgió, creció y se desarrolló FORJA. La fuerza de la agrupación estuvo dada por su rechazo a convertirse en cómplice de la república del fraude. Dado que en ésta confluían, en cuestionable connivencia, el conjunto de los actores políticos y económicos dominantes, la postura contestataria adoptada por FORJA le permitió recusar globalmente la forma en que se estructuraba el sistema social y político argentino. El punto de vista que adoptaron fue al mismo tiempo revelador en lo intelectual y eficaz en lo político; acompañando su prédica de una inagotable campaña propagandística, que hacía uso de novedosos recursos de difusión, los hombres de FORJA lograron atraerse la simpatía de una porción importante de la ciudadanía argentina que se sentía “huérfana” de sus representaciones político partidarias tradicionales.

El peronismo marcó al mismo tiempo una oportunidad y un límite para la agrupación: oportunidad, en tanto implicó la posibilidad de acceder a áreas de gestión antes vedadas para ellos. Límite, pues puso en evidencia las dificultades para adaptarse a un contexto signado por nuevos ejes de disputa social y política.

Notas

1 Lo que se conoce de ella, en efecto, proviene principalmente de la historia construida por quienes habían sido militantes de la agrupación (Jauretche, 1962 y 2011), o bien por escritores que explícitamente se declaran afines a ellos (Scenna, 1983; Galasso, 1997). Recientemente, algunos estudios académicos han dirigido su mirada a FORJA, y se han interesado particularmente por las características que ésta asumió en distintos escenarios regionales. Son dignos de mención, en este sentido, los trabajos de Delia M. García (2006) y José Marcilese (2005), quienes reconstruyen los principales procesos que jalonaron la historia de FORJA en las localidades de Mar del Plata y Bahía Blanca (respectivamente).

2 La Biblioteca Nacional ha adquirido en 2010, y puesto a disposición de la consulta al público en 2011, el archivo de Julio Darío Alessandro (militante de FORJA en los ´30 y los ´40); allí se encuentra el más importante acervo documental sobre la agrupación.

3 Los procesos electorales del radicalismo metropolitano en el período posterior a 1930 han sido reconstruidos minuciosamente por Ana V. Persello (2004: 154-159).

4 En diciembre de 1934, varios de los que luego conformarían FORJA publicaron un folleto en el que expresaban su rechazo a la decisión de la Convención de dar fin al período abstencionista. Dicho folleto, titulado “Vocación revolucionaria del radicalismo”, se abría con las siguientes palabras: “Estamos presenciando el esfuerzo sistemático que dentro de la UCR realizan algunos de los que accidentalmente la representan, con el fin de demostrar que la UCR es un ‘partido de orden’ , o sea el puntal que necesitan los gobiernos fraudulentos”. El folleto se encuentra en Arturo Jauretche (1962: 93-97); de allí tomamos el extracto citado.

5 En el “Preámbulo” del manifiesto Al Pueblo de la República, aparecido en la segunda mitad de 1935, los militantes forjistas reconocían que, hasta poco tiempo atrás, habían confiado en la dirigencia de la UCR; y argumentaban, también, que fue el levantamiento de la abstención el que había propiciado su alejamiento del partido: “Hemos alentado, durante los últimos años, la creencia de que las direcciones de la Unión Cívica Radical fueran, como debían ser, el centro de la defensa indeclinable de los intereses de la soberanía nacional, y hemos secundado, con favor, todos los esfuerzos de liberación que ellas auspiciaron o condujeron. Después, esas direcciones han abandonado sus deberes, al propiciar la salida de la abstención en que se mantuvo la austera protesta del pueblo soberano...” (Al pueblo de la república. Manifiesto de la Fuerza Orientadora Radical de la Joven Argentina, Buenos Aires, 2 de septiembre de 1935, pág. 2).

6 En la “Declaración aprobada en la Asamblea Constituyente del 29 de junio de 1935”, afirmaban que en la UCR recaía la tarea de “emancipar” al pueblo argentino, y que, “para ello, es necesario en el orden interno del Partido, dotarlo de un estatuto que, estableciendo el voto directo del afiliado auténtico y cotizante, asegure la soberanía del pueblo radical” (La “Declaración...” aparece reproducida en forma completa en la primera página del folleto Al pueblo de la república recién citado).

7 Véase, al respecto: Giménez (2012).

8 FORJA, “Declaración aprobada en la Asamblea Constituyente...”, Op. cit.

9 “El pensamiento escrito de Yrigoyen. Compilación antológica por Gabriel del Mazo”, Cuadernos de FORJA, Año 1, Número 2, Buenos Aires, 3 de julio de 1936.

10 Ibíd, pág. 3.

11 No es ocioso apuntar, además, que los elementos del legado yrigoyenista que los hombres de FORJA consideraron pertinente tener en cuenta no fueron literalmente retomados; aquellos estuvieron, por el contrario, sometidos a un proceso de relectura y reinterpretación, a la luz de otras experiencias e influencias políticas e intelectuales (entre las cuales, como veremos en breve, el nacionalismo tuvo un papel fundamental). Los forjistas realizaban de este modo, al fin y al cabo, el proceso de “selección” y reactualización característico de toda identidad que abreva en una tradición para actuar en el presente (para una reflexión teórica sobre la relación entre la transformación de las identidades y los procesos de recuperación de una tradición, véase: Aboy Carlés [2001]).

12 Arturo Jauretche, “Democracia y electoralismo”, en Argentinidad, Gualeguaychú, 13 de marzo de 1939, pág. 1.

13 Ibíd., pág. 1.

14 Ibíd., pág. 1.

15 Esta decisión motivó el alejamiento de FORJA de algunos de sus integrantes. Gabriel del Mazo y Luis Dellepiane, entre tantos otros, abandonaron FORJA por considerar que no era viable ninguna salida política que no tendiera puentes con la UCR.

16 Recordemos que Ortiz, que había asumido la presidencia en 1938, procuró operar el retorno a una práctica más sincera del sufragio universal. Pero, precisamente en el momento en el que más decidido se manifestó a avanzar en ese sentido (lo cual sucedió a principios de 1940, cuando decretó la intervención a la Provincia de Buenos Aires), su salud comenzó a sufrir graves deterioros que lo obligaron a delegar el poder en su vicepresidente, Ramón S. Castillo. Una crónica detallada de los acontecimientos se encuentra en Félix Luna (1978). Un análisis más general de la dinámica política argentina del período puede consultarse en Cattaruzza (2009: 115-134) y en de Privitellio (2001).

17 Un volante de la agrupación, de fines de 1939, ilustra bien la posición que asumió de cara a la contienda: “Ante la crisis de Europa, conflicto de imperialismos organizados los unos bajo apariencias demoliberales y los otros bajo rótulos totalitarios, la Argentina, sometida por su condición de colonia inglesa y de las plutocracias internacionales, debe activar la formación de su conciencia emancipadora y la organización de las fuerzas que la libertarán de toda dominación o penetración extranjera, se estructuren éstas bajo la forma disimulada y hábil del manejo de la economía y la cultura, como actualmente, o bajo la forma violenta de la agresión y el dominio militar, como podría sobrevenir mañana, según la suerte de la guerra desencadenada” (“El deber argentino ante la guerra”, volante de FORJA).

La posición de neutralidad frente al conflicto bélico asumida por FORJA, y la creciente desconfianza que manifestó respecto de los mecanismos liberal-democráticos, hicieron que a la agrupación se la acusara de promover (deliberadamente o no, según quien dirigiera el epíteto) el desarrollo del “nazi-fascismo” en Argentina; tal acusación sólo se entiende, desde luego, en el contexto de profunda polarización que introdujo el estallido de la Segunda Guerra Mundial, el cual posibilitó, como bien señala Andrés Bisso, que “comenzaran a ser vistos como fascistas actores políticos que no se reivindica[ba]n como tales, e incluso que n[egaban] serlo” (2005: 45).

18 M. A. Scenna cita un testimonio de David de Ansó, según el cual el presidente de México, Lázaro Cárdenas, ofreció a los forjistas en 1938 “armas y dinero” para promover una revolución en la Argentina. Luego de ser analizado por el “comando revolucionario militar” de FORJA, dicho ofrecimiento fue descartado, pues se había arribado a la conclusión de que “no se contaba con fuerzas suficientes para un enfrentamiento armado con alguna posibilidad de triunfo” (1983: 313). Según consta en las fuentes consultadas, ésa fue la única oportunidad en que se evaluó la posibilidad de emprender una insurrección.

19 En 1934 los hermanos Rodolfo y Julio Irazusta (ambos protagonistas de la experiencia de La Nueva República a fines de los ´20, y partícipes, en 1930, de la revolución de Uriburu) publicaron La Argentina y el imperialismo británico, ensayo en el cual denunciaban a la clase dirigente argentina por su fiel incondicionalidad al poder económico inglés. Como bien señala Diana Quattrochi-Woisson, “este libro fue el primero en interpretar la historia argentina a partir de la necesidad de independencia nacional” (1995: 130). Para efectivizar esa independencia, los hermanos Irazusta proponían, en el ámbito económico, la promoción del desarrollo industrial, y, en el ámbito político, la liberación del pueblo de la dirigencia “antinacional”. El libro habilitaba, de este modo, una lectura en clave contestataria; fue esa interpretación la que realizaron los forjistas, lo que dio lugar al encuentro entre dos corrientes que muy poco tiempo atrás se habían planteado como irreconciliables: la del radicalismo con el nacionalismo.

20 Raúl Scalabrini Ortiz, “La nueva significación de América”, en Señales, Buenos Aires, 5 de junio de 1935, pág. 7.

21 Así resumía Jauretche la complementariedad entre política, economía y cultura: “Desentrañando la trama de nuestro coloniaje económico, que fue nuestra primer tarea, descubrimos que él se asentaba sobe el coloniaje cultural. Descubrimos, también, que ambos coloniajes se apuntalaban y conformaban recíprocamente, pero que si el coloniaje económico daba los puntos de apoyo al cultural, éste era a su vez la forma de penetración y estabilización de aquél” (A. Jauretche, discurso pronunciado en el acto de celebración del séptimo aniversario de la fundación de FORJA, 29 de junio de 1942, versión mecanografiada, pág. 4).

22 Ibíd., pág. 12.

23 No está de más recordar que FORJA llevó su denuncia también al plano historiográfico. Siguiendo aquí también las líneas adelantadas por los nacionalistas, los forjistas acusaron a la historia “oficial” de construir un relato sobre el pasado nacional cuyo objetivo no era sino defender y legitimar los intereses de las clases dominantes y del imperialismo. Los forjistas propusieron, en oposición a ese relato, una versión de la historia en la que se ponían de manifiesto tanto la corrupción de la clase política y económica local, como la acción expoliadora del imperialismo británico.

24 El desarrollo de FORJA en Mar del Plata ha sido objeto de una valiosa investigación. María Delia García (2006), quien tuvo acceso al archivo de F. Capelli, narra la historia de la agrupación en Mar del Plata poniendo de manifiesto las tensiones existentes entre la filial local y la junta central que actuaba en la Capital.

25 En la correspondencia interna de la agrupación puede apreciarse que la junta central de FORJA siguió con mucho celo las manifestaciones de sus filiales regionales. En una carta en la que daba la bienvenida a la formación de un centro de FORJA en Posadas, Arturo Jauretche advertía a los nuevos miembros que debían cuidarse de acatar lo dispuesto por el organismo central. En dicha misiva, Jauretche, luego de mostrarse satisfecho por “el propósito por ustedes manifestado de constituir una filial de FORJA en Posadas”, advertía: “La organización a constituirse actuará como filial de esta central ajustando a la orientación de ella sus directivas (...). Dentro de la actual estructuración formativa, como en la que resulte de la adopción de un estatuto definitivo y federal, la rigidez disciplinaria y la organización jerárquica correspondiente en todo lo que se refiera a acción colectiva e ideológica, es de vital necesidad para la eficacia de un movimiento de contenido revolucionario, en particular en momentos tan propensos a desviaciones del oportunismo electoralista o a la de las ideas en función de parcialidades extrañas a América promovidas por una propaganda interesada” (Carta de Arturo Jauretche a Víctor Nibeyro, Buenos Aires, 9 de enero de 1940, 2 páginas).

26 A. Jauretche pronunció esas palabras el 29 de junio de 1941, en el acto de celebración del sexto aniversario de la fundación de FORJA (extraemos la cita de N. Galasso, 1985: 66). El mismo Jauretche, muchos años más tarde, en la entrevista que le realizara Luis Alberto Romero a principios de la década del ´70, volvería a reconocer que, aunque FORJA había logrado suscitar el apoyo de algunos dirigentes sindicales (como el de Libertario Ferrari, de la Asociación de Trabajadores del Estado, y el de Lázaro Caparrós –secretario general del sindicato del vidrio–), en términos generales “no había un público gremial para nuestras ideas” (en A. Jauretche, 2011: 131).

27 “F.O.R.J.A. y el problema universitario. Manifiesto de la Organización Universitaria de F.O.R.J.A.”, Publicaciones de FORJA, Colección Folletos, Número 2, Buenos Aires, 1943, pág. 6.

28 Ibíd, pág. 7.

29 Íbid, pág. 5.

30 Ibíd. pág. 5.

31 Delia García afirma en este sentido: “las ideas forjistas alcanzaron una rápida propagación entre los jóvenes, en su mayoría estudiantes provincianos afincados en Buenos Aires y La Plata. Precisamente, a partir de la tarea proselitista desarrollada por ellos en sus lugares de origen, comenzaron a multiplicarse los nucleamientos forjistas que, aunque constituidos por exiguas bases militantes, desarrollaban un intenso activismo político en las diversas comarcas provinciales” (2006). La autora cita el ejemplo de Francisco Capelli, quien estudió en La Plata y luego constituyó la sucursal de FORJA en Mar del Plata.

Otro caso digno de mención es el de Héctor D. Maya, que había estudiado Derecho en la UBA y militado en la O.U.F., para luego fundar, al regresar a su Gualeguaychú natal, la filial de FORJA de esa localidad entrerriana. La formación de FORJA en San Juan reconoce un origen similar; Florencio Alvarez Yanzi, luego de concluidos sus estudios en La Plata, fundó allí la filial de FORJA; en una carta que le envió al Secretario General de la agrupación, leemos lo siguiente: “Estando a punto de finalizar mi carrera universitaria en la Facultad de Derecho de La Plata, me he trasladado a mi provincia a objeto de preparar mis exámenes finales; aprovechando la oportunidad, desearía que Ud. me enviara bastante propaganda forjista a fin de que una vez conocida la agrupación, fundemos en esta capital, en un gran acto público, una filial forjista” (Carta de F. Alvarez Yanzi a Luis Dellepiane, San Juan, 12 de agosto de 1936, 5 páginas).

La constitución de FORJA en Bahía Blanca sigue los mismos pasos: los fundadores, en este caso, también habían cursado sus estudios en la Universidad de La Plata; resulta sugestivo, al respecto, la reconstrucción del proceso realizada por José Marcilese: “Fue la experiencia de cursar estudios superiores en la Universidad Nacional de La Plata el hecho que marcaría definitivamente el destino del grupo. En esa ciudad, algunos de los futuros forjistas bahienses se relacionaron con Gabriel del Mazo, quien se desempeñaba allí como docente, y con Arturo Jauretche. Este núcleo, formado inicialmente por Miguel López Francés y José Aralda, serviría como transmisor de las ideas de FORJA a un sector de jóvenes radicales bahienses (...) A mediados del año 1943 parte de este grupo de jóvenes, luego de su graduación, retornó a la ciudad y conformó la filial local de FORJA con su respectivo local de reuniones” (2005: 276).

32 “Declaración de la Junta Nacional de FORJA”, Buenos Aires, 4 de junio de 1943.

33 Arturo Jauretche, “FORJA y la revolución”, en FORJA. Órgano oficial de la Provincia de Buenos Aires, Bahía Blanca, octubre de 1943, pág. 2.

34 Ibíd., pág. 2.

35 Así esbozaba Jauretche el cambio que creía menester realizar en el radicalismo: “Es necesario instrumentar lo hecho para que la voluntad resultante tenga poder de ejecución. Esa instrumentación en el pasado se llamó UCR. Puede serlo otra vez si se depura y limpia de sus desviaciones y desviadores” (Ibíd., pág. 2).

36 “La revolución está parada; deberá retomar su ritmo”, en La Víspera. Semanario de Orientación Nacional, Buenos Aires, Sábado 6 de enero de 1945, Año 1, N° 4, págs. 1-2 (subrayado en el original).

37 Fue con esa idea que Perón le ofreció a Sabattini en reiteradas oportunidades, según el testimonio citado por Félix Luna, todos los puestos electivos para el radicalismo, “con la condición de que el candidato a presidente fuera propuesto por el Ejército” (1975: 116).

38 Tomamos la frase de Félix Luna (1975), quien utiliza esta imagen para hacer referencia a los acontecimientos de octubre de 1945.

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