Sociohistórica, núm. 55, e261, marzo-agosto 2025. ISSN 1852-1606
Universidad Nacional de La Plata
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación
IdIHCS (UNLP-CONICET). Centro de Investigaciones Socio Históricas

Intervenciones

Milei y las ciencias sociales: ¿enigma, anomalía o qué?

Martín Retamozo
Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales (UNLP-CONICET), Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Universidad Nacional de La Plata, Argentina
Mauricio Schuttenberg
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), Universidad Nacional Arturo Jauretche, Argentina
Cita sugerida: Retamozo, M. y Schuttenberg, M. (2025). Milei y las ciencias sociales: ¿enigma, anomalía o qué?. Sociohistórica, (55), e261. https://doi.org/10.24215/18521606e261

Resumen: Este artículo explora cómo fue abordado el fenómeno encabezado por Javier Milei como objeto de estudio en las ciencias sociales. A partir de una revisión de tres libros clave se indaga cómo Milei y su movimiento, La Libertad Avanza, han sido conceptualizados y problematizados en la academia argentina en el primer año de su mandato como presidente de la Nación. El trabajo repara en los diferentes modos de concebir la historicidad del proceso, los usos de los elementos teóricos y los dispositivos metodológicos puestos en juego en intervenciones que articulan la práctica profesional en el campo de las ciencias sociales con el rol de intelectuales públicos.

Palabras clave: Javier Milei, Ciencias sociales, Extrema derecha, La Libertad Avanza, Argentina, Análisis político.

Milei and social science: enigma, anomaly or what?

Abstract: This article examines how the phenomenon led by Javier Milei has been approached as an object of study within the social sciences. Through a critical review of three key books the study explores how Milei and his movement, La Libertad Avanza, have been conceptualized and problematized within Argentine academia during the first year of his presidency. The paper analyzes the diverse ways in which these works address the historicity of the process, the theoretical frameworks employed, and the methodological approaches utilized. Additionally, it reflects on how these interventions articulate professional practices in the social sciences with the role of public intellectuals in contemporary political debates.

Keywords: Javier Milei, Social sciences, Far-right, La Libertad Avanza, Argentina, Political analysis.

¿Qué importan ya tus ideales?

¿Qué importa tu canción?

La grasa de las capitales

Cubre tu corazón

(La grasa de las capitales, Charly García)

El camino está muy claro,

por eso estoy perdido

(El descontrol, Bestia Bebé)

Introducción: Milei en nuestro laberinto

El 13 de agosto de 2021, Netflix estrenó El Reino, una serie que narra el ascenso al poder de un pastor evangélico ultraconservador, interpretado por Diego Peretti, quien se presenta como catalizador del creciente descontento con el sistema político tradicional y llega a ser presidente de la Nación. El primer capítulo abre con una alusión directa a Antonio Gramsci, aunque utilizando una cita algo distorsionada de su célebre entrada 34 del Cuaderno 3: “La crisis consiste precisamente en el hecho de que lo viejo está muriendo y lo nuevo no puede nacer: en este interregno se verifican los fenómenos morbosos más variados” (Gramsci, 1975, p. 311). En su lugar, la serie introduce un pseudo-apócrifo: “El viejo mundo muere. El nuevo tarda en aparecer. En ese claroscuro surgen los monstruos.” No obstante, como diría hegelianamente el Chapulín Colorado, "la idea es esa". Dos meses después del estreno de la serie, Javier Milei fue electo diputado nacional por la Ciudad de Buenos Aires. Su alianza política, La Libertad Avanza, irrumpió como una tercera fuerza en un escenario político dominado por la coalición de centro-derecha Juntos por el Cambio y el peronismo, que en 2019 se había reunificado bajo el nombre de Frente de Todos. En efecto, parafraseando uno de los libros que aquí reseñaremos: estaba entre nosotros.

Sin embargo, cualquier búsqueda de producción académica que mencione la figura de Javier Milei hasta 2020 arrojará un conjunto de trabajos escasamente citados del propio autor y unas pocas referencias que lo invocan marginalmente. Estas lo sitúan como parte del elenco de las nuevas derechas que se movilizan (Lucca e Iglesias, 2020 y Bolcato y Souroujo, 2020), que se opusieron a las políticas públicas sanitarias durante la pandemia de COVID-19 (Glück, 2020), que establecen alianzas con movimientos religiosos (Goldstein, 2020), que reinscriben discursos económicos anarcocapitalistas (Dvoskin, 2019) e, incluso, ponen en evidencia la influencia de Gramsci en el pensamiento de la derecha libertaria (Gallegos, 2020). El libro de Pablo Stefanoni, ¿La rebeldía se volvió de derecha? (2021), tiene el mérito de detenerse con cierto detalle en la figura de Javier Milei como referente de la ultraderecha vernácula. Aunque en ese momento el autor consideraba débil a la extrema derecha argentina, dos años después -dinámica de lo impensado mediante- esta se consolidaba como un aluvión y coronó con la presidencia de la Nación a su hijo putativo: Javier Milei.

Es evidente, entonces, lo acertado del subtítulo de uno de los libros analizados en este artículo: la derecha que no vimos venir. Sin embargo, cabe preguntarnos por qué no pudimos (o no supimos) prever un fenómeno que estaba a la vista, ocupando horas de radio y televisión. Según un relevamiento de la consultora Ejes Comunicación, Milei fue el economista más entrevistado en los medios tradicionales (radio y televisión) entre el 28 de diciembre de 2017 y el 7 de septiembre de 2018, con un total de 235 entrevistas y 193.547 segundos de aire. La misma consultora lo señala como el más entrevistado en todo el período entre 2018 y 2021, lo que lo sitúa en el centro del sistema mediático argentino. Milei “estaba ahí” tanto en los antiguos órdenes de visibilidad —bastaba con encender la radio o la televisión— como en los nuevos entornos, como Twitter o TikTok. Como señalaba Deleuze: «Ver» no es el ejercicio empírico del ojo, sino construir visibilidades (2013, p. 72). Entonces ¿era, acaso, "visible" o "decible" para las ciencias sociales?

El auge de la ultraderecha en el ámbito global ha atraído una atención creciente dentro de las ciencias sociales, especialmente en los últimos años. En Europa, ejemplos como el fortalecimiento del Frente Nacional en Francia bajo el liderazgo de Marine Le Pen, el partido Ley y Justicia (PiS) en Polonia, la figura de Giorgia Meloni en Italia, Vox en España, y Viktor Orbán en Hungría ilustran el protagonismo de las agendas conservadoras. Estos movimientos no solo destacan en la contienda política, sino que también evidencian una creciente tensión con los modelos de convivencia basados en el multiculturalismo y la democracia como régimen. En América, figuras como Jair Bolsonaro en Brasil y Donald Trump en Estados Unidos han sido objeto de estudio como manifestaciones de la extrema derecha que, mediante elecciones, lograron acceder a la presidencia.

Este fenómeno ha constituido un subcampo de estudios en las ciencias sociales y para su tratamiento se han utilizado diversas denominaciones. "Radical right" (Rydgren, 2007), la "ultra-right" (Mudde, 2021), "alt-right" (Hawley, 2017; Della Torre y Cooper, 2022), "far-right" (Stewart, 2020), extremismo, fascismo, neofascismo y posfascismo (Traverso, 2018), así como populismo de derecha (March, 2017), son términos que se han utilizado para conceptualizar y analizar estos movimientos, cada uno aportando una perspectiva particular sobre sus características, dinámicas y consecuencias políticas. En Argentina, la preocupación por “las derechas” se reposicionó en la agenda local con el ascenso de Propuesta Republicana (PRO) y el triunfo de CAMBIEMOS en 2015. Los debates sobre la caracterización de la fuerza liderada por Mauricio Macri dominaron buena parte de la sociología y la ciencia política nacional (Natanson, 2018; Vommaro y Morresi, 2015; Vommaro, 2017, Schuttenberg, 2017 y 2019) La derechología que se había ocupado de experiencias, organizaciones y discursos políticos en el siglo XX calibraba su mira para apuntar a los procesos del siglo XXI, señalando algunas novedades e identificando continuidades.

En 2023, Mariana Gené y Gabriel Vommaro publicaron El sueño intacto de la centro derecha, un libro que analiza la evolución del PRO (Propuesta Republicana) desde su fundación hasta la derrota de 2019, y sus posibilidades de regresar al poder. Los autores subrayan cómo, en el PRO, el sueño de una Argentina liberal permanece vigente, pero con una pluralidad de intérpretes. Horacio Rodríguez Larreta es presentado como la versión moderada, mientras que Mauricio Macri abandona la mesura y se acerca a posturas más radicalizadas, influenciadas por Patricia Bullrich (Gené y Vommaro, 2023, p. 302). Esto muestra que en el escenario preelectoral de comienzos de 2023, la figura de Javier Milei y el frente La Libertad Avanza (LLA) no se perfilaban como actores centrales, aunque sí se identificaba una tendencia hacia un proyecto neoliberal/neoconservador radicalizado, inclinado hacia posiciones de extrema derecha. Pese a no figurar en el radar de los analistas como un espacio con posibilidades reales de disputar el poder, desde 2021 el fenómeno Milei comenzó a ser objeto de reflexión en las ciencias sociales. Este fenómeno despertó particular interés en los estudios de comunicación, debido a su presencia en redes sociales (Martins, 2021; Kessler, Vommaro y Paladino, 2022), en los análisis del discurso (Seco, 2021 y Ben, 2022), y en las investigaciones politológicas centrados en la dinámica electoral a partir de que LLA se posicionó como una tercera fuerza tras las legislativas de 2021 (Olmeda y Licea, 2021).

Lentamente, la mirada encandilada por el fenómeno mediático libertario comenzó a desplazarse hacia su condición de “movimiento social”, entendido según los estudios clásicos como “un conjunto de opiniones y creencias que representan preferencias de cambio de ciertos elementos de la estructura social y/o de la distribución de recompensas en una sociedad” (McCarthy y Zald, 1977, p. 1217-1218). Este cambio de perspectiva permitió atender a los procesos sociales “desde abajo”, que ya eran evidentes en diversos espacios públicos y que se vinculaban, por ejemplo, con la dislocación provocada por la pandemia (Bracco & Porta Fernández, 2022). Inicialmente, estos procesos se manifestaron en los entornos virtuales y, posteriormente, en formas organizativas más tradicionales, evidenciando la hibridación de un sujeto político en construcción. Este sujeto demostró una capacidad anfibia para actuar simultáneamente en el espacio virtual, en los medios tradicionales, en el barrio, en la calle y en las urnas (Vázquez & Cozachcow, 2021), con especial intensidad entre los jóvenes (Vázquez, 2022).

No solo las ciencias sociales comenzaron a considerar el fenómeno libertario como algo más que una excentricidad mediática, reparando en las diversas capas geológicas de su constitución, sino que también los actores políticos incorporaron este fenómeno como un factor decisivo en el diseño de sus estrategias electorales. La expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, en una entrevista televisiva, afirmó: “Estas elecciones van a ser atípicas. Son elecciones de tercios, donde lo importante más que el techo es el piso para entrar al balotaje”1. Luego, ya con el resultado de la primera vuelta de las elecciones generales, Mauricio Macri con su fuerza política fuera de competencia, apoyaría al candidato libertario en su contienda contra el peronismo. Lo cierto es que “aparición” de Javier Milei, con sus propuestas “anticasta” y libertarias, comenzó a ser analizada sistemáticamente por los cientistas sociales, ya no solo como la expresión local de una radicalización de las tradiciones de las derechas o la versión local de las neoderechas globales, sino como el surgimiento de una alternativa real de poder en Argentina.

Javier Milei cumple -al momento de escribir estas palabras- un año en el poder y ya ha sido objeto de más análisis que los cuatro años de su predecesor, Alberto Fernández, cuya figura estará ligada más a la pandemia que al proceso político que lo tuvo como presidente. Ahora bien, este trabajo no se ocupa centralmente de qué dicen las explicaciones que se elaboraron desde las ciencias sociales sobre el advenimiento de Milei, sino de cómo se construyó el “problema Milei” como articulador de un objeto de investigación para las ciencias sociales una vez que su emergencia lo ubicó en el campo de lo visible y, veremos, de lo pensable y lo decible. ¿Por qué no lo vimos venir? (si es que no lo vimos), ¿cómo lo configuramos como objeto de estudio?, ¿Desde qué perspectivas teóricas y metodológicas, pero también desde que lugar de enunciación político se construyen las miradas que pretenden ser críticas a la vez que analíticas? ¿Qué podemos decir de nosotros mismos en el intento por hacer objeto a ese elusivo sujeto?

Luego del triunfo de La Libertad Avanza en las elecciones de 2023 se publicaron tres libros que hicieron foco en distintos aspectos del proceso político cuya unidad nominativa es Javier Milei. Elegimos estas producciones por ser, hasta ahora, las más relevantes dedicadas completamente al fenómeno Milei publicadas bajo formato de libro, todas son producto de investigaciones que se inscriben en el campo de las ciencias sociales y las humanidades, pero fueron orientadas a un público amplio por editoriales de circulación masiva. Los libros escogidos son “Está entre nosotros” coordinado por Pablo Semán, publicado por la editorial Siglo XXI hacia finales de 2023, “¿Por qué ganó Milei?” de Javier Balsa editado por el Fondo de Cultura Económica a mediados de 2024 y “Desquiciados” compilado por Alejandro Grimson en 2024. Los responsables de los libros son investigadores del CONICET -institución que ha sufrido un ataque sistemático por parte del presidente Milei- y en sus trayectorias muestran cruces interdisciplinarios sugerentes entre la historia, la sociología y la antropología que informan sus perspectivas teóricas y metodológicas. Es esta trilogía la que nos sirve de foco, obturador y disparador para este escrito

Milei en clave trifocal

¿Es Javier Milei una anomalía? Por un lado, podría interpretarse su presidencia como una anomalía histórica en una nación que, a su vez, se autodefine como anómala y excepcional. El título del libro de Ricardo Foster sobre el kirchnerismo lleva esta marca: La anomalía argentina (2013). Sin embargo, cabe preguntarse si existe alguna nación que no se presuma anómala al menos para construir su propio reflejo identitario. Por otro lado, Thomas Kuhn, en su texto clásico, abordó la función de las anomalías en la producción del conocimiento y, en última instancia, en los cambios de paradigma. Esto se debe a que la transformación de los enigmas en anomalías es lo que pone en crisis a una comunidad científica. Es cierto —y se ha debatido ampliamente— que la teoría de los paradigmas requiere mediaciones para su aplicación en el campo de las ciencias sociales. También lo es que los autores convocados en este texto pueden reconocerse como parte de una comunidad epistémica. Por tanto, resulta pertinente reflexionar sobre cómo se configura este fenómeno como objeto: ¿cómo se objetiva un proceso social? ¿Cómo se inscribe en un tiempo histórico? ¿Con qué categorías se lo determina, metodologías se lo aborda y técnicas se lo estudia? Finalmente, ¿desde dónde se lo enuncia y hacia qué horizonte se dirige la indagación? En este sentido, la anomalía que nos interesa no es la de un acontecimiento desviado en la historia (quizás porque esto supone una historia lineal), sino el impacto de lo inesperado en el campo de las ciencias sociales.

La irrupción de Javier Milei, primero como figura mediática y discursiva, y más tarde como líder de un movimiento social, ha motivado esfuerzos sistemáticos y colectivos por responder a una pregunta clave: “¿De dónde sale y hasta dónde puede llegar la extrema derecha que no vimos venir?”. Este interrogante, expresado en el subtítulo de la obra coordinada por Pablo Semán, sitúa tanto la dimensión genealógica del fenómeno como la posibilidad de analizar su despliegue en los tiempos que podríamos denominar “libertarianos”.

El libro coordinado por Pablo Semán, el primero de la saga, en rigor fue escrito antes del triunfo de Javier Milei y publicado semanas después de la elección presidencial. Actualmente, va por su sexta edición y también ha sido publicado en España bajo el título El ascenso de Milei. Claves para entender la derecha libertaria en Argentina. La obra busca describir "la historia de las ideas y los mundos sociales en que toma forma y volumen la fuerza política de extrema derecha que finalmente conmovió el panorama electoral y la agenda política del país" (p. 9). El segundo libro que analizaremos, publicado a mediados de 2024, lleva por título Por qué ganó Milei. Su autor, Javier Balsa, examina, a partir de un extenso trabajo de campo, el triunfo del candidato libertario. Según sus palabras, esta investigación busca evidenciar “una serie de elementos ideológicos que muestran que las transformaciones en la sociedad argentina han sido más profundas que un mero descontento surgido por la pandemia o por una situación de alta inflación. Nos adentramos en las disputas sobre la hegemonía” (p. 15). El tercer libro es Desquiciados, una obra coordinada por Alejandro Grimson publicada en 2024, que compila artículos académicos basados en un “hecho insólito”: la asunción de la extrema derecha en Argentina justo cuando la democracia, recuperada en 1983, cumple 40 años.

Está entre nosotros

“Está entre nosotros. ¿De dónde sale y hasta dónde puede llegar la extrema derecha que no vimos venir?, se trata de una compilación coordinada por Pablo Semán en donde participan investigadores que venían desarrollando agendas de estudios que convergieron en torno al fenómeno Milei. Melina Vázquez referente en estudios sobre juventudes y política, Sergio Morresi y Martín Vicente que vienen desarrollando investigaciones en torno a las derechas en Argentina y Ezequiel Saferstein cuyos temas de trabajo incluye la circulación de ideas políticas en el espacio público y la producción editorial. En los sucesivos capítulos, los autores ponen el foco en distintas dimensiones específicas de la cuestión Milei.

Sergio Morresi y Martín Vicente desarrollan investigaciones sobre la derecha argentina desde una perspectiva que combina la historia intelectual y la sociología política. Este enfoque les permite reconstruir la historicidad y las tramas ideológicas que sostienen a La Libertad Avanza, además de identificar la articulación entre dos corrientes de la derecha: la liberal conservadora y la nacionalista reaccionaria. Los autores proponen interpretar el proceso como un "fusionismo de derecha", que, aunque cuenta con precedentes históricos, adquiere un carácter novedoso en el contexto democrático actual y en coexistencia con una fuerza de derecha consolidada como el PRO. En este marco, La Libertad Avanza se posiciona como una derecha más extrema, desafiando aspectos fundamentales de la democracia tal como fue concebida durante la transición democrática desde 1983.

Melina Vázquez en “Los picantes del liberalismo. Jóvenes militantes de Milei y “nuevas derechas” inscribe la experiencia del activismo juvenil libertario en una genealogía a partir de sus estudios sobre el tema. La mirada diacrónica le permite reconstruir tanto los contextos de acción histórica post-2001, como los aprendizajes generacionales y los modos de significar los tiempos sociales y políticos que moldean al sujeto libertario. El trabajo de campo cualitativo, basado fundamentalmente en entrevistas y observaciones realizadas en CABA, habilita a la autora a fundamentar su argumento sobre la naturaleza de una "generación bastarda", que pasó de ser marginal a ocupar el centro del ecosistema político-militante. El análisis del universo discursivo y de los repertorios simbólicos convergentes le permite indagar en la configuración de una experiencia identitaria para jóvenes huérfanos de la política.

Ezequiel Saferstein, por su parte, ha centrado su trabajo en el estudio de las prácticas de intelectuales de derecha y la circulación de las ideas políticas, especialmente relacionado con el mundo editorial. En su capítulo recurre a pinceladas etnográficas para describir la conformación de enunciadores, artefactos y públicos que interactúan en escenarios propicios para la “batalla cultural” de las derechas gramscianas. La narrativa fenomenológica de algunos eventos culturales libertarios son más bien la estrategia literaria de Saferstein para escenificar la pluralidad de lógicas sociales y políticas que se amalgaman, nutren y retroalimentan campos de experiencias constitutivas de las derechas. Esto le permite al autor recuperar su mirada sobre las dinámicas entre formas de circulación tradicionales (libros) y los nuevos formatos y, fundamentalmente, indagar en los efectos tanto en la conformación de los espacios públicos como los marcos identitarios. Una pluralidad de actores, algunos clásicos como editores, otros nuevos como influencers, ingresan en un proceso político cultural híbrido, multitemporal y multiescalar con implicancias en la disputa por la hegemonía y la configuración de la subjetividad política que serán condiciones de posibilidad de la emergencia Milei.

Los capítulos de Vázquez, Morresi y Vicente y Saferstein iluminan distintas dimensiones del fenómeno Milei, al que inscriben en sus agendas y lo moldean como objeto. Cada uno construye el problema desde sus marcos analíticos y lo hacen visible. La tarea de Semán, por su parte, es la de ofrecer una mirada integral. En este sentido se pregunta desde la introducción ¿cómo fue posible la irrupción de esta fuerza que sorprende, muchas veces, indebidamente? (p.10). El autor plantea que si bien existe un contexto internacional de extremas derechas, es necesario pensar cómo Milei metaboliza ciertos elementos de las derechas radicales en el contexto histórico, social, político y económico argentino.

En ese marco explicativo destaca un conjunto heterogéneo de determinaciones -más bien hipótesis de diferente orden- que fueron consolidando el escenario para el proceso político. En primer lugar, señala las condiciones socioeconómicas que han modificado la estructura social. El origen de la tragedia es ubicado en el agotamiento de un modelo de acumulación y distribución hacia 1975 que devino en el Rodrigazo. Semán ubica acontecimientos como la crisis hiperinflacionaria de 1989, el estallido del 2001 y el estancamiento con inflación desde 2012 como hitos crónicos, poniendo al mismo nivel esta última coyuntura con las anteriores. La segunda determinación estaría dada por los cambios de los patrones de interacción social en la era digital. Es evidente que la expansión de las redes sociales ha configurado múltiples espacios cuya fisonomía y racionalidad es una novedad para establecer nuevas relaciones entre lo real y lo virtual, lo público y lo privado. Una tercera determinación, en otra dimensión, repara en el cambio en la relación entre Estado y sociedad. En cuarto lugar, para el autor existe un cuestionamiento al sistema político pero especialmente al peronismo como forma de representación de los sectores populares. Como quinta determinación es ubicado el “impulso individualista” presente y persistente aunque en muchas ocasiones invisibilizado moralmente. Las formas de la subjetividad contemporánea obedecen a cambios sistémicos que incluyen la lógica del mercado y la constitución de singularidades, pero también existe para Semán una incapacidad de los actores de conectar sus prácticas y discursos con esta nueva realidad. Finalmente, se considera el determinante “pandemia”, tanto como espacio-tiempo excepcional como por una percepción social que a juicio del autor evalúa como inconsistente las políticas públicas de cuidado. Esto tuvo efectos -según argumenta- en ampliar la brecha entre Estado y sociedad cuya investigación empírica emprende Semán acompañado de Nicolás Welschinger. El estudio se basa en un dispositivo socioantropológico de investigación, se enfoca en jóvenes habitantes del conurbano sur, de CABA y de la ciudad de La Plata a partir de entrevistas colectivas y una mirada etnográfica.

Semán y Welschinger detectan rápidamente el malestar juvenil -al menos desde el inicio de su trabajo de campo en 2020 en el contexto de pandemia-. Malestar con la situación económica, pero también con las formas de representación política que se agudizaron con el tránsito pandémico. Esa “masa en disponibilidad” -para usar la vieja expresión de Gino Germani- configura su subjetividad a partir de clivajes presentes en el espacio público que otorgan explicaciones a la cuestión social. La objeción al rol del Estado, por ejemplo, oscila entre denunciar su ineficiencia e impugnar su rol en la gestión del bienestar. En este sentido, el malestar se suma a una cultura de emprendedores -empresarios de sí mismos- que movilizan marcos interpretativos donde el Estado no sólo no los beneficia sino que es rechazado en su moralidad y su eficiencia. Esa cultura es denominada por Semán como mejorista. En el capítulo sobre las juventudes mejoristas se destaca el empoderamiento personal, la optimización del yo y emprendedurismo no sólo como las vías para alcanzar la superación a través del esfuerzo personal sino como un criterio moral. Esta configuración subjetiva funciona como condición favorable de recepción para el discurso de Javier Milei.

Este contexto de reconocimiento obedece a causas menos coyunturales que la inflación del 2023 y los autores destacan que en democracia los años de crecimiento económico han sido los menos e incluso aseveran que en los últimos 10 años la Argentina ha transitado una estanflación. Esto habría generado la sensación de que “peor no se podría estar” que se conjuga con una crítica al Estado al que se lo percibe como una “mímica estatal” (p. 187) que implica no tanto el cuestionamiento al mismo sino a su intervención en lo cotidiano. De la misma forma existe una reacción contra el feminismo y las militancias identitarias. El trabajo de entrevistas comenzado en 2022 les permitió percibir la emergencia de un discurso crítico con la política y el Estado. Semán sigue la narrativa de los entrevistados como marco interpretativo del proceso y construye con ellos una mirada crítica del proceso kirchnerista y, especialmente de la conducción del peronismo encarnado por Cristina Fernández de Kirchner.

¿Por qué ganó Milei?

El libro de Javier Balsa está llamado a ser una referencia para la sociología argentina contemporánea. En tiempos de la primacía del paper y, en el mejor de los casos, compilaciones de artículos con lecturas cruzadas, el trabajo de Balsa se destaca como un libro de investigación sociológica que articula una sólida metodología, un conocimiento de la dinámica socio-histórica y ricas determinaciones teóricas. En línea con una tradición de investigación social crítica, que Balsa referencia en aquellos estudios pioneros que desarrollaron Max Horkheimer, Theodor Adorno y Erich Fromm en el Instituto de Investigaciones Sociales de Frankfurt y que también podemos encontrar en trabajos clásicos de la sociología argentina como “Estudio sobre los orígenes del peronismo” de Murmis y Portantiero ([1971] 2011). El objetivo del libro es diáfano desde su título: ofrecer una explicación a por qué ganó Milei, para ello presenta un trabajo de investigación basado en quince encuestas realizadas en el marco de proyectos colectivos entre comienzos de 2021 y finales de 2023.

Balsa considera insuficientes las primeras interpretaciones sobre el triunfo de la extrema derecha, agrupadas en tres ejes principales. El primero enfatiza el desamparo de los jóvenes durante la pandemia, con el consecuente voto castigo al gobierno del Frente de Todos (FdT). El segundo se centra en el hartazgo provocado por la persistente inflación en los últimos años del gobierno, y el tercero, en la promesa incumplida del FdT de recuperar el empleo y mejorar la distribución de los ingresos. Aunque estas tesis aportan elementos relevantes, Balsa argumenta que no abordan las profundas transformaciones ideológicas que atraviesan a la sociedad argentina. Su libro aporta a comprender un aspecto de este nivel a partir de las encuestas que registran dimensiones simbólicas que se juegan en las preferencias del voto y explican el triunfo libertario en un contexto de hegemonía neoliberal.

La temporalidad identificada por Balsa como determinante —a diferencia de otros autores— es más reciente y se manifiesta en lo que denomina una acumulación de frustraciones en la Argentina contemporánea. La primera surge del fracaso del kirchnerismo en consolidar su continuidad; la segunda, del fracaso del macrismo en instaurar un modelo neoliberal que había generado expectativas en el sector no peronista de la sociedad; y, finalmente, el fracaso del gobierno de Alberto Fernández, que exacerbó a los opositores y generó desilusión entre sus votantes. Todo esto en un contexto histórico en el que predominan formas neoliberales en la estructura de la sociedad.

En el primer capítulo realiza un repaso histórico desde 2001, un punto de inflexión que marca el climax de la crisis del modelo neoliberal y la emergencia del modelo nacional y popular y, luego, su crisis. El autor plantea lo que denomina una crisis de hegemonía (a la Gramsci) que consiste en la imposibilidad de que alguno de los proyectos en pugna tenga la capacidad de imponerse. Los diferentes proyectos fracasan en gestionar una especie de era marcada por “un modo de vida neoliberal” (2004, p. 83) que se plasma en formas exacerbadas del individualismo y el consumismo en un contexto de expansión sistémica de las precariedades sociales. Las opciones que profundizan relaciones neoliberales agudizan las tensiones sociales, mientras que los proyectos “posneoliberales” encuentran dificultades para estabilizarse con un modelo de acumulación y distribución con patrones alternativos. Esta situación de crisis y las reacciones a ciertos avances progresistas instalan umbral para el devenir de proyectos de extrema derecha que adquieren diferentes fisonomías nacionales.

Todo lo anterior le permite argumentar la existencia del retorno recargado de las ideas neoliberales que habían entrado en crisis en 2001. De esta forma el proyecto neoliberal logra reinstalar ideas vinculadas a un elogio de la desigualdad, la crítica a la justicia social, una crítica al Estado, una nueva lectura de la historia que va delineando un nuevo sentido común. Ahora bien, el aporte original de Balsa radica en indagar “¿En qué medida las distintas interpelaciones habían sido eficaces al construir subjetividades acordes a ellas?” (2024, p. 16). Un tema clásico de la sociología, relación entre hegemonía, ideología, subjetividad y acción, es abordado con densidad teórica y una estrategia metodológica basada en técnicas cuantitativas para la producción de los datos (encuestas) cuya implementación es especialmente rigurosa. Balsa postula dos proyectos ideológicos en pugna uno neoliberal y otro nacional-popular, configurados como horizontes de sentidos con aspectos normativos, emotivos y ciertas sensibilidades políticas que interpelan a las subjetividades.

El autor construye un andamiaje metodológico orientado por la definición de posiciones que responden a posiciones ideológicas y configuran ejes. El primero ordena desde lo nacional-popular a lo neoliberal (ligados a proyectos de sociedad) y el segundo de lo progresista a lo conservador. Esto le permite forjar el instrumento técnico (la encuesta) y mapear los posicionamientos ideológicos que, en cierto modo, explican la capacidad del discurso de Milei de interpelar a amplios sectores.

Por ejemplo, Balsa constata que la reacción a los progresismos, a los feminismos e incluso al “kirchnerismo” configuró una posición ideológica relativamente extendida en la ciudadanía. La encuesta -vale la advertencia metodológica del autor- no explica por sí misma por qué y cómo estos individuos construyen su subjetividad política, pero deja datos insoslayables académica y políticamente. En efecto, la eficacia de una “discursividad neoliberal” como marco de sentido para decodificar la realidad social y sus efectos de interpelación son aspectos clave en la explicación y que en cierto modo quedan abiertos.

Balsa explica el triunfo de Milei por la articulación de una dimensión más estructural y de mediano-largo tiempo y la dinámica política coyuntural. En lo estructural porque el contexto viene configurado a partir de la hegemonía neoliberal que inscribe sus mandatos en campos de la subjetividad y la cultura. En lo coyuntural por la consolidación y emergencia de fuerzas políticas de orientación neoliberal (en distintas formas) que articularon estrategias mientras el proyecto nacional-popular no encontró clivajes de interpelación exitosos para construir una mayoría electoral, aunque el activismo en la fase electoral le permitió llegar al 44% de los votos. No obstante, según Balsa, esta correlación de fuerzas muestra una hegemonía en disputa en cuyo escenario nos encontramos en la actualidad y que el autor registró con particular sensibilidad sociológica al identificar factores subjetivos y objetivos que podrían explicar una expansión del “consenso Milei” en ciertos sectores de la población y la opinión pública en sus primeros años de mandato.

The time is out of joint

“Desquiciados. Los vertiginosos cambios que impulsa la extrema derecha” es una obra coral coordinada por Alejandro Grimson. El título evoca, por supuesto, la sentencia hamletiana para establecer una analogía entre esa Dinamarca putrefacta, conflictiva e inestable, de traiciones palaciegas e (intentos de) asesinatos y la situación argentina. El subtítulo, quizás una exigencia editorial, no hace tanta justicia al libro. En efecto, más que indagar en los cambios que impulsa la extrema derecha el texto indaga acertadamente en los cambios (o las situaciones) que la impulsan y la alimentan. Claro está que no se trata de imponer explicaciones monocausales y unidireccionales, de hecho la pléyade de autores enfoca su análisis en distintas dimensiones explicativas o interpretativas del fenómeno Milei, explorando sus causas y atisbando las posibles consecuencias para la democracia.

La mirada historiográfica de Marina Franco y Daniel Lvovich indaga el tiempo histórico del fenómeno para inscribirlo en la secuencia que inicia con el golpe de Estado de 1976 como el punto de inflexión, tanto por sus consecuencias económicas como políticas. Mientras que el capítulo de Gabriel Vommaro pone el acento en las promesas incumplidas de la democracia que paradójicamente cumplió 40 años en el mismo momento que Javier Milei tomaba posesión del cargo como presidente de la Nación. Vommaro realiza una genealogía de las derechas en estos cuarenta años entre batallas culturales y contiendas electorales para mostrar el devenir de una experiencia radicalizada, pero que debe comprenderse en su historicidad. La dinámica de la contienda en clave de movilización política es el núcleo del capítulo de Julián Rebón y Agustina Súnico. Los autores reponen la construcción molecular de un campo de protesta frente a avances de agendas reformistas nacional-populares con un hito en el conflicto de 2008 y las movilizaciones de 2012 y 2013, que encontraron canalización electoral en Cambiemos en 2015. La reacción a la marea verde primero y el cambio en las condiciones de acción política en la pandemia dieron nuevos bríos al diestro movimientismo. La reacción de las derechas a la cuestión de género es puesta en perspectiva internacional en el capítulo de Andrea Torricella, mientras que Sergio Caggiano profundiza el análisis de la disputa por el sentido, una de las dimensiones de la lucha por la hegemonía. El discurso neoliberal articulado por la extrema derecha interpela ideológicamente, configura las subjetividades estableciendo patrones morales y clivajes identitarios.

Tomás Borovinsky, Martín Plot y Daniela Slipak proponen una mirada lefortiana y advierten los peligros de la puesta en cuestión de aspectos constitutivos de la democracia tal como la concibe el teórico francés, una forma que la democracia argentina no había alcanzado nunca -según sostienen los autores- hasta 1983. Milei no sería el primero en devenir peligro para la “versión de la democracia lefortiana que conoce nuestro país” ya que tanto Carlos Menem, como Cristina Fernández de Kirchner y Mauricio Macri -a juicio de los autores- coquetearon con “cambiar el régimen político nacido en 1983” (p. 187) pero fracasaron. La diferencia es que esta búsqueda del cambio de régimen no estaba en “la razón de ser” (sic) de estos proyectos sino que devinieron de malas interpretaciones de situaciones históricas, en cambio en el caso de Milei la transformación revolucionaria del régimen vigente se encuentra entre sus objetivos bautismales.

En una segunda intervención, Marina Franco acierta al referirse al “Nunca Más” como un mito, más que como un “pacto” o un “consenso”. Es evidente que la exclusión de la violencia política como forma de dirimir conflictos, la defensa del Estado de derecho y la aceptación de reglas procedimentalmente democráticas funcionaron como puntos de anclaje relativamente estables para las élites políticas. Sin embargo, la dimensión mítica de la democracia como proyecto de bienestar, ejemplificada en el archicitado “con la democracia se come, se cura y se educa” de Alfonsín, fue perdiendo su función orientadora a medida que se hicieron evidentes las dificultades para cumplir con esa promesa. La exacerbación de los discursos de odio promovidos por sectores de extrema derecha, el intento de magnicidio contra Cristina Fernández de Kirchner y la aparición de una simbología reivindicativa de la eliminación física del adversario político tensionan, sin lugar a dudas, el imaginario democrático. La forma del lazo socio-político y las subjetividades involucradas han entrado en crisis para amplios sectores de la población, habilitando nuevas condiciones de acción histórica que dislocan la eficacia del mito del “Nunca Más”. He ahí el peligro. Ezequiel Ipar inscribe este asedio a la democracia en una perspectiva internacional, considerándolo una versión local de las políticas de la crueldad y de la gestión selectiva del sufrimiento, donde una parte de la sociedad se convierte en el chivo expiatorio de su malestar.

El capítulo de Ferro y Semán se basa, a diferencia de las demás intervenciones del volumen, en una metodología cualitativa que incluye entrevistas y grupos focales con jóvenes inversores en criptomonedas, trabajadores de aplicaciones y programadores. Esta investigación, que también sirve de soporte para el libro comentado anteriormente, explora la articulación entre un lenguaje económico y una sociabilidad que asimila mandatos propios del neoliberalismo como criterios prácticos y morales. Sin embargo, los autores no buscan reintroducir una noción de alienación, sino constatar cómo la experiencia individual y colectiva de la situación socioeconómica actual se articula con el desencanto hacia el rol del Estado y la crisis de las representaciones políticas, procesos que se profundizaron durante la pandemia.

Leandro Sowter pone en perspectiva económica el malestar al reponer el consenso bastante extendido de ubicar en 1975, con el Rodrigazo, el inicio de una imposibilidad crónica de lograr un crecimiento económico sustentable, con equilibrio macroeconómico y progresividad en la distribución del ingreso, aunque su análisis en el capítulo se restringe al período 2003-2023. Como la mayoría de los estudios, Sowter señala el 2012 como el inicio de un período de estancamiento luego de una progresiva recuperación económica y distributiva entre 2003 y 2011. La asunción de Mauricio Macri en 2015 cuya política económica generó el incremento del déficit comercial, toma de deuda y fuga de capitales. Las medidas de ajuste agravaron indicadores sociales como la desocupación, la desigualdad y la pobreza. Por su parte, el gobierno de Alberto Fernández enfrentó una situación socioeconómica precaria, marcada inicialmente por el contexto inédito de la pandemia y posteriormente por la guerra entre Rusia y Ucrania. Según Sowter, los resultados de esta gestión fueron ambivalentes: no se evidenció una recuperación significativa de los ingresos laborales y se amplió la brecha entre el sector formal y el informal.

Alejandro Grimson cierra la obra con un epílogo que pone en el centro la expresión “Flood the zone with shit”, señalándola como una de las causas del actual estado de desquicio. Este señalamiento resulta tanto interesante como paradójico, ya que, aunque se destaca el problema de la desinformación, no se incluyen trabajos que profundice el análisis de los modos de producción de este fenómeno. En particular, no se exploran las interacciones entre las redes sociales y los medios de comunicación tradicionales en la difusión de contenidos desinformativos, así como otras formas de producción, circulación y apropiación del sentido imbricados en formas de sociabilidad. Según Grimson, esta dinámica contribuye a la generación de un “hiperestrés social”, que impide el pensamiento estratégico, produce una saturación emocional, y deriva en la atomización e inmovilización de la sociedad.

Las ciencias sociales frente a Milei

Ya mencionamos que el título de este trabajo evoca la clásica distinción de Thomas Kuhn entre enigma y anomalía. Dejamos al aluvión bibliográfico por venir, destinado a comprender el presente el despliegue del debate sobre el carácter de anomalía histórica, repetición o novedad del proceso encabezado por Javier Milei. Por nuestra parte, preferimos aquí desplazar la pregunta para interrogarnos sobre cómo las ciencias sociales han abordado este fenómeno y lo han transformado en un objeto de investigación. El recorrido realizado a través de los tres libros analizados nos permite reconstruir tres aspectos clave para explicar y comprender los abordajes al proceso social: los metodológicos, los teóricos y los políticos.

La cuestión metodológica

Los tres libros comparten, se inscriben y revitalizan la tradición de investigaciones en el campo de las ciencias sociales argentinas, la cual ha preservado su pluralismo epistémico y metodológico. En efecto, en las páginas de los textos analizados cobran vida tres enfoques metodológicos que han configurado dicha tradición: la investigación basada en diversos métodos cualitativos, aquella sustentada en métodos cuantitativos y la que recurre al ensayo.

En Está entre nosotros, los autores formulan preguntas coherentes y en continuidad con sus agendas de investigación. Semán y Welschinger han analizado previamente los efectos de la pandemia y los cambios en las dinámicas sociales, laborales y educativas en jóvenes del AMBA desde una perspectiva socio-antropológica. Vázquez ha contribuido a la comprensión de la relación entre juventud, militancia y política, inicialmente centrando su atención en formaciones juveniles vinculadas al peronismo, para luego ampliar su análisis hacia aquellas "otras juventudes" que ingresaban a la política desde la derecha. Este bagaje teórico (estudios sobre juventud), metodológico (entrevistas y encuestas realizadas por equipos de investigación) y empírico le permite caracterizar con precisión a los activistas juveniles libertarios.

Por su parte, Saferstein examina la relación entre el mercado editorial (producción, circulación y recepción de libros y autores) y los debates políticos. La llamada "batalla cultural" se perfila como un eje que organiza las prácticas de intervención pública de los ideólogos libertarios, quienes buscan disputar la producción de sentido. Su investigación ofrece una perspectiva singular sobre el fenómeno libertario. Finalmente, Morresi y Vicente contribuyen desde la historia intelectual y la sociología política a delinear ideológicamente esta experiencia en el campo de las derechas. Su análisis se apoya tanto en sus trabajos previos sobre las derechas argentinas como en la bibliografía internacional acerca de las fusiones ideológicas de estos sectores, especialmente en el contexto estadounidense.

En Desquiciados se observa una conjunción de enfoques metodológicos. Por un lado, se incluyen trabajos que emplean métodos cualitativos, como los de Semán y Ferro, y otros que integran datos cuantitativos sobre protestas sociales, como los de Rebón y Súnico. Por otro lado, destaca un registro ensayístico que, desde una perspectiva informada y reflexiva, propone interpretaciones del tiempo histórico. Este último enfoque se configura como el modo privilegiado de intervención en el libro coordinado por Grimson, dado que los autores recurren tanto al acervo disciplinar como a sus propias investigaciones para sustentar sus posiciones interpretativas, priorizando estas últimas sobre la exposición de hallazgos empíricos, que se encuentran más desarrollados en otras publicaciones de los mismos autores.

Javier Balsa, por su parte, sustenta su análisis en un extenso trabajo de campo realizado a nivel nacional mediante encuestas. Su contribución resulta especialmente relevante por la reflexión metodológica que incorpora, en la cual examina los alcances y limitaciones de la encuesta como técnica de investigación, así como también señala los límites de los métodos cualitativos. Sobre este punto, destaca un aspecto que merece ser citado en extenso:

“Existen otros métodos en las ciencias sociales, denominados 'cualitativos', que tratan de conocer cómo la gente se expresa, discute o razona, pero tienen la desventaja de que, al ser aplicados a un número pequeño de casos, siempre nos asalta la duda de cuán representativas serán esas pocas personas que entrevistamos en profundidad o que convocamos a debatir, para poder generalizar acerca del conjunto de la ciudadanía de un país” (2024, p. 20)

El debate que plantea es un clásico en la metodología de las ciencias sociales: la construcción de la muestra y las posibilidades de generalización. No obstante, esto no disminuye su relevancia. De hecho, los soportes empíricos de las investigaciones cualitativas reseñadas aquí presentan, entre otros aspectos a considerar, un marcado anclaje “ambacéntrico” y debe lidiar con el problema de “sesgo de confirmación”. Esto no implica negar su valor y aportes, sino mensurar sus alcances tanto como conocimiento justificado como en su rol de generador de hipótesis heurísticas que pueden orientar otros trabajos. Resultaría productivo para el campo que futuros estudios cualitativos amplíen este enfoque, incorporando nuevas variables socio-demográficas y territoriales que permitan construir una visión más abarcadora del fenómeno estudiado.

La cuestión teórica

Los usos de la teoría que realizan los trabajos muestran diferentes estilos, lugares y funciones de conceptos y categorías en las investigaciones. Por un lado, la teoría cumple una función epistémica como “marco teórico y epistemológico”, por ejemplo en la aplicación de la teoría de Lefort al caso argentino. Otros trabajos emplean la teoría como un recurso heurístico, es decir, como una herramienta para abrir nuevas lecturas interpretativas que permitan conectar los procesos históricos locales con dinámicas globales, tal como se conceptualizan en la literatura académica existente. Por otro lado se observa una tendencia a la creación de conceptos de alcance intermedio, como el de "juventudes mejoristas". Estos conceptos, aunque efectivamente descriptivos y útiles para captar características de los grupos estudiados, a menudo carecen de una dimensión analítica suficiente para explicar las morfologías de las mediaciones subjetivas y los procesos de poder que intervienen en la producción de representaciones, identidades y agencia. Explícitamente usamos estos tres términos que se refieren a paradigmas y tradiciones disímiles pero que en cierto modo responden un tema clásico de la sociología, la relación entre estructura y acción, sistema y actor, orden y sujeto.

Los trabajos analizados contribuyen a formular un conjunto de preguntas clave para las ciencias sociales. Algunas de ellas son replanteadas en los textos y, en ciertos casos, se ofrecen pistas para su respuesta o abordaje. Por ejemplo, Semán afirma: “Partimos de la premisa de que a la ideología se adhiere desde la experiencia. Solo cuando la experiencia lo aconseja y lo dispone, las doctrinas se vuelven influyentes. Hasta que eso no sucede, son puro blablá” (Semán, 2023, p. 167). En este sentido se plantea la relación entre hegemonía, ideología, subjetividad y experiencia, uno de los temas vectores de las ciencias sociales. Algo de esto atisba Semán en la parte final del libro al reflexionar sobre las condiciones de construcción de la experiencia de los jóvenes estudiados, donde identifica la función del “puente experiencial” e incluso una dimensión “no consciente” que explica la interpelación (que el autor remite a la figura del chamán en Lévi Strauss) y la mediación simbólica en las identificaciones. Sin embargo, se requiere desarrollos teóricos y metodológicos para la investigación social que, sin perder la densidad teórica, la creatividad del pensamiento y la función heurística de la teoría, permita producción de conocimiento empírico.

En este horizonte, no es casual que tanto Semán como Balsa formulen preguntas desde una lógica similar para construir sus problemas de investigación, aunque difieran en algunos referentes teóricos y, fundamentalmente, en la estrategia metodológica, en la historicidad del proceso considerado y en valoraciones políticas. Ambos coinciden en señalar la existencia de un malestar en la sociedad y configuraciones subjetivas estructuradas a partir de sensibilidades y moralidades consistentes con el neoliberalismo, además de una imbricación de alteridades negativas que pueden rastrearse a nivel global (anti-género, anti-populismo, anti-socialismo) pero que cobran forma como anti-peronismo, anti-feminismo, anti-progresismo. Asimismo, ambos reconocen el hecho empírico de que el discurso libertario logró interpelar esos sentidos colectivos, cristalizándolos en procesos identitarios, corrientes de opinión y resultados electorales.

Las investigaciones dotan de contenido empírico a las formas categoriales que plantean una relación entre hegemonía, ideología, subjetividad y experiencia, es decir, se generan conceptos y replantean interrogantes relevantes. Entre las preguntas más importantes, sobresalen el "cómo" y el "por qué". La primera se centra en la cuestión de cómo un discurso de extrema derecha logra interpelar subjetividades dolientes y padecientes hasta alcanzar una mayoría electoral. Aquí se consideran varias aristas, como los modos y estilos del discurso libertario —en el caso de Milei, marcados por la violencia, la desmesura y la exacerbación de la grieta—, en contraste con las apelaciones al consenso. También se destacan los dispositivos de producción social del sentido, operando tanto en formatos novedosos (redes sociales) como tradicionales (radio, diarios, televisión), y su particular simbiosis ecosistémica. No deja de llamar la atención la escasa referencia a ciertos aspectos constitutivos de la conformación de la opinión pública y la producción de sentidos sobre la política que se configuran como esquemas de percepción y pensamiento. Quizás esto se deba a una operación que recuerda a la alegoría del bastón de Lenin que relata Althusser (1977), luego de una sobrecarga explicativa centrada en el sistema mediático hegemónico tradicional, su lugar parece ser relegado como un elemento relevante, al igual que su articulación con otros poderes instituidos, como el judicial y los actores empresariales.

También queda abierto el estudio de espacios de producción social del sentido en ámbitos de socialización y sociabilidad como la escuela, el barrio, la familia, el trabajo y los espacios públicos. En definitiva, es clave para las ciencias sociales retomar las preguntas por la construcción de las subjetividades contemporáneas que incluyen aspectos como los deseos-demandas, los afectos-emociones y las identidades-identificaciones, así como los aspectos morfológicos del orden social contemporáneo.

La cuestión política

Los tres libros analizados son producciones académicas con una marcada vocación de intervenir en el debate público. Se trata, en cierto modo, de obras anfibias, ya que fueron producidas desde marcos profesionales que aseguran su legitimación disciplinaria, pero buscan también una circulación más amplia, trascendiendo los claustros universitarios. Alejandro Grimson, exfuncionario de Alberto Fernández, señala que su libro forma parte de un “proyecto cultural mayor” que incluyó intervenciones en diversos formatos —como podcasts o suplementos en revistas—, con el objetivo tanto de comprender el fenómeno de la ultraderecha como de explorar estrategias para oponerse a su avanzada.

Javier Balsa, por su parte, interroga desde la primera persona del plural, como parte de un sujeto colectivo de la historia y plantea la pregunta “¿qué hicimos mal?” (2024, p. 393). En este marco, el autor se incluye dentro de la disputa política, presentando su libro como un análisis vinculado con la práctica política. Balsa enumera varias situaciones y errores políticos. Por un lado el neoliberalismo habría realizado una autocrítica temprana de las causas de su fracaso, e identificado en las políticas gradualistas la causa de su fallida gestión. Por ende, su proyecto se radicalizó de cara al 2023, permitiendo un relanzamiento rápido luego de su derrota en 2019. En contraste, al campo nacional y popular le faltó detectar este avance reaccionario y reelaborar una propuesta progresista capaz de integrar a sectores que se sentían “olvidados”. Asimismo, sostiene que faltó firmeza para contrarrestar la circulación de discursos de odio que consolidaron una forma de pensar lo político y lo social. También considera que se debió enfatizar con mayor claridad la lucha contra la corrupción y no se valoró suficientemente el impacto desestabilizador de la inflación, especialmente en los sectores más vulnerables.

En este punto coincide con Alejandro Grimson que identifica el “Nunca Más” a la inflación como un nuevo consenso y, por lo tanto, dato para la elaboración de un proyecto político de cara al futuro. Ambos autores también coinciden en la necesidad de promover espacios de participación democráticos y destaca la necesidad de un discurso con dimensión utópica capaz de elaborar promesas de futuro que no se anclen en tiempos pasados. Ahora bien, es evidente que contar con un “plan” un proyecto y un discurso pueden ser elementos estratégicos, sin embargo sin sujetos políticos que puedan encarnarse se vuelven meras declaraciones de buenas intenciones. Cabe la pregunta, entonces por el sujeto, en particular por las potencialidades de los actores políticos realmentes existentes de configurarse como sujetos históricos que articulen subjetividades, poder y organización.

Las condiciones para un proyecto político que enfrente la avanzada ultraderechista —en las que coinciden todos los autores analizados— están vinculadas con el diagnóstico y la temporalidad que delimitan las posibilidades de acción de una alternativa política. Balsa, por ejemplo, centra su análisis en los problemas que el espacio nacional y popular, liderado por el peronismo, no logró resolver tras su propia sucesión en 2015. En cambio, para Semán, la "crisis" se origina algunos años antes, con lo que denomina el estancamiento de la economía en 2012 y 2013, así como el devenir de una “mímica estatal” (Semán, 2023, p. 187), reconstruida desde las voces de los actores. Esta discrepancia no es menor, ya que sitúa los problemas en horizontes temporales y causales distintos. Para Semán, el kirchnerismo comenzó a agotarse estructuralmente aún durante su tiempo en el poder, mientras que para Balsa, la dificultad principal radicó en su incapacidad para organizar una proyección política más allá de su primer ciclo gubernamental. En cierto modo, subyace una controversia sobre la interpretación y valoración del peronismo kirchnerista, tanto como etapa histórica y proyecto, como en su concepción de construcción política, incluido el liderazgo de Cristina Fernández de Kirchner.

La perspectiva del libro de Grimson sitúa el eje en la democracia como un régimen en peligro, lo que posiciona su temporalidad en el contexto de la posdictadura argentina. En este marco, el clivaje de disputa no se encuentra tanto en el ámbito de las políticas distributivas, sino en el terreno del reconocimiento. Si bien el llamado es a las “fuerzas democráticas por la justicia social”, los actores de esta contienda “realmente existentes” parecen ausentes, más allá de una referencia a los vaivenes de la CGT y la mención que hace Ipar a “contrapesos institucionales y espacios públicos que sirven para la oposición de los grupos afectados” y el recurso a las viejas armas de la crítica. En este caso, la crítica se dirige a la ideología de la crueldad (2024, p. 251).

Las intervenciones comparten un campo intelectual nutrido de tradiciones progresistas, socialdemócratas y de izquierda cuya agenda fue articulada y hegemonizada por el peronismo del siglo XXI bajo el signo kirchnerista. El diagnóstico de un interregno histórico los coloca en un estado de alerta y movilización que compartimos. Convertir el fenómeno en un enigma es configurarlo como un objeto pensable dentro de nuestros marcos analíticos. Los tres esfuerzos analizados en estas páginas además de movilizar categorías teóricas y dispositivos metodológicos, tienen una pretensión crítica y política.

La dimensión política del conocimiento en las ciencias sociales -en la perspectiva de Hugo Zemelman (1989) - radica en establecer lo dándose y lo potencial para identificar que futuros están contenidos en el presente y que nudos de activación están en juego. A diferencia de un pensamiento utópico que postula una normatividad deseada (y deduce una serie de condiciones necesarias prescindiendo de la historicidad), el pensamiento político asume el desafío de pensar desde lo histórico-político. Esto implica un pensamiento situado, que no postula actores sociales imaginarios como protagonistas de gestas en el campo deontológico, sino que asume que los sujetos son configuraciones históricas, sedimentadas y a la vez abiertas, en disputa. En este sentido: “Si lo que se persigue es la apropiación del futuro, lo que no ha sucedido, la única racionalidad posible de reconocer se expresa en la lógica de potenciar algo, lo existente y dado. La relación presente-futuro conforma de este modo el ámbito de realidad en el cual tiene lugar la activación de lo real dado por el hombre, ya no simplemente su explicación” (Zemelman, 1989, p. 29). En este sentido, una perspectiva que contenga una concepción de la historia (los procesos que configuraron experiencias políticas populares), de la política (como espacios de articulaciones creativas para el devenir de lo nuevo) y de lo social (las condiciones actuales sociales, económicas, culturales, tecnológicas, etc.) en las que se desarrolla la disputa parece una tarea urgente. Sin dudas las tres obras aportan a una tarea que tiene sus antecedentes en la historia, pero frente a esta etapa, recién comienza y que requiere rigurosidad y creatividad, revisitar bibliotecas y revisar prejuicios, rediseñar metodologías, producir teorías y lenguajes capaces de ser parte en una disputa más amplia por “convertir a la utopía en historia” (Zemelman, 1989, p. 35) y que esa utopía sea la nuestra.

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Notas


Recepción: 20 diciembre 2024

Aprobación: 20 febrero 2025

Publicación: 01 marzo 2025



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