Sociohistórica, núm. 57, e275, marzo - agosto 2026. ISSN 1852-1606
Universidad Nacional de La Plata
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación
IdIHCS (UNLP-CONICET)
Centro de Investigaciones Socio Históricas

Dosier

La resistencia de Montoneros. Moral revolucionaria y emociones. El caso de la Unión de Estudiantes Secundarios de Tandil (1973–1977)

Daniel Dicósimo

Instituto de Estudios Histórico Sociales, Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, Argentina
Cita sugerida: Dicósimo, D. (2026). La resistencia de Montoneros. Moral revolucionaria y emociones. El caso de la Unión de Estudiantes Secundarios de Tandil (1973–1977). Sociohistórica, (57), e275. https://doi.org/10.24215/18521606e275

Resumen: El tema general de este artículo es la Resistencia de Montoneros, primero ante el gobierno de Isabel Martínez y luego ante la última dictadura argentina, y en particular la formación de la moral revolucionaria de sus militantes y la incidencia de las emociones en la unidad y constancia de sus grupos, tomando como caso de estudio los militantes de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) de Tandil, uno de los frentes de masas de la organización político-militar.

Palabras clave: Resistencia, Montoneros, Moral, Emociones.

The Montoneros' Resistance: Revolutionary Morality and Emotions. The Case of the Tandil Secondary School Students' Union (1973–1977)

Abstract: The general theme of this article is the Montoneros Resistance, first against the government of Isabel Martínez and then against the last Argentine dictatorship, and in particular the formation of the revolutionary morale of its militants and the impact of emotions on the unity and constancy of its groups, taking as a case study the militants of the Union of Secondary Students (UES) of Tandil, one of the mass fronts of the political-military organization

Keywords: Resistance, Montoneros, Morale, Emotions.

Introducción

El tema general de este artículo es la Resistencia de Montoneros, primero ante el gobierno de Isabel Martínez y luego ante la última dictadura argentina,1 y en particular la formación de la moral revolucionaria de sus militantes y la incidencia de las emociones en la unidad y constancia de sus grupos, tomando como caso de estudio los militantes de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) de Tandil, uno de los frentes de masas de la organización político-militar.2 Por lo tanto, el período que abarca esta indagación va de 1973 a 1977.

La formación de los militantes en la moral revolucionaria es un tema amplio y complejo de por sí, por lo propósito central que elegimos un aspecto de la misma que es la proletarización, una táctica que tenía como configurar la moral revolucionaria entre los militantes provenientes de la pequeña burguesía, al ponerlos en contacto con las prácticas sociales de la clase obrera. Además de reconstruir las modalidades que adoptó la misma en este caso, nos interesa comprender el significado que tuvo la experiencia de militancia y de proletarización para estos jóvenes militantes.

Teniendo en cuenta este objetivo diseñamos una estrategia metodológica en la cual las fuentes orales tienen un lugar preferencial; para obtener información puntual sobre los hechos y, sobre todo, para aproximarnos a los sentidos que los protagonistas atribuyen a dicha experiencia. El recorte espacial se justifica en la posibilidad de acceder a las fuentes orales que abre una ciudad mediana, donde la proximidad y el conocimiento de los testigos facilita concertar entrevistas. Las fuentes que usamos para este trabajo son orales y escritas, las primeras son entrevistas a exmilitantes de la UES y de la JP Regional VIII, y las segundas son los expedientes de la Inteligencia Policial (DIPPBA), una publicación de la UES Tandil (Revista Inquietud Estudiantil por la Escuela Popular) y los periódicos locales (Diario El Eco de Tandil y Nueva Era de Tandil). Nos interesa, particularmente, comprender qué los mantuvo unidos y los hizo crecer como individuos a lo largo de esa experiencia. Como estrategia de análisis partimos de la proposición de que las emociones de apego y pertenencia al grupo, más que la formación en la moral revolucionaria de los militantes de la UES, contribuyeron a la unidad del grupo que pasó de la militancia social a la política sin dejar de lado la amistad.

Resistencia y Proletarización

Montoneros pasó a la Resistencia, a pesar de su proclamada identidad peronista, contra el gobierno de Isabel Martínez de Perón, en septiembre de 1974; a partir del golpe de Estado de 1976, la Resistencia tomó la forma de una oposición frontal a las decisiones y prácticas constitutivas del nuevo régimen autoritario.3 Para sostener política y militarmente la misma, se confiaba en la formación de los cuadros orgánicos y de los militantes de los frentes de masas en la moral y la disciplina revolucionarias. Una de las herramientas preferidas, no la única, por cierto, para dicha formación era la proletarización de los cuadros orgánicos y los militantes de superficie, amén de ellos nosotros proponemos que la Resistencia tuvo un soporte significativo en la consistencia que las emociones de apego y el sentido de pertenencia le dieron a los grupos de militantes de los frentes de masas. Antes de pasar a la descripción del caso, la UES Tandil, creemos necesario hacer referencia a los conceptos de Resistencia y Proletarización, y a la relación entre acción política y emociones.

Podría decirse que los diferentes usos del término Resistencia se sitúan en la intersección entre “las diferentes formas de oposición activa y pasiva”, mencionadas por Bobbio, Matteucci y Pasquino (1998), y el concepto de gramsciano de la coalición de los trabajadores y las trabajadoras alrededor de la idea común del salario (1999).4 Ian Kershaw, en su estudio sobre La dictadura nazi, reseña la controversia en la historiografía alemana alrededor de la definición de Resistencia. Kershaw (2013) se interesa por la definición que “brinda la posibilidad de ver escalas de conducta y destaca la verdadera situación de la gente común, en la que la confusión, los dilemas de elección y los incómodos compromisos eran cosa de todos los días” (p. 270). ¿Se podría pensar que la Resistencia a la dictadura cívico militar y eclesiástica de 1976-1983 tuvo, en lugar de un carácter “puro” o una configuración predeterminada, una condición que puede situarse en los grados intermedios de una escala como propone Kershaw y que los historiadores debemos establecer a partir del diálogo entre patrones espaciales-temporales generales y casos específicos?

En una dimensión muy general e inclusiva, podríamos considerar como Resistencia a todas las conductas no consensuales respecto a los principios, objetivos y políticas del autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional” y a las directivas patronales en los lugares de trabajo durante este período y, acto seguido, desagregar ese concepto general en tres grados más acotados y descriptivos, que denominaremos Oposición, Desacuerdo e Indisciplina. La Resistencia de Montoneros se sitúa en el primero de los grados, estuvo compuesta por aquellas acciones de rechazo frontal a las decisiones y prácticas constitutivas de la dictadura cívico militar y eclesiástica, en particular aquellas destinadas a conformar un orden político, social y económico autoritario, jerárquico y capitalista mediante la violación sistemática, extrema e inhumana de los Derechos Humanos.5

Para sostener una actividad que implicaba el riesgo de perder la vida, los cuadros orgánicos y los militantes de superficie de Montoneros debían estar formados en una moral revolucionaria, o en una conciencia revolucionaria como se decía en esa época, que les revelara cuáles eran los principios que justificaban cualquier tipo de sacrificios. Como dijimos antes la forma de adquirir esa moral, además de las lecturas políticas que recomendaba la organización, era la proletarización.6 Esta partía de dos premisas: en primer lugar, la práctica social, adquirida en el lugar que se ocupa en la estructura productiva, determinaba la conciencia del individuo, por lo tanto, para adquirir los valores de la vanguardia revolucionaria, que era la clase obrera, había que vivir su experiencia laboral y habitacional (Carnovale, 2011). En segundo lugar, si el militante pequeño burgués quería transformarse en un “revolucionario profesional” debía, como había propuesto Lenin, romper con todas las “ligaduras materiales” (Barraza, 2021, p. 6). Por lo tanto, esta táctica consistía en introducir a los militantes en las fábricas y talleres, para que se integraran en la sociabilidad que sus compañeros de trabajo desarrollaban en los descansos y después del horario laboral, y participar en las actividades gremiales y políticas, las elecciones de delegados, la conducción en los conflictos laborales, el debate político-ideológico con otras tendencias de la izquierda presentes en las fábricas, la edición de volantes y periódicos del partido, etc.

En el caso de Montoneros, la proletarización no habría tenido un desarrollo teórico importante ni una práctica habitual entre sus cuadros y militantes. Su importancia en la formación política fue transmitida a través del documento del Ateneo Santa Fe, titulado “Hacia una perspectiva revolucionaria” y publicado en la revista Cristianismo y Revolución en abril de 1969.7 En el mismo se afirmaba que el estudiante universitario, si quería convertirse en un militante revolucionario, debía “vivir las condiciones que llevan al proletariado a ser esencialmente revolucionario y no solamente enterarse de cómo era leyendo o discutiendo ideológicamente” (Salcedo, 2022, p. 166). No obstante, en la bibliografía existente no hay otras referencias a un desarrollo teórico más profundo y extenso, ni su difusión entre las bases de la organización ni de sus frentes de masas. Por otra parte, la experiencia más sistemática y, en cierto sentido, exitosa de proletarización fue la que realizaron los militantes de la JP platense encuadrada en Montoneros en la empresa Propulsora Siderúrgica, de la ciudad de Ensenada, entre 1973 y 1976 (Ducid, 2014). En otros casos se practicó para encuadrar militarmente a los obreros de un establecimiento o para penalizar a cuadros orgánicos acusados de indisciplina (Lorenz, 2007; Ramírez y Merbilhaá, 2015). Todo esto nos hace suponer que no era tanto la formación en una moral revolucionaria lo que permitía sostener una militancia riesgosa y sacrificada, sino el poder de emociones como el apego y el sentido de pertenencia al grupo.

Las emociones como factor de unidad y constancia en la acción política

En esta introducción al concepto de las emociones no pretendemos desarrollar una construcción teórico-epistemológica de la dimensión afectiva, sino aproximarnos a algunas ideas que nos sirvan para comprender la unidad y la constancia del grupo que estudiamos. Según James Jasper (2012), las emociones están presentes en todas las fases y aspectos de la protesta. Si bien el autor se refiere a los movimientos sociales, creemos que es posible tomar sus ideas para aplicarlas a este caso porque la UES formaba parte, en la autopercepción de sus miembros, de un movimiento político y social más amplio que Montoneros, como era el peronismo.

En todo caso “las emociones son importantes porque motivan a los individuos, se generan en la multitud, se expresan retóricamente y dan forma a los objetivos manifiestos y latentes de los movimientos” (Jasper, 2012, p. 47). En la tipología básica de sentimientos que propone el autor, basada en su duración y la forma como se sienten, las lealtades u orientaciones afectivas parecen ser los más apropiados para utilizar en el análisis de este grupo. Estas son apegos o, en su cara negativa, aversiones: amor, simpatía, respeto, confianza, admiración, y sus equivalentes negativos. Dice Jasper: “están menos ligadas a evaluaciones de corto plazo respecto a la forma como vivimos y más a valoraciones cognitivas elaboradas en relación a los otros” (Jasper, 2012, p. 48).

Si las emociones y los objetivos de la acción política están entrelazados, como afirma Jasper, las primeras son factores de motivación, unidad y constancia para la acción política. En ese sentido el sentimiento de pertenencia al grupo es una de las emociones / objetivos de la acción política que contribuyen a la estabilidad y crecimiento de los grupos. Constituye una necesidad humana básica que involucra emociones de amor, orgullo y entusiasmo. Y lo que es más importante “las lealtades grupales amplían la lista de metas de un individuo al incluir beneficios para el grupo, más allá de los que recibe ese individuo como miembro” (Jasper, 2012, p. 52).

Para ahondar un poco más en la naturaleza de las lealtades grupales, vale la referencia de Lauren Berlant, citada por Lucas Saporosi (2018), quien sugiere pensar los vínculos sociales como “formas de apego”:

el apego describe más precisamente las dimensiones afectivas de sentirse contenido y en confianza con un objeto cuyas fantasías de florecimiento son proyectadas, como aquellas asociadas a lo que implica tener una buena vida, [conocer] quiénes son las personas de uno/a, qué tipo de política, ética y valores habilitan sentidos placenteros o de satisfacción (Berlant, 2011, citada por Saporosi, 2018, p. 37).

Saporosi, siguiendo al filósofo franco-argelino Jacques Derrida, hace hincapié en el carácter experiencial de los afectos: la amistad “es una forma de acción intersubjetiva orientada cuya condición de posibilidad está signada por un contexto determinado y por la contingencia del encuentro” (Saporosi, 2018, p. 34). En los testimonios de los ex militantes de la UES que recogimos es frecuente e importante la referencia a la amistad que unía al grupo, lo que remite a la consideración de Saporosi sobre el doble carácter de la amistad: pública y enunciativa; podemos saber de ella, en este caso específico, porque la amistad se expresa a través de un discurso, a un tipo de narración mediada por el lenguaje (Saporosi, 2018).

Breve introducción a la UES de Tandil (1973-1975)

No tenemos una fecha confiable sobre la creación de la UES en Tandil, podemos suponer que fue posterior al lanzamiento nacional del frente estudiantil, realizado el 20 de abril de 1973 por Rodolfo Galimberti, líder de la rama juvenil del Justicialismo, y Juan Manuel Abal Medina, secretario general del Movimiento Nacional Peronista.8 Tampoco hay rastros en las fuentes, escritas y orales, sobre su participación a nivel local en la toma de instituciones públicas, apenas asumido Cámpora, que se justificaron como una forma de evitar el “continuismo” con la Revolución Argentina pero sirvieron también para medir el poder entre la Tendencia Revolucionaria y las fracciones de derecha del peronismo.9

Según los testimonios de los militantes sobrevivientes, entre 1974 y 1975 la UES había ganado espacio en los centros de estudiantes de las escuelas secundarias públicas más grandes, la Escuela Nacional de Educación Técnica N°1, en primer lugar, y la Escuela Nacional de Comercio, más tarde. No era de extrañar teniendo en cuenta el proceso general que se dio desde 1973, una vez que el gobierno de Héctor Cámpora había autorizado la creación de “organismos de participación estudiantil”, o sea centros de estudiantes en las escuelas, que en poco tiempo se multiplicaron hasta 300 a nivel nacional y fueron rápidamente controlados por militantes de la UES (Manzano, 2011).

Así uno de los creadores de la UES en el turno noche de la Escuela Nacional de Comercio, recuerda cómo pasaron a gobernar el Centro de Estudiantes y qué hacían desde ese espacio:

Me acuerdo que ese año [comienzos de 1975] lo peleamos contra un gordo que era del MID, en la clase de Marta Viña, la profesora de ERSA, entonces ahí hicimos la elección. Y por supuesto la ganamos, ampliamente la ganamos. Pero bueno, ¿qué hacía la UES en la nocturna? Organizábamos un partido de fútbol, charlas con los compañeros, organizábamos el picnic del 21. Y después los reclamos de la escuela, ¿no? La calefacción, la pintura. Y les digo a los chicos, ahora que los tuve, les digo, si me pongo a buscar, seguramente hay algún escrito nuestro en las paredes porque todavía está sin pintar, el reclamo de los años 70 de la pintura todavía no se cumplió. Peleábamos por condiciones dignas de estudio, si había dos profesores que querían tomar dos pruebas de revisión en el día, bueno, llegaba el centro y le parábamos el salón y hacíamos valer los derechos, que no son diferentes a los de hoy. El boleto estudiantil fue el emblema, la gran pelea de la UES, que se consigue hace poco.10

En agosto de 1974 la UES decidió hacer una revista que denunciara y discutiera los problemas de los estudiantes de las escuelas públicas de Tandil. La denominaron “Inquietud estudiantil por la Escuela Popular”; en la tapa, incluyeron una foto de Perón ya anciano y con el uniforme de general, en conmemoración de su reciente fallecimiento. Excepto por la tapa, que fue realizada en una imprenta, las siete páginas fueron escritas sobre un stencil con una máquina de escribir e impresas en un mimeógrafo, que guardaban en un galponcito de la casa de Alejandro Gagey. No obstante, la “retirada estratégica” de Montoneros y el paso a la clandestinidad, en setiembre de 1974, determinó que el primer número fuera el último. En el Editorial se planteaba el eje temático de la misma:

Como estudiantes argentinos sabemos que el estado actual de la educación media adolece de graves fallas y no responde a nuestras futuras necesidades. […] Es el contenido enciclopedista de las materias el culpable de que una vez culminada la carrera se nos haga extremadamente difícil manejarnos ya sea en industrias o comercios, esgrimiendo los conocimientos que asimilamos en la escuela. […] Vemos que materias tales como Geografía, Historia, Educación Democrática, etc., se desconectan totalmente de la realidad actual, porque nos la exponen como una fábula inoperante incapaz de producir consecuencias latentes que se manifiesten en nuestra realidad política, social y económica. En ella ocupan lugar preponderante vendepatrias como Rivadavia, Mitre, etc.; demostrando la deformación que nos presentan ligada con intereses ajenos a la verdad…11

Con el título “Los Profesores, ¿compañeros o enemigos?” se planteaba que, en la medida que estos se autopercibieran solo como profesionales, la enseñanza era una transmisión vertical de arriba-abajo, sin diálogo entre profesor y alumnos y se anulaba la posibilidad de aprender críticamente los contenidos. Así confiaban que la solución era que los profesores se reconocieran como trabajadores de la educación y se abrieran a la discusión y colaboración con los alumnos, para construir juntos la Educación Popular. En la misma línea, un apartado titulado “Análisis de las luchas docentes” reseñaban la evolución del conflicto de CTERA, al que valoraban como justo, reclamando que cuando el sindicato apelaba a la solidaridad de los padres tuviera en cuenta la opinión de los alumnos, que era el sector más perjudicado por el conflicto. Y convocaba a los estudiantes a participar activamente en apoyo de las luchas docentes, ante “un gobierno que parece haber dejado de ser peronista”. Esta afirmación se repite, en forma de pregunta, en un título que se refiere al acto en conmemoración de la Masacre de Trelew y por el lanzamiento de la JUP en Tandil, realizado el 22 de agosto de 1974. La pregunta alude a la orden de reprimir a los participantes que habrían dado las autoridades del Estado. En ese acontecimiento fueron detenidos tres militantes de la UES aunque, según la revista, “en ningún momento incurrieron en acciones que deterioraran el orden”.12

La Proletarización de la UES Tandil

En enero de 1974, el responsable local de la UES, Ricardo Cuesta, bajó a un grupo de militantes de ese frente la directiva de ingresar a una fábrica como trabajadores mensualizados. Lo hicieron en un establecimiento de la firma Magnasco, la principal fábrica de quesos de la zona, ubicado en el paraje La Pascuala, a 20 kilómetros de la ciudad de Tandil, y se trasladaron a la fábrica principal de la empresa, La Tandilera, en la periferia de la ciudad, en 1975. La experiencia de proletarización finalizó a fines de este año, cuando los miembros de la UES y de los otros frentes recibieron la orden de “levantar” sus organizaciones y trasladarse a nuevos destinos fuera de Tandil, que para esa fecha era considerado un lugar inseguro para la militancia, ya nos referiremos a esta cuestión.13

La elección de Magnasco para la inserción se entiende porque el padre de Walter era encargado de la planta de La Pascuala y el mismo Walter había ingresado como trabajador poco tiempo antes. A estas ventajas iniciales se agregaba que en verano la empresa habilitaba un doble turno de trabajo, procesando miles de litros de leche por día, con el consiguiente aumento de la demanda de mano de obra. Aun así, La Pascuala ocupaba unos 50 trabajadores, una pequeña cantidad en comparación con La Tandilera, donde el plantel era de varios centenares. Este último estaba compuesto por hombres adultos, provenientes en su mayoría de Italia, donde habían vivido la Segunda Guerra y con mucha antigüedad en el empleo, Veremos, más adelante, cómo influyó este perfil laboral en la militancia de los jóvenes recién incorporados.

El grupo inicial de militantes que se proletarizó estaba compuesto por el mismo Cuesta (apodado El Diente), Enrique Ghezan (Quique), Alejandro Gagey (Ñato) y Walter Fernández; a posteriori se sumaron dos o tres más, entre ellos Gustavo Yotti.14 Era un grupo unido por lazos anteriores a la militancia política; la mayoría se conocían del barrio y de la Escuela Nacional Técnica N°1, compartían el gusto por la misma música y se reunían en la casa familiar de uno de ellos a escuchar discos y tocar algunos instrumentos musicales. Uno de ellos lo recuerda así:

Nos encantaba ir a la casa del “Ñato” porque la mamá, que era danesa, cocinaba cosas ricas, entrabas y sentías olor a tortas, café, nosotros caíamos a las cinco de la tarde y tomábamos café con leche, con dulces caseros. En el fondo de la casa había un galponcito (sic) donde estaba el mimeógrafo en que imprimimos la revista de la UES.15

La imagen del mimeógrafo en la casa de Alejandro, elemento indispensable para la difusión de las actividades gremiales de la época, instalado en la misma casa donde poco tiempo antes se reunían a disfrutar de una amistad adolescente, es un símbolo de cómo esas afinidades, en un momento ingenuas, combinada con la experiencia en la Parroquia Santa Ana, funcionaron como un “puente” que facilitó el paso a la militancia gremial y política.16 Una categoría que facilita el análisis de este “paso” es la de las emociones, que adopta el sociólogo norteamericano James Jasper para interpretar las motivaciones y los lazos que unen (o fragmentan) a los movimientos sociales (Jasper, 2012). En esa situación se habrían combinado los objetivos políticos racionales, los que “bajaba” la conducción de Montoneros a sus frentes de masas, con los sentimientos hacia el grupo de amigos. El apego, en que se mezclaban simpatía, respeto, confianza y admiración, los mantuvo unidos mientras transitaban hacia el compromiso político. En este sentido, el sentimiento de pertenencia al grupo debió proveer un compromiso afectivo muy duradero y enriquecerlos como individuos, ya que “las lealtades grupales amplían la lista de metas de un individuo al incluir beneficios para el grupo, más allá de los que recibe ese individuo como miembro” (Jasper, 2012, p. 52).

Por eso no es extraño que fueran contactados por uno de los frentes de masas de la Tendencia, la Juventud Peronista Regional VIII, que sus miembros llamaban JP “Regionales”, por un militante de mayor edad que ellos y, lo que nos importa señalar aquí, era muy amigo del hermano del Diente Cuesta, uno de los integrantes más “carismáticos” según uno de los testimonios y quien a partir de entonces ocuparía el papel de responsable de la UES .17 Los pasos siguientes que los introdujeron en la militancia se pueden reconocer en sus testimonios: participación en campamentos organizados por la JP “Regionales”, que conocían como “retiros espirituales” pero en los que se discutía de política, promoción de los Centros de Estudiantes en las escuelas donde eran alumnos, creación de la UES.

Varios de los miembros del grupo habían vivido los “retiros espirituales” como parte de una experiencia formativa, que los prepararía para iniciarse en la militancia social y política, en un espacio de la Iglesia Católica donde se transmitían valores y prácticas del cristianismo posconciliar. A fines de la década de 1960 y comienzos de la siguiente, en la Parroquia Santa Ana de Tandil, tres sacerdotes españoles, Eloy, Marcos y Vicente, emprendieron la formación moral de jóvenes estudiantes de los niveles secundario y universitario, con una perspectiva renovadora para el canon tradicional que había primado hasta entonces en la ciudad18. Muchos de los futuros militantes de las izquierdas, tanto peronista como marxistas, hicieron esa experiencia y la siguen recordando con nostalgia. Los curas españoles hicieron una “opción por los jóvenes”, a quienes incluían en actividades del culto de las que, hasta entonces, habían estado excluidos. Carlos, que se iniciará en un futuro cercano en la militancia en la JP Regionales, recuerda que el padre Vicente les encomendó dar la homilía en la misa de once un domingo, justo cuando la Parroquia se llenaba de jóvenes:

Nos propone a nosotros dar la homilía, estudiar, dar la homilía y aterrizarla al momento que se vivía. Yo me acuerdo de haber hablado, de haber citado en una homilía a, ¿cómo se llamaba el boliviano, Coronel o General Torres, que era de izquierda? Bueno, haberlo citado ahí y haber provocado en ese domingo o como consecuencia en ese domingo alguna queja de parte de alguno o algún grupo de oficiales de la Fuerza Aérea que estaba presenciando la misa.19

Alejandro, por su parte, recuerda: “Marcos, el más pensante de los tres curas, organizó un campamento en Mar del Sur con gente de acá, más grande que yo, y me invita si quiero ir, viste yo colgado. Bueno, él tenía todas esas cosas de insertarse con la juventud y todo eso, era el más ideólogo de todos.”20

Carlos es más explícito sobre esos “retiros espirituales”:

Sin dejar de pertenecer al grupo aquel de la parroquia Santa Ana, empezamos a hacer como retiros espirituales, que eran más de adoctrinamiento para la guerra que otra cosa, porque empezaron a aparecer curas colombianos, argentinos, uruguayos, imbuidos de toda esta cosa de renovación de la iglesia que había que hacer, que había que desacralizar el templo, sin perderle el respeto había que desacralizarlo.21

Walter recuerda el momento en que recibieron la orden de proletarizarse: “En el verano del 74, la UES nos dice, está bárbaro hablar de proletariado, pero hay que vivir como el proletariado, así que, muchachos, a laburar.” Nos llama la atención cómo resuena en esa frase, con los cambios que pueden resultar de las mediaciones entre el pasado y el presente en la memoria de Walter, el mandato de la proletarización para quienes quisieran convertirse en legítimos militantes revolucionarios hecho explícito por el Movimiento Ateneísta de Santa Fe en su documento de 1969. También, en el caso de la UES de Tandil, se nota la presencia en el discurso de términos provenientes del marxismo, sin embargo, en el testimonio de los ex militantes no hay evidencias de que recibieran una formación profunda en dicha teoría, sí en cambio es fuerte la experiencia formativa en conceptos del cristianismo posconciliar que vivieron en la Parroquia Santa Ana.

Realizada la incorporación a las fábricas, que se completaba con la afiliación al sindicato de la industria lechera (ATILRA), los militantes aprovechaban la oportunidad que les daban los descansos para juntarse con otros trabajadores y conversar con ellos. Se hablaba de los temas gremiales del momento, de los cuales los estudiantes secundarios no sabían nada, y algo de política. Según sus testimonios no hubo posibilidad de profundizar esos vínculos, aunque cabe aclarar que no nos queda claro qué se proponían construir en ese espacio más allá de la experiencia personal, porque enfrentaban varios desafíos.

El primero era su corta edad, todos ellos eran menores de edad, de hecho, debieron obtener el permiso de sus padres para ingresar a la empresa, y los trabajadores de mayor edad y antigüedad no los tomaban en serio. Así lo recuerda Walter Fernández: “En La Tandilera era difícil porque era una población laboral muy grande, muy vieja, la mayoría italianos, que nos consideraban pendejos y donde vos le arrimabas un poco al tema de la organización armada te sacaban cagando, digamos que no éramos muy aceptados.”22

En el recuerdo de Alejandro Gagey la experiencia en la fábrica tampoco significa algo más que el primer empleo de unos adolescentes que estaban próximos a ingresar al mercado laboral: “Tampoco nos matamos, hay que reconocerlo ahora. Yo trabajé un mes y medio, otros trabajaron dos meses, no sé si algunos trabajaron los tres meses de verano. Fue nuestro primer trabajo, al menos para mi caso, fue mi primer trabajo con aporte.”23

El segundo desafío consistía en la diversidad de obligaciones que imponía la militancia en los frentes de la Tendencia Revolucionaria, una variedad que podían afrontar con la energía y la voluntad de adolescentes pero que dificultaba profundizar vínculos con sus compañeros de trabajo dentro y fuera de la fábrica. En Tandil la UES sumaba, junto a la JUP, el contingente más numeroso de militantes a la Tendencia, y debía apoyar muchas actividades que no eran específicas del frente estudiantil. Por ejemplo, en los suburbios de la ciudad, que consistían en los denominados “operativos de reconstrucción”, es decir trabajo social en los barrios más carenciados, que incluían desde ayuda escolar y recreación hasta pintura de escuelas y hospitales o la construcción de zanjas.24 Esa actividad territorial se caracterizó, como lo indican los siguientes testimonios, por la intención de ganar espacio político en el territorio a partir de esos “operativos” y con la ayuda de “referentes barriales”:

Y en los barrios, donde había un comedor tratábamos de estar, donde había una Unidad Básica tratábamos de meternos. Fueron dos etapas. Antes del 74 era una forma, se organizaba en una placita algo para los chicos, el Día del Niño se organizaba un partido de fútbol. (Testimonio de Walter Fernández, Tandil, 2024)
Un día íbamos a Villa Aguirre, hacer apoyo escolar. No me acuerdo si había una Unidad Básica o qué, pero ahí había una buena inserción, había una familia, Barrena o Barrera, así se llamaba. Bueno, laburaban mucho, y con la JP, el hijo que era medio caudillo. Bueno, un hombre que para nosotros era muy grande, los hijos eran un poco más grandes que nosotros, tenía dos o tres hijos y después había otro más del barrio y había mucho trabajo y desarrollo, que se le llamaba territorial.25

Otra actividad de la UES externa a las escuelas fue su colaboración con los estudiantes universitarios en la campaña por la nacionalización de la Universidad de Tandil y la radicación de su Rectorado en esta ciudad, coyuntura crítica en que se decidió lanzar la JUP a nivel local.26 En 1974 la continuidad de esta institución estaba amenazada por una crisis financiera de casi imposible resolución y por la reciente muerte de su fundador y rector en un accidente de automóvil. Ante la incertidumbre sobre su futuro se planteó la nacionalización de la Universidad, pero esta eventual solución fue empañada por la tensión política que generó la disputa entre Tandil y Olavarría por el lugar de residencia del Rectorado. Olavarría, que contaba con un Instituto Universitario y con el patrocinio del poderoso industrial del cemento Alfredo Fortabat, aspiraba a ser la sede del mismo. El conflicto entre las ciudades movilizó a Tandil; muchas de sus instituciones y organizaciones locales declararon un Día de Protesta al 5 de septiembre, con un paro total de actividades.

En ese contexto la UES publicó un comunicado en los diarios locales “para aclarar al estudiantado lo que está ocurriendo”.27 Tomaba posición en el conflicto al denunciar que Alfredo Fortabat quería radicar la Universidad en Olavarría “para así disponer de elementos técnicos baratos para sus fábricas”.28 E informaba que se había reunido con los centros de estudiantes secundarios de los distintos colegios de la ciudad, para evaluar el problema y “ver las distintas medidas a tomar en defensa de nuestra futura casa de altos estudios por la que tanto ha luchado y lucha el pueblo de Tandil”. Proponía que los estudiantes pidieran a sus centros que se definieran ante el problema y que no concurrieran a clase el Día de Protesta, sino que asistieran a las movilizaciones programadas por “los compañeros secundarios”.29

La movilización a favor de la Universidad de Tandil tuvo un carácter básicamente juvenil, como lo indican las fotografías reproducidas en los diarios locales, y en ese contexto se produjo el lanzamiento de la JUP, en el cual la UES tendría un papel importante como “soporte”. Se planeó un acto de presentación para el 22 de agosto de 1974, con la expectativa de reunir una importante concentración de jóvenes de la ciudad y ciudades vecinas, como Mar del Plata y Azul. Los militantes de la UES pintarían consignas en el frente de los edificios cercanos al Rectorado y distribuirían volantes convocando al acto; pero en los momentos previos al mismo, que finalmente no se concretó, sufrieron la represión policial con tres detenidos “demorados para su identificación”.30 La policía local, con refuerzos de la ciudad de Azul, se esforzó por evitar la concentración de militantes cerca del Rectorado. No obstante, una columna de militantes de la JUP, la UES y la JP, muchos provenientes de las ciudades vecinas, marcharon hacia la Comisaría Primera reclamando la libertad de los detenidos. La columna era encabezada por una pancarta con la inscripción Montoneros, seguida por otra con la foto de Eva Perón y una bandera argentina, y sus integrantes entonaban críticas al gobierno de Isabel. Antes de llegar a la Comisaría fue dispersada por la policía, que disparó gases sobre la columna y disparos de ametralladora al aire.31

Esa no fue la única tarea de “soporte” desempeñada por la UES y en la que sufriría la represión policial. El 22 de agosto de 1975 apoyó las actividades de agitación, conmemorativas de la masacre de Trelew, que realizaron varios frentes de masas consistentes en la distribución de volantes en las puertas de varias fábricas metalúrgicas de Tandil. En esta ocasión seis militantes de la JUP, cuatro mujeres y dos varones, fueron detenidos por la policía en cercanías de una de esas fábricas, las mujeres permanecieron a disposición del Poder Ejecutivo en la Unidad Penitenciaria N°7 de Azul hasta mediados de 1976. Ese mismo día, y como consecuencia de allanar el domicilio de una de esas militantes, la policía detuvo a su hermano, un adolescente que militaba en la UES.32

El tercer desafío se presentó con “la retirada estratégica” de Montoneros de las actividades públicas, el regreso a la lucha armada y el paso a la clandestinidad, a partir del 11 de septiembre de 1974.33 Esto significó un cambio en las prácticas de militancia, con un mayor énfasis en la seguridad personal y grupal. Los locales identificados con la Tendencia fueron cerrados, porque se consideró que no tenían suficiente protección ante un eventual ataque; las reuniones de la UES, que antes incluían a los militantes de todas las escuelas, pasaron a compartimentarse por establecimiento; se abandonaron las reuniones en las casas de familia de los amigos y se aprendió a caminar por la calle atendiendo si eran seguidos o vigilados. El efecto sobre los proletarizados tuvo características ambiguas, por un lado dificultó la discusión política con los compañeros de trabajo durante los descansos, porque ahora no podían identificarse como miembros de la Tendencia, lo que los enfrentaba a la paradoja de aspirar a la representación de obreros que podían denunciarlo a las autoridades. Sin embargo, lo que también aparece en sus testimonios es un aspecto que hoy les resulta cómico: “Y ahí [La Tandilera] éramos clandestino, era una risa, ¿viste?, porque íbamos en colectivo, que nos pasaba a buscar casa por casa y subía Gustavo, Kelo Carecía, Carlos Bruggi y yo, y no nos hablábamos.”34 Por último, resultaría muy difícil desarrollar una experiencia política y gremial en establecimientos de una industria como la láctea sin el apoyo de una agrupación o de militantes montoneros que ya estuvieran insertos en la misma.35 En Tandil no existía una articulación real con una agrupación o delegados gremiales, por los testimonios recogidos sabemos que la presencia de la JTP en las conferencias de prensa y los comunicados de la Tendencia Revolucionaria se limitaba a los miembros de la UES proletarizados.36 No obstante, la actividad más exitosa de los proletarizados parece haber sido incorporar más militantes de la Tendencia Revolucionaria a la empresa, valiéndose del contacto que Walter Fernández tenía dentro de la misma, que era su propio padre. En estos casos el objetivo explícito no era hacer una experiencia que les permitiera adquirir una cierta moral revolucionaria, sino específicamente recibir a militantes que provenían de otros destinos y necesitaban evadir por un tiempo el radar de la vigilancia de la policía. Lo común era que Walter Fernández recibiera el llamado de los responsables de la UES o la JUP,

para ver si podíamos incorporar compañeros que venían de afuera y se tenían que quedar un tiempito en Tandil, entonces los metíamos a laburar en Magnasco. De la mayoría se me han borrado los nombres, porque eran compañeros que venían de afuera y capaz que estaban dos meses y chau, no los veías más, ni sabías quiénes eran.37

De proletarizados a milicianos

La experiencia de proletarización finalizó a fines del año 1975, los miembros de la UES que la habían vivido recibieron la orden de trasladarse a nuevos destinos operativos fuera de Tandil. A partir del año 1975 el Estado amplió y profundizó sus mecanismos represivos.38 La represión estatal y paraestatal, encarnada en la Triple A y otros grupos parapoliciales, avanzó no solo contra los combatientes montoneros sino también sobre los militantes que, aun en 1975, operaban más o menos abiertamente en sus frentes de masas. El aumento vertiginoso de “caídas” entre los combatientes y los milicianos, que aumentó desde el último trimestre de 1975 y tendió a crecer exponencialmente durante los primeros seis meses posteriores al 24 de marzo de 1976, obligó a los responsables de las Columnas regionales de Montoneros a disponer traslados entre destinos operativos, para compensar las pérdidas y eludir la vigilancia, el registro y la persecución policial-militar sobre los militantes más expuestos.39

En el último trimestre de 1975, aproximadamente, la ciudad de Tandil dejó de ser considerada un destino seguro para los militantes montoneros. A fines del año anterior hubo un primer indicio con la detención, el 20 de noviembre, de varios referentes importantes de la JP Regional VIII y de una decena de militantes, en Tandil y Azul, sobre quienes la policía había reunido información desde marzo de 1974.40 Entre los detenidos en Tandil estaban los responsables de la JP “Regionales”, un joven y su pareja, quienes quedaron a disposición del Poder Ejecutivo —estaba en vigencia el Estado de Sitio— y fueron procesados según la ley Anti-Subversiva (N° 20.840), cumpliendo una condena de varios años en prisión. El 22 de agosto de 1975 hubo nuevas detenciones, esta vez de cuatro militantes de la JUP, dos mujeres y dos varones, un episodio que ya mencionamos antes.

Los militantes “quemados”, es decir los que eran muy conocidos por las fuerzas de seguridad, dejaron de venir a Tandil donde habían encontrado un refugio temporal y, en cambio, los que ya estaban aquí se retiraron hacia otros destinos; al menos dos de ellos fueron detenidos por la policía, uno en las oficinas de Metalúrgica Tandil, donde estaba empleado, y el otro en un hotel donde se alojaba. El recurso del traslado se empleará a partir de entonces para los militantes locales. La salida fue progresiva comenzando en los primeros días de 1975 y acelerándose en el último trimestre del año. Como criterio general, el traslado hacia otros destinos operativos era una decisión individual, la organización no la impuso ni cuestionó a quien decidía permanecer en la ciudad, abandonar la militancia o buscar otro refugio, que no fuera el indicado por sus referentes.41 El grupo original de amigos, que habían comenzado su militancia en las escuelas, prácticamente se desintegró, solo mantuvieron un contacto esporádico o a través de la correspondencia; algo semejante ocurrió con los grupos constituidos antes de la militancia, que citamos en un apartado anterior.42

¿Qué pasó con los militantes de la UES que se habían proletarizado? Ricardo Cuesta, el referente de la UES en Tandil, fue destinado a Bahía Blanca a principios del año 1975 como responsable universitario de Montoneros en la Universidad Nacional del Sur. El 5 de febrero de 1977 concurrió a una cita en un departamento donde habitaban dos militantes de la organización, sin saber que estaba bajo vigilancia de la policía desde hacía varios días y esa mañana había sido ocupado por efectivos militares del Comando del Quinto Cuerpo de Ejército. Los habitantes de la vivienda habían sido secuestrados los días anteriores y trasladados al CCD denominado “La Escuelita”. Según las fuentes disponibles Ricardo Cuesta, que en ese momento tenía 20 años, se resistió a la detención con su arma, fue herido e intentó huir pero “cayó” bajo los disparos de los militares (Giannotti, 2021). Alejandro Gagey, muy amigo de Cuesta, compartió un café con él en el centro de Tandil pocos días antes de su muerte. Esta lo afectó de tal manera que, después de un tiempo de semiclandestinidad y de no incorporarse al régimen de traslados, decidió irse de la ciudad por un tiempo y radicarse en el campo que su familia tenía en el sur del país.43

Gustavo Yotti, uno de los militantes más jóvenes de la UES, se trasladó a Bahía Blanca a comienzos del año 1975, tenía 15 años. En su nuevo destino, además de seguir militando en la UES, cursó estudios en el nivel secundario y tuvo trabajos ocasionales; allí conoció a su compañera, María Elena Romero, a quien reclutó para la organización, siendo encuadrada en la JUP. Personal del ejército vestido de civil los secuestró de la pensión donde vivían el 6 de febrero de 1977, un día después de la caída de Ricardo Cuesta, y los retuvo en el CCD “La Escuelita”. Yotti fue cruelmente torturado durante los seis días que permanecieron ahí; el 12 de febrero él y su compañera fueron anestesiados y trasladados al lugar donde serían fusilados, para simular que habían sido abatidos en un enfrentamiento con el ejército (Giannotti, 2021) Sus familiares recuperaron el cuerpo y años después, luego de cremar sus restos, lo depositaron en la Granja Los Pibes, un emprendimiento de su compañero de la UES Walter Fernández, que se ocupa de la conservación ambiental y el desarrollo social de niños y niñas en situaciones de vulnerabilidad. En una entrevista del año 2022 Fernández declaraba:

La hermana me dijo, “Gustavo no podía estar en ningún lugar donde se le rinda tributo a la muerte. Gustavo tendría que estar en un lugar donde se le rinde culto a la vida. Y en la granja vos trabajás con los pibes y si Gustavo estaría vivo estaría ahí con ustedes”, y nos trajeron las cenizas. Fue muy duro. Cuando nos íbamos, él para Bahía y yo para La Plata nos despedimos con un fuerte abrazo. Íbamos a cambiar el mundo, al menos el país. Nos despedimos con un abrazo y me lo trajeron en una cajita. Bueno, pero para esto también quedamos vivos (Di Pino, 2022, p. 1).

Walter Fernández, Mabel Vaccaroni, su pareja, y Carlos El Gordo Saglul, todos militantes de la UES se fueron de Tandil a fines del año 1975. Las directivas sobre su nuevo destino, el lugar, el día y la hora en que se encontrarían con su contacto, se las dio el referente de la JUP en Tandil. Fueron destinados a La Plata, donde se encontraron con un modo de militancia diferente al que conocían: no podían tener los documentos encima, usaban “nombres de guerra”, costumbre de las organizaciones político-militar infrecuente en Tandil donde todos se conocían, integraban una célula clandestina y tenían un contacto.44 Habitaron en un ranchito en Ensenada, frente a la petroquímica de General Mosconi y a una villa de emergencia, lo que tenía reminiscencia de la tesis del “revolucionario profesional” de Lenin.45 A partir de entonces pasaron a ser milicianos, desempeñando tareas de las que Walter Fernández no dio detalles durante la entrevista, y vivieron en la clandestinidad.46 Poco después del golpe de Estado, la seguridad de la célula empeoró drásticamente:

Después del golpe, una semana no más, nosotros ya habíamos notado algo raro en la villa. Estábamos en la línea de afuera de la villa y en la esquina ahí había una venta de gas y desde ahí nos vigilaban, los bolivianos nos decían “muchachos tengan cuidado, hay un movimiento raro en el barrio”, nunca hablamos con ellos pero ya sabían quiénes éramos, “tengan cuidado”. A la semana, no mucho más, fuimos a una cita y el “Pícaro”, que era nuestro contacto, no estaba, fuimos a la segunda y tampoco, chau, fuimos al rancho, levantamos todo, enterramos todo lo que teníamos y nos fuimos.47

A partir de entonces debieron valerse por ellos mismos, abandonados por la organización; cuatro meses después de deambular por La Plata y Capital Federal (hoy CABA) consiguieron regresar a Tandil y ocultarse en un campo de la familia, situado a medio camino entre la ciudad y Mar del Plata. Mabel Vaccaroni, que en los últimos meses como clandestinos estaba embarazada, parió una niña en febrero del año 1977. Confiado en que las fuerzas de seguridad ya no lo buscaban, Walter Fernández decidió regresar a Tandil y hacer una vida normal, mostrándose en algunas actividades sociales. En marzo de ese año consiguió trabajo en una fábrica de planchones, pero el 1° de abril lo detuvo la policía. Pasó casi un año detenido, de manera ilegal en dos CCD de Tandil —“La Quinta de los Méndez” y “La Huerta”, donde sufrió crueles torturas e interrogatorios— y a disposición del Poder Ejecutivo en la Unidad Penitenciaria N° 7 de Azul. Pocos meses después de su liberación, en 1978, participó en los preparativos de la fallida Contra Ofensiva de Montoneros contra la última dictadura argentina. Mabel Vaccaroni no fue detenida, pero debió someterse a periódicos interrogatorios en el Comando de la Primera Brigada Blindada cito en Tandil, e hizo todo lo posible para conseguir la libertad de su compañero. Carlos Saglul también sufrió la detención por los mismos CCD y el penal que Walter Fernández, hasta que fue liberado y debió someterse a un régimen de “libertad vigilada” similar al de Mabel Vaccaroni.

Conclusión

Llegados a este punto queremos identificar qué tuvo de común y qué de singular la experiencia que estudiamos con las que han citado o investigado otros autores. Al igual que los militantes de las organizaciones de la izquierda marxista, los jóvenes de la UES se incorporaron al trabajo en las fábricas lácteas, cumplieron con las tareas que la empresa esperaba de ellos y trataron de integrarse en la sociabilidad que sus compañeros de trabajo desarrollaban en los descansos. Lo mismo puede verse respecto a las experiencias citadas por los autores que citamos antes. En todos los casos, las organizaciones, incluido Montoneros, partían de la premisa que la práctica social, adquirida en el lugar que se ocupa en la estructura productiva, determina la conciencia del individuo, por lo tanto alguien proveniente de la pequeña burguesía solo podría desarrollar una “moral revolucionaria” adquiriendo los valores de la “verdadera clase revolucionaria”, la clase obrera, en el lugar que ocupaba la misma en la estructura productiva.

Asimismo, el caso local tiene en común con los estudiados por Ducid (2014), Lorenz (2007) y Ramírez y Merbilhaá (2015), que la integración en las fábricas debió sobrellevar muchas dificultades y tensiones; aquí consistieron en el menosprecio que recibieron los militantes por ser adolescentes de parte de los trabajadores, la dispersión de esfuerzos por el amplio abanico de tareas de militancia que debía cumplir la UES, las tensiones que generó el paso a la clandestinidad y, finalmente, el abandono de las fábricas cuando se ordenó el traslado a otros destinos operativos.

A partir de aquí podemos identificar diferencias entre los casos. Por un lado, los militantes de las izquierdas marxistas debían participar, no quiere decir esto que siempre lo pudieran hacer, y en lo posible orientar los conflictos laborales, como activistas o delegados de fábrica, debatir con otras tendencias de la izquierda presentes en las fábricas, editar y distribuir volantes y periódicos del partido, vivir en los barrios populares y reclutar a los obreros más esclarecidos ideológicamente para integrarlos a los partidos. La experiencia de proletarización de los militantes de Montoneros que se integraron en la empresa Propulsora Siderúrgica, de la ciudad de Ensenada, entre 1973 y 1976, y tuvieron una importante participación en la organización gremial de la fábrica y en los conflictos laborales de la época, tuvo muchas semejanzas con la de los activistas de la izquierda marxista.

En el caso de Tandil la directiva que recibieron los militantes de la UES se parece mucho a la premisa que el Movimiento Ateneísta de Santa Fe había plasmado en su documento de 1969: “vivir las condiciones que llevan al proletariado a ser esencialmente revolucionario y no solamente enterarse de cómo es leyendo o discutiendo ideológicamente” (Salcedo, 2022, p. 166). Sin embargo, en los testimonios que recogimos, la agenda de los jóvenes montoneros, además de la integración laboral, se limitaba a discutir de política con los trabajadores. No incluía la tarea de encuadrar a los trabajadores ni a los sindicatos en la estructura militar de Montoneros, como ocurrió en los Astilleros Astarsa que estudió Federico Lorenz. Tampoco hay indicios de que, en Tandil, la proletarización se usara como un mecanismo de disciplinamiento de los militantes que cometían errores en sus actividades o transgresiones al código disciplinario, como encontramos en las biografías de las víctimas del Batallón de Infantería de Marina 3, recopiladas por Ramírez y Merbilhaá (2015). Tampoco hay referencia, ni en este ni en otros casos, a que Montoneros ordenara a sus militantes habitar en barrios obreros como parte del proceso de proletarización, siguiendo la tesis leninista del “revolucionario profesional”, que vinculaba la ruptura con el medio pequeño burgués al abandono de todas las ligaduras materiales.

¿Qué significa hoy la experiencia de proletarización para los sobrevivientes? Los testimonios que recogimos nos permiten apreciar que valoran menos la integración como trabajadores en las fábricas lácteas, que la experiencia de su militancia en las escuelas, en los “operativos de reconstrucción” y como “soporte” de los otros frentes de masas de Montoneros. Como vimos antes, los trabajadores de mayor edad y antigüedad de la fábrica láctea donde se insertaron no los tomaban en serio ni los aceptaban como compañeros debido a su edad. Si hubo preocupación por las noticias que llegaron a la fábrica de desapariciones, bajas y asesinatos de algunos de los jóvenes de la UES después del golpe de Estado, fue solo por la suerte de uno de ellos, Walter Fernández, quien tenía a través de su padre un vínculo más estrecho con los trabajadores. En su testimonio podemos reconocer cierto resentimiento por esa actitud:

Sé que había gente de Magnasco que estaba preocupada, dentro de su manera de ver las cosas, de gente grande, la mayoría venidos de Italia, que habían estado en la guerra, pero después que nos fuimos lo llamaban a mi viejo y le preguntaban “¿cómo está Walter?” y con el tiempo supe que muchos creyeron que yo estaba muerto, que estaba entre los desaparecidos. Cuando estábamos ahí no nos daban bola, como que éramos unos pendejos, pero cuando pasó lo que pasó y después se enteraron que fulanito no volvió, que el otro no estaba, se preocupaban, sobre todo por la relación con mi viejo, toda mi familia trabajó en Magnasco.48

En cambio, valora positivamente, como un logro de esa experiencia, haber contribuido al ingreso en la fábrica de militantes “quemados”, es decir expuestos a la vigilancia y la persecución de las fuerzas de seguridad, lo que les permitía un tiempo de tranquilidad antes de volver a un destino operativo. En el recuerdo de Alejandro Gagey, por otro lado, la experiencia en la fábrica significó una aproximación al mercado laboral, aunque no implicó un gran esfuerzo físico ni dejó una huella en su conciencia política.

A diferencia del recuerdo algo marginal que les dejó la proletarización, que trajimos a su memoria a fuerza de insistir en el tema durante la entrevista, están más presentes las actividades gremiales y políticas que desarrollaron en la escuela, en las calles de la ciudad y en destinos operativos en otras ciudades. La creación de los Centros de Estudiantes y la impresión de la revista de la UES, “Inquietud Estudiantil por la Escuela Popular”, la participación en los “operativos de reconstrucción”, el apoyo a los otros frentes de masas de la Tendencia en el lanzamiento de la JUP y en las tareas de agitación, como las volanteadas conmemorativas de la Masacre de Trelew, el paso a la clandestinidad, el traslado a La Plata y la muerte de sus compañeros. Ninguno de esos episodios de su vida es recordado negativamente, con decepción o arrepentimiento, sino como parte de un proceso que tiene sentido en sí mismo y no solo por la coyuntura política en que se desarrolló o por lealtad a la organización político-militar en la que participaron. Ese proceso aparece además vinculado a las amistades de la adolescencia y la temprana juventud, con lealtades y afectos que impulsaban la incorporación a una iniciativa gremial o la adhesión incondicional a Montoneros, aun con los peligros que suponían la clandestinidad y la lucha armada.

En ese sentido, nos parece que en este caso la formación de una moral política, que para algunos de esos adolescentes y jóvenes sería revolucionaria y para otros no llegaría a tanto, pero los predispondría a trayectorias posteriores de militancia gremial importantes, no se produjo a través del contacto con la clase trabajadora, como indicaban las premisas de la proletarización, sino en la interacción con sus compañeros de militancia. El sentimiento de pertenencia al grupo proveyó un compromiso afectivo muy duradero, que los mantuvo unidos y los enriqueció como individuos, en la medida que las lealtades grupales amplían los objetivos de un individuo al incluir beneficios para el grupo. Esa moral daría sentido a los sacrificios que implicaba la actuación clandestina como milicianos, en la que varios de ellos perdieron la vida, y les permitiría retomar la militancia aun después de sufrir torturas y detenciones.

Una elevada moral revolucionaria de los militantes sería fundamental para que Montoneros pudiera sostener su Resistencia a la última dictadura argentina. Pero el impacto de las detenciones, los secuestros y los asesinatos, que se registraron en su mayoría durante los seis meses posteriores al golpe de Estado, fue muy duro y difícil de asimilar. En marzo de 1977 se estimaban en 2000 las bajas sufridas durante el último año (Gillespie, 1987), muchas de ellas de oficiales veteranos.49 Si en julio de 1976 la Conducción Nacional de Montoneros evaluaba que el plan contrasubversivo de las FFAA no había alcanzado el objetivo de exterminarlos, ya en septiembre debió aceptar que la represión de los primeros meses había sido eficaz y había conseguido “dispersar las fuerzas propias”.50

La violencia estatal también había fragmentado el grupo de la UES Tandil, que se había mantenido unido por sentimientos de lealtad, empatía y amistad. Amén de ello las tensiones sobre la cohesión del grupo habían comenzado antes del golpe de Estado, provocadas por factores externos como “la retirada estratégica” de 1974, que había incluido el paso a la clandestinidad, los traslados a nuevos destinos operativos y la promoción a milicianos del año 1975. ¿Cómo afectó esta situación a la capacidad de Montoneros para sostener la Resistencia a la última dictadura? ¿Podemos pensar que la ruptura de estos grupos, en los que el sentimiento de pertenencia, además de mantenerlos unidos, los había enriquecido como militantes individuales, debilitó la capacidad de construcción política de Montoneros, a través de sus frentes de masas, en los barrios populares, la universidad y el mundo del trabajo? Sin negar la incidencia sobre la moral revolucionaria del creciente número de “bajas” durante los seis meses posteriores al golpe de Estado, ¿la crisis del sentimiento de lealtad, en grupos que se desintegraban como consecuencia de los traslados, habrá incidido en el aumento del abandono de la militancia, las deserciones y delaciones?

Agradecimientos

Agradezco los comentarios y sugerencias de mis colegas del PIP “Aceptación, distanciamiento y acomodación en la última dictadura cívico-militar argentina (1976-1983)” y las correcciones de estilo del Lic. Alberto Otamendi.

Fuentes documentales

Testimonios orales

Walter Fernández, Tandil, 2024.

Alejandro Gagey, Tandil, 2024.

Carlos Olazábal, Tandil, 2024.

Fuentes escritas inéditas

Juventud Pacifista [Peronista] Tandil. Caja 1227, Carpeta 37, Legajo 271. Archivo DIPPBA, Comisión Provincial por la Memoria, La Plata

Juventud Peronista Azul. Mesa A, carpeta 37, legajo 271. Archivo DIPPBA, Comisión Provincial por la Memoria, La Plata

Caída de elementos subversivos en Bahía Blanca – Destacamento II OPM Montoneros Detención de Carlos Mario Ilacqua y otros”, Legajo 7.343, Mesa “DS”, Carpeta Varios”. Archivo DIPPBA, Comisión Provincial por la Memoria, La Plata

Revista Inquietud Estudiantil por la Escuela Popular. UES

Fuentes escritas editadas

Diario El Eco de Tandil

Nueva Era de Tandil

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Notas

1 El estudio de la Resistencia que protagonizaron las organizaciones políticas y político-militares de las izquierdas a la última dictadura argentina tiene poco lugar en la historiografía; esto se debería, entre otras cosas, a que algunas de esas organizaciones resistieron ya antes del golpe de Estado de 1976, al gobierno constitucional de 1973 a 1976. Es harto conocido que el Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP) se opuso a los gobiernos peronistas de este período y que Montoneros pasó a la Resistencia, a pesar de su proclamada identidad peronista, en septiembre de 1974.
2 En el primer semestre de 1972 Montoneros adoptó la estrategia de formación de frentes de masas, en vista de una inminente transición a la democracia y en respuesta a una directiva de Perón de colaborar en la misma. Los frentes eran las JP Regionales, la JUP, la JTP, el Movimiento Villero Peronista, la UES, la Agrupación Evita y el Movimiento de Inquilinos Peronistas; los miembros de cada uno de ellos integraban, como doble encuadramiento, la JP (Gillespie, 1987).
3 Montoneros justificó su regreso a la Resistencia en la continuidad, durante el gobierno de Isabel Martínez, de la represión, las intervenciones de los sindicatos, la legislación laboral antidemocrática, el Pacto Social, la existencia de presos políticos, los monopolios nacionales y extranjeros y la influencia del ministro de Acción Social, José López Rega (Gillespie, 1987). Para Salcedo la decisión de la retirada estratégica había sido tomada mucho tiempo antes, en vida de Perón, y se adelantó “de la mano de prever como inminente el golpe de Estado” (Salcedo, 2022, p. 308). Cuando el golpe ocurrió finalmente Montoneros lo caracterizó como una “ofensiva generalizada sobre el campo popular”, en la cual los militares tenían el apoyo de “la oligarquía, los monopolios imperialistas y la alta burguesía nacional”, y que se proponía, en particular, “aniquilar a la vanguardia revolucionaria”, doblegar al campo popular e “imponer la voluntad del imperialismo”. Montoneros, “Campaña Nacional de Milicias Compañero Carlos Caride”, 1976, en Baschetti, 2001; Evita Montonera, N° 15, 1977.
4 En el Diccionario de Política de Bobbio, Matteucci y Pasquino (1998), el término “Resistencia” alude a “todos los movimientos o diferentes formas de oposición activa y pasiva que tuvieron lugar en Europa, durante la Segunda Guerra Mundial, contra la ocupación alemana e italiana” (p. 1114). Para Gramsci (1999), la resistencia se origina en la organización obrera alrededor de la idea común del salario, con el propósito de superar la competencia entre los obreros para transformarla en una competencia contra los capitalistas. A partir de entonces se avanza, aunque no necesariamente, en una escala de grados de la correlación de las fuerzas políticas y el grado de homogeneidad, consciencia y organización de los grupos sociales hasta llegar a la hegemonía. En este nivel, la coalición toma un carácter decididamente organizativo político.
5 Con respecto a los otros grados de la Resistencia, digamos que el Desacuerdo comprendería las acciones que implicaban un rechazo solo parcial al régimen, a alguna de sus medidas dirigidas al mundo laboral, pero que no llegaban a la negación de las mismas, lo que incluiría a muchas de las actitudes que sostuvieron los sindicatos no intervenidos sobre la política económica del gobierno. Las posiciones de la Multipartidaria frente al gobierno, que implicaban el llamado de elecciones democráticas, pero sin confrontar con aquél ni apurar la transición de un régimen autoritario a otro democrático, también podrían situarse dentro del rechazo parcial o el Desacuerdo. La Indisciplina, por último, consistiría en un amplio espectro de comportamientos, activos y pasivos, que implicaron desobediencia al principio y a las prácticas, tanto estatales como privadas, dirigidas a disciplinar el campo del trabajo, véase Dicósimo (2015).
6 La proletarización implementada por diversas organizaciones políticas de izquierda ha sido estudiada en el medio académico. Un texto clásico sobre proletarización es el de Robert Linhart, De cadenas y de hombres, México, Siglo XXI, 2009. Para la Argentina son conocidos los trabajos de Gabriela Águila y Cristina Viano sobre el Peronismo de Base (PB), Vera Carnovale sobre el Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP), de Martín Mangiantini sobre el Partido Revolucionario de los Trabajadores - “La verdad” (PRT-LV), de Adrián Celentano sobre Vanguardia Comunista y el Partido Comunista Revolucionario, y de José Barraza sobre Política Obrera Argentina (PO). Para el caso de Montoneros no existen muchas investigaciones, con excepción del texto de Manuel Ducid (2012), y solo referencias en los trabajos de Federico Lorenz (2007), Javier Salcedo (2011) y Ana Julia Ramírez y Margarita Merbilhaá (2015).
7 El Ateneo era una agrupación estudiantil de la Universidad Nacional del Litoral, que surgió en una de las residencias creadas para estudiantes universitarios por la Iglesia Católica en 1955, los Colegios Mayores de Santa Fe. En los años sesenta el Ateneo experimentó un gradual pasaje hacia un nacionalismo revolucionario identificado con el peronismo y una fuerte influencia del cristianismo posconciliar. El golpe de Estado de 1966 impulsó a los estudiantes a militar en barrios y sindicatos, y en el período 1967-1969 se integraron a la lucha armada. En sus documentos públicos de 1967 y 1969, se nota una creciente secularización de su discurso, adoptando conceptos del marxismo, aunque perduran los ecos del cristianismo posconciliar. En 1970, algunos de los militantes del Ateneo y otras agrupaciones locales constituyeron el Grupo Santa Fe, y se fusionaron con los grupos fundadores de Montoneros; algunos de sus miembros serían autores de documentos importantes de la Conducción Nacional (Lanusse, 2007; Salcedo, 2015 y 2022; Vega, 2021)
8 El anuncio hacía formal un proceso de constitución que, en muchos lugares, como Rosario, por ejemplo, ya venía ocurriendo desde las recientes movilizaciones obrero-estudiantiles de Rosario, Córdoba y Tucumán (Di Terlizzi, 2019). A partir de entonces, numerosos jóvenes de clase media, provenientes de familias tradicionalmente anti o no peronistas, se sumaron a la militancia revolucionaria.
9 La UES organizó en la Capital Federal, Rosario y Córdoba la toma de unas 20 escuelas que, en ocasiones, resultaron en la expulsión de los directivos (Manzano, 2011).
10 Testimonio de Walter Fernández, Tandil, 2024.
11 Revista “Inquietud estudiantil por la Escuela Popular”, UES, Tandil, 1974.
12 Ídem
13 Testimonios de Walter Fernández y Alejandro Gagey, Tandil, 2024.
14 Testimonios de Walter Fernández y Alejandro Gagey, Tandil, 2024.
15 Testimonio de Walter Fernández, Tandil, 2024.
16 Otras experiencias de grupos de amigos y familiares preexistentes a su militancia en Montoneros son citadas por varios autores: Federico Lorenz (2007, pp. 44-48), el caso de la Agrupación Alessio del Astillero Astarsa en Tigre; Javier Salcedo (2011, pp. 64 - 83), los militantes montoneros de Moreno, en el Oeste del Gran Buenos Aires; sobre la JP de La Plata y su integración en Montoneros, véase Robles /2011, p.78 y ss.. Respecto a la trayectoria política de la familia Bustos en la UOCRA – JTP de Bahía Blanca, véase Zapata (2014, pp. 96 - 114).
17 Testimonio de Alejandro Gagey, Tandil, 2024.
18 La iniciativa de renovar el modo de abrir la parroquia a una feligresía joven la tomó el padre Eloy Villaverde, que se hizo cargo de la misma en 1967; a los aspectos tradicionales de reclutamiento de jóvenes seminaristas, basados en el deporte, por ejemplo en Santa Ana se hizo un gimnasio, hubo torneos de vóley y babi y papi fútbol, y se creó un pensionado para los jóvenes ingresantes a la Universidad de Tandil provenientes de la zona, se sumará una práctica más inclusiva hacia los jóvenes en el culto y en la formación en temas sociales, con el eje en la “opción por los pobres” del cristianismo posconciliar.
19 Testimonio de Carlos Olazábal, Tandil, 2024.
20 Testimonio de Alejandro Gagey, Tandil, 2024.
21 Testimonio de Carlos Olazábal, Tandil, 2024.
22 Testimonio de Walter Fernández, Tandil, 2024.
23 Testimonio de Alejandro Gagey, Tandil, 2024.
24 Diario El Eco de Tandil, 29/09/1974. “El operativo de reconstrucción” de la UES más importante fue el “Operativo Güemes,” por el cual 500 estudiantes de todo el país se trasladaron a Salta y colaboraron en el zanjeo y limpiado de canales y en la construcción de aulas. Los líderes de la UES –que eran elegidos, como en otros frentes, por la dirección de Montoneros– promovieron que los estudiantes de las escuelas mejor organizadas, como el Colegio Nacional de Buenos Aires, se transfirieran a otras, preferentemente localizadas en barrios más humildes y de orientación técnica (Manzano, 2011)
25 Testimonio de Alejandro Gagey, Tandil, 2024.
26 La Universidad de Tandil existía como institución privada desde 1965, había sido reconocida formalmente por la Revolución Argentina en 1973 y seguía siendo, un año después, un proyecto universitario “privado con espíritu público”. Según Lucía García, en su tesis doctoral, el grupo fundador de la Universidad de Tandil intentaba tomar distancia de los dos sectores tradicionales que componían el universo de la enseñanza privada: el llamado grupo de los “empresarios” y el de los “confesionales”, que formaban parte del Consejo de Rectores de Universidades Privadas (García, 2006, p. 247).
27 Diario El Eco de Tandil, 5/9/1974
28 Diario El Eco de Tandil, 5/9/1974
29 Diario El Eco de Tandil, 5/9/1974.
30 Diario El Eco de Tandil, 23/08/1974; Revista Inquietud Estudiantil por la Escuela Popular, UES Tandil.
31 Testimonios de Walter Fernández y Alejandro Gagey; Diario El Eco de Tandil, 23/08/1974; Revista Inquietud Estudiantil por la Escuela Popular, UES Tandil.
32 Diario El Eco de Tandil, 23/08/1974. Los varones habían sido encargados de la seguridad de los militantes que distribuirían los volantes y estaban armados al momento de su detención.
33 La “retirada estratégica” era una respuesta a la creciente agresividad de la policía y la Triple A contra los militantes montoneros; su propósito era protegerlos, maniobrar ante el enemigo para minimizar sus ataques y preparar la situación para una eventual contraofensiva (Gillespie, 1987). En Tandil la “retirada estratégica” fue anunciada en una conferencia de prensa por la referente de la Agrupación Evita Montonera, el texto fue reproducido por los diarios locales: “las fuerzas populares son el pueblo, no en abstracto sino aquel de los barrios, villas, fábricas, y hacia allí nos retiramos para que sea posible la organización desde las bases mismas. Cerramos nuestros locales para romper la fachada de falsa legalidad ya que estos son puntos de referencia para atentados y represión en general. Este gobierno ha dejado de ser peronista. Los monopolios siguen intactos y el gorilaje complacido. Solo nos queda afrontar la lucha que tantas veces nos inculcó nuestro líder desde su destierro”. Diario El Eco de Tandil, 12/09/1974.
34 Testimonio de Walter Fernández, Tandil, 2024.
35 En un plano más amplio, y desde 1970, Montoneros había desplegado varias formas de articulación sindical, incluso cuando no estaba creada la Juventud de Trabajadores Peronistas (JTP), uno de sus frentes de masas. Una de ellas era articular relaciones políticas con agrupaciones sindicales de trayectoria previa, sobre todo opositoras de las conducciones de sus sindicatos, y que tenían afinidades con el proyecto de la organización. La otra forma de articulación consistió en incorporar el activismo territorial de militantes y delegados gremiales que se habían acercado a los diferentes grupos de la JP; una forma tributaria de esta última fue el fenómeno de las “JP de los gremios”, que surgió a partir de la directiva que todos los jóvenes con trabajo realizaran activismo gremial en el mismo, valorando así la procedencia “natural” y no la “proletarización” de los activistas (Lisandrelo, 2016).
36 En el orden local, hasta donde sabemos, la agrupación opositora más importante era la Lista Celeste de la Unión Obrera Metalúrgica, que en el año 1974 se presentó a las elecciones internas de la Seccional y, aunque fue impugnada por el oficialismo, obtuvo un triunfo simbólico a través del voto en blanco. Entre sus miembros, había militantes y simpatizantes de las izquierdas, pero no nos consta que estuvieran próximos a Montoneros.
37 Testimonio de Walter Fernández, Tandil, 2024.
38 Este es el caso del famoso Decreto 261/75 que, emitido por el gobierno de María Estela Martínez en febrero de ese año, habilitó a las Fuerzas Armadas para participar en la represión contra las organizaciones político-militares. La concreción inmediata fue el Operativo Independencia en Tucumán con la guerrilla rural del ERP, pero después del golpe de Estado de 1976, ese decreto permitiría darle cierta legalidad al Terrorismo de Estado (Salcedo, 2022).
39 Al revisar los expedientes de la DIPPBA, Comisión Provincial de la Memoria, sobre la Juventud Peronista de Tandil y la región pudimos observar que la Policía Bonaerense ya tenía en marzo de 1974 un pormenorizado registro de las actividades y los domicilios de los referentes de los frentes de masas de la Tendencia Revolucionaria en Tandil. Ver DIPPBA. Comisión Provincial por la Memoria, Juventud Pacifista [Peronista] Tandil. Caja 1227, Carpeta 37, Legajo 271; DIPPBA. Comisión Provincial por la Memoria. Juventud Peronista Azul. Mesa A, carpeta 37, legajo 271.
40 Diario El Eco de Tandil, 21/11/1974; ver también los expedientes de la DIPPBA que citados anteriormente.
41 Testimonio de Walter Fernández, Tandil, 2024.
42 Ver Lorenz (2007), Robles (2011) y Zapata (2014).
43 Alejandro Gagey retomaría la militancia gremial como estudiante universitario, durante la transición a la Democracia, y como Secretario General del gremio de telefónicos en Tandil.
44 Testimonio de Walter Fernández, Tandil, 2024.
45 Lenin consideraba que el “revolucionario profesional”, es decir dedicado exclusivamente a preparar la revolución debía romper con su medio pequeño burgués, dejando atrás sus ligaduras materiales como la vivienda, lo que justificará que los militantes de las izquierdas se mudaran a las barriadas obreras y a las villas de emergencia.
46 La figura del miliciano apareció en el momento que crecía el intento de construir un Ejército Montonero, ya en 1974. Se partió de una estructura que combinaba los pelotones de combatientes, especializados en distintas modalidades de lucha armada y sumergidos completamente en la clandestinidad, con las milicias que realizaban alternativamente tareas políticas, desde las agrupaciones estudiantiles y gremiales, y paramilitares, complementariamente a los pelotones de combatientes. Ya en 1975 tenían como tareas presionar a los empresarios durante los conflictos laborales y enfrentar a los enemigos dentro del peronismo, después del golpe de Estado debían participar también en acciones “anti represivas”, en operaciones de sabotaje, en hostigamiento de “alcahuetes, carneros, supervisores, ejecutivos y patrones”. Evita Montonera, año 2, número 13, abril-mayo 1976.
47 Testimonio de Walter Fernández, Tandil, 2024.
48 Testimonio de Walter Fernández, Tandil, 2024.
49 En un texto destinado a la discusión política interna, Rodolfo Walsh hacía un diagnóstico pesimista de la situación militar a comienzos de 1977: las zonas norte y La Plata estaban “cercadas” por el enemigo, que las había aislado de la “columna” de montoneros de Rosario, y las conducciones zonales de Sur y Oeste del Gran Buenos Aires, Capital Federal y estructuras de Prensa e Informaciones del Área Federal habían sufrido duros golpes. “Los papeles de Walsh”, Rodolfo Walsh, agosto 1976 – enero 1977, Baschetti, 2011.
50 Montoneros. “Campaña Nacional de Milicias Compañero Carlos Caride”, en Baschetti, 2001; Boletín “La construcción de la CGT – R”, 30 de septiembre de 1976”, en Baschetti, 2001.


Recepción: 11 diciembre 2025

Aprobación: 25 febrero 2026

Publicación: 01 marzo 2026



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