Sociohistórica, núm. 57, e281, marzo - agosto 2026. ISSN 1852-1606
Universidad Nacional de La Plata
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación
IdIHCS (UNLP-CONICET)
Centro de Investigaciones Socio Históricas

Reseña

Las Madres antes de atarse el pañuelo. Reseña de Nieto, M. (2023). ¿De la casa a la plaza? Memorias, género y militancia: trayectorias de las Madres de Plaza de Mayo de La Plata. Málaga: UMA Editorial, Universidad de Málaga, 212 páginas

Luján Iael Domínguez

Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales (UNLP-CONICET), Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Universidad Nacional de La Plata, Argentina
Cita sugerida: Domínguez, L. I.(2026). Las Madres antes de atarse el pañuelo [Revisión del libro ¿De la casa a la plaza? Memorias, género y militancia: trayectorias de las Madres de Plaza de Mayo de La Plata por M. Nieto]. Sociohistórica, (57), e281. https://doi.org/10.24215/18521606e281

Las Madres antes de atarse el pañuelo. El título del libro recupera el mito fundacional del colectivo de Madres de Plaza de Mayo. Sin embargo, lo pone entre signos de pregunta. En vez de dar por sentado una transición desde el ámbito de lo domestico hacía el público, (“de la casa a la plaza”), como si fueran dos espacios escindidos, la autora se detiene en las trayectorias de un grupo de Madres platenses para indagar qué experiencias antecedieron la desaparición de sus hijos/as y cuáles fueron los marcos de audibilidad para alojar esas experiencias. Esta investigación fue realizada en el marco de la Maestría en Historia y Memoria (FaHCE-UNLP), y resultó ganadora del XXXII Premio Internacional Victoria Kent, de la Universidad de Málaga, que editó este libro.

Según narra Nieto en la introducción, las preguntas analíticas empezaron a tomar forma en un encuentro con Aída Bogo de Sarti, integrante de Madres de Plaza de Mayo línea fundadora y encargada del archivo de la institución. Al narrar su relación con la política, la entrevistada se remontó a mediados de la década de los cuarenta, cuando se afilió al sindicato del gremio del vestido. La autora notó que este relato difería del testimonio público de las Madres, que comenzaba con un hecho traumático, la desaparición forzada de sus hijos. Aída construía una temporalidad distinta, ya que narraba una vida política que se inauguraba en su juventud. Nieto se propuso abordar quiénes fueron esas mujeres antes de convertirse en madres con mayúsculas y de qué manera habían sido narradas sus trayectorias. La autora reconstruye las biografías de un grupo Madres platenses, indagando su tránsito por diferentes escenarios del mundo laboral, familiar y doméstico, e identificando saberes adquiridos que luego pondrían a disposición en su militancia, como la creación de listados, las prácticas de archivo y experiencias políticas anteriores.

En el primer capítulo del libro, la autora dialoga con la bibliografía que analizó el movimiento de derechos humanos en general y las trayectorias de las Madres de Plaza de Mayo (MPM) en particular. Nieto argumenta que diversos trabajos de este campo de estudios señalaron la necesidad de problematizar la narrativa clásica académica sobre las organizaciones que integraron el movimiento. Esta narrativa había obturado el análisis en dos sentidos: dando la impresión de una homogeneidad del movimiento en sus actores y política; y leyéndolo en términos de una “nueva militancia”, que enfatizaba la ruptura de sus prácticas con respecto a militancias anteriores, como la revolucionaria.

Por otro lado, sobre el origen de Madres de Plaza de Mayo, la autora identifica que la idea que tendió a ordenar la narrativa, se sostuvo en el supuesto de que la mayoría eran amas de casa sin experiencia política. De esta forma, la constitución de la organización fue explicada en términos de tránsito. Desde la esfera de lo privado hacia lo público: “de la casa a la plaza”. A través de un enfoque desde los estudios de género, Nieto ensaya nuevas lecturas sobre las prácticas que posibilitaron la gesta del reclamo político de las Madres, durante el régimen castrense. Asimismo, la autora propone repensar las dimensiones de lo político y sus fronteras. De esta manera, a través de la teoría feminista, el binomio público-privado deja de significar una dicotomía. El análisis de la acción impulsada por las MPM es una manera de dar cuenta de la porosidad entre ambas esferas, atendiendo a los desplazamientos que estas identidades femeninas practican cuando tensionan las normativas de género.

El siguiente capítulo es un acercamiento sistemático a las trayectorias de las Madres de Plaza de Mayo platenses. La autora reconstruye la geografía que marcó los itinerarios de las activaciones realizadas por las Madres. La zona del Gran La Plata, le imprimió a la militancia humanitaria una particularidad, al estar ubicada cerca de la capital porteña. Las rondas locales en Plaza San Martín se organizaron, por primera vez, en el vagón del tren que las llevaba todos los jueves a Buenos Aires. Se sostuvieron los miércoles, e iniciaba en Plaza San Martin para continuar por la diagonal 80 hasta la Basílica de San Ponciano. Las rondas platenses contaban con la participación de entre treinta y cincuenta mujeres, que se conocían porque eran vecinas, consuegras, compañeras de trabajo o docentes de los jóvenes secuestrados.

La identificación de las mujeres que habían participado y la posterior reconstrucción de sus biografías, constituyó un trabajo artesanal para la investigadora. En el fondo documental de Adelina Dematti de Alaye, encontró los primeros listados que elaboraron las Madres, con sus nombres y los de sus hijos/as desaparecidos. Sin embargo, la principal fuente utilizada para la investigación fue el Archivo oral de Memoria Abierta. Además, Nieto recurrió a un conjunto de entrevistas realizadas en el marco del proyecto “Abuelas y Madres de Plaza de Mayo. Relatos de futuro”, de la cátedra de Taller de Producción Audiovisual I de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata.

Como mencionamos, en este segundo capítulo, la autora distingue algunos tópicos centrales de las biografías. Si bien remarca la heterogeneidad de sus trayectorias, también identifica una serie de características en común, ya sea en el ámbito profesional, su relación con la religión y experiencias políticas anteriores.

La mayoría pertenecía a familias de la clase trabajadora y a sectores medios. En muchos casos, sus padres y madres habían formado parte de las olas migratorias de principios de siglo XX. Nacieron entre las décadas de 1920 y 1930, se trató de la primera generación de votantes femeninas. En promedio, se casaron entre las décadas de 1940 y 1950 y tuvieron entre dos o tres hijos poco tiempo después. Al menos un tercio de ellas, se habían formado como Maestras Normales Nacionales y ejercieron en distintos niveles, algunas incluso habían estado vinculadas a la gestión educativa estatal. Un grupo de Madres eran abogadas y habían tenido un rol central en la elaboración de los habeas corpus. Algunas habían sido enfermeras, costureras, bibliotecarias, atendían comercios familiares, eran empleadas domésticas e incluso, una de ellas fue cantante lírica. Además, un conjunto de Madres se dedicaron al trabajo doméstico en sus hogares y se definían como amas de casa, aunque también realizaron “trabajos para afuera”, de costura o venta de alimentos.

Otro tópico en el que se detiene la autora es la relación de las Madres con la religiosidad. Una gran parte de ellas provenía de familias de religión católica y habían mantenido vínculos con comunidades parroquiales de la ciudad. Sin embargo, en los testimonios indagados, las Madres señalan que luego de la desaparición de sus hijos, su vínculo con la Iglesia Católica cambió, al advertir la indiferencia y complicidad de la institución. Solo en algunos casos, habían mantenido correspondencia con curas y obispos que se solidarizaron con las denuncias de los organismos de derechos humanos.

El último tema que introduce la autora en el capítulo, es la relación de las Madres con la práctica política. Así, indaga en las historias familiares para identificar adscripciones o identificaciones con ideas, corrientes o partidos. Algunas referencian tradiciones socialistas y anarquistas, recordando trayectorias militantes de su familia sobre principios del siglo XX. Otras mencionan las disputas entre conservadores y radicales y se identifican en el segundo grupo, reconociéndose como antiperonistas. La autora menciona que esta mirada se fue resignificando producto de las militancias de sus hijos e hijas. Por otro lado, algunas Madres se nombran peronistas, asociando su adscripción a la conquista de derechos laborales y señalando hitos de su biografía relacionados a gobiernos peronistas, como la realización de la propia casa o la educación a la que pudieron acceder sus hijos.

De esta forma, luego de realizar un análisis en torno a los tópicos mencionados anteriormente, narrando las trayectorias de manera relacional, la autora profundiza, en clave biográfica, cuatro de ellas: Adelina Dematti de Alaye, María Esther Biscayart de Tello, Nelva Méndez de Falcone y Hebe Pastor de Bonafini.

En primer lugar, la autora narra la historia de Adelina Dematti de Alaye, que fue maestra y mantuvo un archivo que llegó a juntar más de cinco mil fotografías, tomadas por ella a lo largo de su vida. Según indica la autora, Adelina narra su labor de maestra como una elección y proyecto personal, significando la posibilidad de adquirir autonomía. Esta perspectiva, que asocia la docencia a un trabajo, implica un desplazamiento del imaginario de la época en la que ejerció, ya que este rol era entendido como una “segunda maternidad” o una vocación. En el testimonio de Adelina, la política es transversal a la práctica docente. En su rol de directora, realizaba trámites y gestiones con agencias del Estado para garantizar derechos básicos de las comunidades rurales en las que ejercía. Nieto advierte la impronta docente en la organización de materiales y documentos que constituyó su archivo, una práctica de guarda que comenzó mucho antes de la desaparición de su hijo, Carlos Alaye.

En segundo lugar, la autora analiza la trayectoria de la “mamá compañera”, María Esther Biscayart de Tello, que se dedicó a la docencia, trabajó en el Departamento de Extensión Universitaria y militó desde su juventud. El apodo, que la autora usa de título para el apartado, se debe a que María Esther compartió la militancia con sus tres hijos, en la organización Resistencia Libertaria de La Plata. Sin embargo, ella ya contaba con experiencia política anterior: militó en el grupo Voluntad, de ideales anarquistas; en 1959 participó de la conformación de la Federación de Educadores de la Provincia de Buenos Aires, uno de los primeros sindicatos docentes en el país; y hacia 1962, fue redactora del periódico Educación Popular. Más tarde, ella comenzó a participar de las reuniones que sus hijos organizaban en su casa, con un rol que describe como “promovedora de libros”. La autora argumenta que la trayectoria de María Esther, permite pensar el intercambio entre experiencia militantes “viejas” y “nuevas”, y además, la intervención de las mujeres pertenecientes a organizaciones anarquistas a mediados de siglo XX.

En cuanto a Nelva Méndez de Falcone, la autora indaga en su trayectoria de militancia desde “el Partido Peronista Femenino al peronismo revolucionario”. Nieto muestra que las memorias de Nelva se ligan a la militancia peronista, identificándose con el Peronismo Auténtico, y a la docencia. En cuanto a su trabajo en la escuela, lo asocia a un compromiso con las infancias, su cuidado y formación, narrando que siempre hizo “escuela y comunidad”.

Por último, el capítulo narra la biografía de Hebe Pastor de Bonafini, una de las Madres con mayor trascendencia pública por su rol de liderazgo. La autora busca indagar en la historia familiar de Kika Pastor, nombre que utilizó hasta la desaparición de su hijo y que provenía de un apodo que le había puesto su padre. Nieto argumenta que el testimonio de Hebe da cuenta de su experiencia como mujer: del mandato de aprender las habilidades que debía tener un ama de casa en aquella época y las relaciones patriarcales al interior de la familia. Sin embargo, muestra la resistencia a esos mandatos. Nieto advierte que, si bien Hebe utiliza como sinónimos las categorías de mujer, madre y ama de casa, las resignifica al desbordar las expectativas que les subyacen.

En el cuarto capítulo, Nieto se detiene en un análisis de las memorias que estas mujeres construyeron sobre la consolidación de Madres de Plaza de Mayo. La autora distingue tres tipos de narrativas. En primer lugar, las memorias de las amas de casa, donde se identifica una idea de “pasaje” de lo domestico hacia lo público, adjudicando lo político a ciertas formas de acción que se llevan a cabo en la esfera pública y que, en general, son protagonizadas por figuras masculinas. En segundo lugar, las memorias de las docentes que resultan más subterráneas y menos audibles que las anteriores. Allí, más que un pasaje entre “la casa y la plaza”, se evidencian las tensiones que se presentaron en su trabajo cuando comenzaron a movilizarse por la desaparición de sus hijos. Por último, las memorias de las madres militantes, que resultan las más silenciadas, ya que se reivindica tanto la militancia propia como la de sus hijos. En estas memorias, se narra el rol de socialización que cumplieron en el desarrollo de ideas políticas.

En las conclusiones, la autora propone abrir nuevas preguntas sobre las experiencias y motivos de quienes formaron Madres de Plaza de Mayo. Entre ellas, cuestiona la dimensión de clase y se pregunta qué pasó con las memorias obreras de las MPM, atendiendo a las diferencias al interior del grupo.

Esta investigación es un aporte fundamental para ampliar la mirada sobre la conformación y militancia de las Madres de Plaza de Mayo en clave local. Pero también, para el análisis del movimiento por la defensa de los derechos humanos en general, ya que desarrolla una lectura desde la heterogeneidad de las trayectorias de quienes lo formaron. Asimismo, la clave analítica que construye es sensible a la identificación de distintas politicidades en las trayectorias que analiza. Es decir, esta investigación no solo se enmarca en los estudios de género por las protagonistas de la historia que narra, sino más bien, por las preguntas que se hace, buscando cuestionar el orden que separa, de manera tajante, la vida doméstica y la pública, en el análisis de las prácticas y saberes que se ponen en juego en el campo de lo político.

En torno a las memorias que construyeron las Madres sobre su militancia, permite formular preguntas para seguir indagando. Por ejemplo, cuáles fueron las memorias subterráneas que en determinado contexto no encontraron audibilidad. Sobre este punto, se podrían problematizar las lecturas que los colectivos feministas hicieron sobre las trayectorias de las Madres y la centralidad que le dieron a su agencia política durante los primeros años del periodo posdictatorial.



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